Victoria decisiva gracias a Nuestra Señora

En el año 1683 los turcos, orgullosos de los triunfos que habían alcanzado en el imperio de Alemania, decidieron extender sus conquistas al otro lado del Danubio y del Rhin, y amenazando a toda la cristiandad fueron a sitiar Viena con un ejército de 200.000 hombres.

El espanto era tan generalizado que los habitantes abandonaban sus hogares huyendo por todas partes, y el Emperador Leopoldo I, no pudiendo disponer de suficientes fuerzas para resistir al ejército otómano, se vio obligado a salir precipitadamente de la ciudad en el momento en que el enemigo formalizaba el sitio por el lado opuesto.

La víspera de la Asunción abrieron los turcos la trinchera, y cuando avanzaban con increíble rapidez, para colmo de desgracia, se prendió fuego en la iglesia de los escoceses y penetró en el arsenal; pero por una protección de la Santísima Virgen se contuvo elf uego el tiempo necesario para sacar la pólvora y las municiones.

Este favor de la Madre de Dios reanimó el valor de los sitiados, y aunque el continuo fuego de los sitiadores y las bombas que arrojaban destruían los edificios y llevaban la muerte y la desolación a todas partes, no por eso dejaban los habitantes de asistir a las iglesias para implorar de día y de noche el divinoo socorro, ni los predicadores dejaban de exhortar a los fieles a que pusieran toda su confianza en su poderosa intercesora.

El 31 de agosto los turcos habían avanzado tanto que los sitiados y sitiadores se batían muchas veces en los fosos, con las estacas de las empalizadas. Viena, el baluarte de la cristiandad en ese momento, se hallaba casi convertido en cenizas, cuando el día de de la Natividad de la Santísima Virgen, habiendo los cristianos redoblado sus oraciones y devociones, tuvieron, como por milagro, un aviso cierto de que pronto recibirían un socorro que esperaban y del que ya empezaban a desconfiar.

En efecto, a la mañana siguiente, segundo día de la octava de la Natividad de la Santísima Virgen, se vio toda la montaña de Kalemberg cubierta de tropas aliadas. Era el gran Sobieski, rey de Polonia, a la cabeza de un ejército, poco numeroso en verdad, pero fuerte en el socorro de Dios. Este Rey llegó a la capilla de San Leopoldo con el Príncipe Carlos de Lorena el 12 de septiembre. Allí oyeron una misa que el mismo rey quiso ayudar de rodillas, y con los brazos en cruz, siempre que no tenía que servir al sacerdote. Después comulgó, y poniéndose a sí mismo y a todo su ejército bajo la protección de la Santísima virgen, cuya festividad del dulce nombre se celebra en este día, y después de haber recibido todo su ejército la bendición dada en nombre del santo Padre, se levantó el piadoso Rey y dijo: “Marchemos ahora, bajo la protección de la Madre de Dios”. Cuando el pequeño ejército de los cristianos observó desde lo alto de la montaña las innumerables tropas enemigas, comprendieron que la victoria sólo podía venirles del Cielo, y eso fue lo que sucedió.

Después de un rudo ataque, el Khan de Crimea que allí se encontraba emprendió la fuga, y en ella fue arrastrado a su pesar el Pashá turco a cargo del ataque, Kara Mustafá, que ciego de ira dejó en el campo todos sus bagajes, las municiones, la artillería, que ascendía a 180 piezas, 10.000 muertos y el gran estandarte. Dos meses más tarde sería estrangulado por orden del Sultán, como sucedía a todo los que le fallaban.

Por su parte, el Rey Juan Sobieski entró en Viena con el Emperador Leopoldo, entonó por sí mismo el Te-Deum, y desde entonces hacía siempre llevar con él una imagen de Nuestra Señora de Loreto, hallada milagrosamente, y dos ángeles que sostenían una corona colocada sobre la cabeza la Virgen, teniendo en sus manos un pergamino en el que se leían estas palabras: “Con esta imagen de María seré vencedor”.

La victoria sobre Viena significó la reconquista de Hungría y temporalmente de parte de las tierras balcánicas. Hubo otras luchas después, pero los turcos perdieron su pretendido dominio. De hecho esta decisiva batalla marcó el final histórico de la expansión del Imperio Otomano en Europa.

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