Visión del Sagrado Corazón

El origen, así como el objeto de esta devoción, son divinos. Su autor, Jesucristo mismo. Nuestro Señor dio a conocer este divino culto a Santa Margarita María de Alacoque, monja del orden de la Visitación de Santa María en el convento de Paray en Borgoña, ciudad de Francia. Leamos lo que dice acerca de esta preciosa revelación la Santa:

“El día de San Juan Evangelista recibí un favor semejante al que recibió en la última cena este discípulo tan querido de su Maestro Jesucristo.

El divino Corazón de Jesús me fue milagrosamente presentado como sobre un trono enteramente inflamado, por todas partes radioso, más brillante que el sol, y transparente como un cristal. Se veía fácilmente la llaga que recibió sobre la cruz, y alrededor de este divino Corazón se veía también una corona de espinas con una cruz encima.

Mi divino Señor me dio a entender que los instrumentos de su pasión significaban, que el amor inmenso que había tenido por los hombres había sido el origen de todos sus sufrimientos; pero todos estos tormentos le habían sido presentes desde el primer momento de su Encarnación; y que la cruz fue desde aquel instante plantada en su Corazón.

Que en aquel entonces aceptó todos los dolores y humillaciones que su santa humanidad debía sufrir durante el curso de su vida mortal, como también los ultrajes a los cuales le exponía su amor hasta el fin de los siglos en el Santísimo Sacramento.

Me dio a conocer después, que el gran deseo que tenía de ser amado de los hombres le había movido a manifestarles su Corazón, y a darles en estos últimos siglos este testimonio de su amor, proponiéndoles los medios de amarle con solidez, abriéndoles todos los tesoros divinos de amor, de misericordia y de santificación, a fin de enriquecer con ellos a los que quieran amarle y honrarle de veras.

Me añadió además que se alegraría sobre todo de verse honrado bajo la figura de aquel Corazón de carne; que su deseo era verse manifestado al público, con el fin de mover el corazón insensible de los hombres: en el supuesto de que derramaría con abundancia todos los tesoros de su gracia sobre todos los corazones que le honrasen de este modo.

Un día que estaba delante del Santísimo Sacramento durante su Octava, deseando con ansia volver a Jesucristo, mi divino Salvador, amor por amor, me habló en estos términos:

‘La mayor prueba que me puedes dar de tu amor es hacer lo que tantas veces te he pedido. Y al mismo tiempo, descubriéndome su Corazón, añadió: Aquí está este Corazón que tanto amó a los hombres, y que por desgracia no recibe de la mayor parte de ellos más que indiferencia, frialdad y sacrilegios en este Sacramento de amor.

Por lo tanto te pido que el primer viernes después de la Octava del Corpus sea consagrada una fiesta particular para honrar mi Corazón, con el fin de desagraviarle de todos los ultrajes que ha recibido mientras ha estado manifiesto. Y te prometo que mi Corazón se deleitará derramando con abundancia toda las influencias de su divino amor sobre aquellos que aquel día comulgaren y me rindan estos obsequios'”.

Santa Margarita María declara que aquel espíritu de que fue enriquecida la guiaba y llevaba hacia su amado Jesús: 1º, a amarle con todo su corazón; 2º, a obedecer perfectamente a Dios, a ejemplo de su divino Salvador Jesucristo; 3º, a sufrir sin cesar por su amor; 4º, a tener una sed insaciable de comulgar y 5º, a vivir siempre en el ejercicio de la humildad y de la caridad con el prójimo.

Oración de Santa Gertrudis al Sagrado Corazón de Jesús

Yo os saludo, ¡oh Sagrado Corazón de Jesús! fuente de la vida eterna, tesoro de la Divinidad, llama ardiente del divino amor; vos sois la ciudad de mi refugio. ¡Oh mi amable Salvador! Abrasad mi tibio corazón con el ardiente amor que el vuestro arroja de sí, y derramad en el mío las inmensas gracias que nacen del vuestro; y haced en fin que mi corazón se una de tal modo con el vuestro, que vuestra voluntad sea siempre la mía, y la regla que rectifique todos mis deseos y todas mis acciones. Amén.

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