Significado del dulcísimo nombre de María

San Jerónimo interpreta el santo nombre de María diciendo que quiere decir Señora, o Iluminadora, porque tiene dominio como Señora y da luz como estrella rutilante y hermosa. Por tanto, María significa Señora, porque Ella es Señora del Cielo y de la tierra. La Iglesia la ha llamado “Oh gloriosa Señora” y también Reina de los Cielos y Señora de los Ángeles.

El Padre eterno la escogió, el Verbo la admitió por Madre y el Espíritu santo la recibió por Esposa. Es lógico que estando así estrechamente unida al Emperador y Creador de todo lo existente, sea la Virgen Santísima considerada Señora y Reina, Emperatriz del Cielo y la tierra. San Juan Crisóstomo lo expone así: “Es enviado el Ángel San Gabriel, y sale de la casa del Rey a la de la Reina, del palacio del Emperador al de la Emperatriz”.

Es de común acuerdo aceptado que las palabras del Sabio Salomón en el Eclesiastés (c.24) se refieren a Ella cuando dice: “Yo sola cerqué la redondez del cielo, y penetré en lo profundo del abismo, y andube en las olas del mar, y tuve la primacía de la toda la tierra, en todo el pueblo y gente”. De estas palabras se colige el universal dominio de María. Ella rodea a los santos induciéndolos a que intercedan por nosotros en el Cielo, y dicen estas palabras que lo hace sola porque cuando ella calla, todos callan, y cuando ella ora, todos oran. Por ello San Anselmo dice: “Callando vos, Señora, todos callarán, y ninguno orará, ninguno nos ayudará; pero orando vos, todos orarán y todos nos ayudarán”.

Es además Señora del Infierno, y por esto habla de penetrar la profundidad del abismo. Y también lo es del Purgatorio, a lo que se refiere cuando habla de las olas del mar, que son móviles, transitorias en su devenir, recias en su acción pero asimismo breves, a diferencia de la eternidad de los infiernos. Y asimismo es Señora del mundo, lo que queda claro cuando dice que tiene primacía en toda la tierra, con toda su gente. Porque cuando Nuestro Señor murió según la carne, el dominio, imperio y señorío de todo lo que el Hijo edificó fue adjudicado a la Madre, y así quedó Señora de todas las criaturas visibles e invisibles.

Y dice el Cantar de los Cantares: “es única mi paloma, mi inmaculada… Viéronla las doncellas y la aclamaron, y las reinas y concubinas la loaron… ¿Quién es ésta que se levanta como la aurora, hermosa cual la luna, resplandeciente como el sol, terrible como escuadrones ordenados?”. Es la aurora porque tiene dominio sobre los conversos, alcanzándoles la luz de la gracia, y apartándolos de las tinieblas. Trae a todos la luz de la divina Sabiduría y el rocío de la gracia celestial, como una luna. Pero como el sol tiene sominio sobre los bienaventurados, porque quienes gozan del cielo, en la clara visión de Dios, la reocnocen por Reina de la tierra y el Cielo. Y, una vez más lo vemos, tiene señorío también sobre los demonios, sus enemigos, como ejército de soldados bien ordenados para la batalla, porque los espanta y ahuyenta.

Ya dijimos que se interpreta su nombre también como Iluminadora, o Alumbradora, porque Ella es llamada Estrella, cuyo oficio es alumbrar. Se le llama así porque conforme a San Bernardo, San Jerónimo y San Beda el Venerable, María en lengua hebrea se interpreta Stella maris: Estrella del mar, y así lo canta la Iglesia en el Himno común cuando dice: Ave maris stella.

La estrella del mar es la que enseña el camino a los marinos, cuidándolos de los naufragios y peligros de su viaje. Y así es como por María, estrella del mar, todos los peligros y dificultades de este mundo son evitados, y se abren los caminos saludables para realizar nuestro viaje por la vida y llegar al puerto seguro de la salvación.

Por eso dice San Bernardo: “Esta es una estrella resplandeciente y excelente, que neesariamente está levantada sobre este mar grande y espacioso, resplandeciendo en méritos e ilustrando con ejemplos”. Y también: “Siguiendo a la Virgen no hierras el camino, rogándole no desesperas, pensando en Ella aciertas, favoreciéndote Ella no temes, guiándote Ella no eres fatigado, teniéndola propicia llegas al puerto saludable”. Para concluir: “En los peliegros, en las tribulaciones, en las angustias y necesidades, en las cosas dudosas, invoca a María, ten en Ella la consideración, y su nombre no se aparte de tu boca y corazón: y para que alcances el sufragio de su deprecación, no te canses de tenerla por ejemplo”.

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