San Urbano V

Nació en 1310. En el año 1363 fue elegido Papa Urbano V. Era un simple monje benedictino, a quien el Papa Inocencio había enviado al reino de Sicilia para que tratase en ella negocios de importancia. Reconociéndole muy capaz por la experiencia, que se tenía de su prudencia y su virtud, y habiendo sobrevenido la muerte de Inocencio, los Cardenales en el cónclave, no pudiendo convenir en la elección de alguno de los del Consistorio, pensaron en dar los votos a este buen religioso, y así lo eligieron Pontífice.

Él se sobresaltó de gran forma con la noticia de su elección, que le dio el correo despachado por el Cónclave. Luego fue a Aviñón para consagrarse, y quiso tomar
el nombre de Urbano, porque decía que todos los Urbanos habían sido santos, y que él los deseaba imitar en el modo de gobernar la iglesia.

Juan, Rey de Francia, hallándose libre de la prisión en que había estado casi cuatro años, fue luego a visitarle a Aviñón y le siguieron al mismo tiempo los Reyes de Chipre y de Dinamarca, con muchos grandes señores, que dieron la Cruz de mano del Papa y se obligaron a hacer la guerra a los infieles, aunque después no se hizo por las divisiones que hubo entre los franceses y los ingleses, y también porque poco tiempo después el Rey Juan falleció, dejando por sucesor de la Corona a Carlos V, su hijo, al que llamaron el Sabio.

El Emperador Carlos IV viajó también a Aviñón para honrar a Jesucristo en la persona de su Vicario en la tierra. Pero todos los buenos ejemplos de estos príncipes no impidieron que Urbano tuviese grandes aflicciones en su pontificado, ocasionadas por los italianos, que se dejaron llevar por sus intereses, cometiendo muchas violencias y sacrilegios. Esto le obligó a excomulgar a Barnabove, Vizconde de Milán, por sus costumbres violentas y prácticamente bárbaras con
sus vasallos.

Mientras estas cosas ocurrían, el Patriarca de Constantinopla llegó con muchos personajes ilustres, y el Emperador Juan Paleologo vino en persona en el año 1369 para reunir a la Iglesia Griega con la Latina, prometiendo guardar inviolablemente la Fe Romana con la obediencia y la sumisión debida a la Santa Sede. Los griegos reconocieron visiblemente que la opresión de los turcos con tantas desgracias, como les sucedieron en pocos años, eran efectos de la Justicia de Dios, por haber hecho esta separación funesta de la Iglesia Romana, y esta consideración los movió a hacer lo que debían.

Este viaje del Emperador con la abjuración del Cisma que hizo públicamente en Roma no tuvo las consecuencias favorables que se esperaban, porque el Papa y los Príncipes de Europa se hallaban en estado de socorrerle y se vio obligado a componerse con el Sultán Amrathes, con algunas condiciones poco ventajosas.

Apenas hacía tres años que Urbano había entrado en Roma cuando reconociendo que la guerra se encendía cada día más entre Francia e Inglaterra, con gran ruina para la cristiandad, trató de volver a Francia para solicitar algún arreglo. Santa Brígida, Princesa de Suecia, célebre por sus revelaciones, había ido entonces en peregrinación a Roma, y procuró disuadir al Papa, diciéndole que el viaje le costaría la vida. No obstante el gran celo que tenía de procurar la paz de la Cristiandad le hizo tomar la resolución del viaje. Pero se cumplió la profecía de Santa Brígida, porque cayó enfermo, y luego que llegó a Aviñón, y después de haber recibido los Santos Sacramentos de la Iglesia, se hizo llevar en su cama delante del Altar de San pedro, en donde después de haber hecho la protestación de la Fe delante de todos, vestido con sus hábitos religiosos, que jamás había dejado, y teniendo una Cruz en la mano, entregó en paz su alma a Dios el noveno año de su Pontificado.

Bonifacio VIII fue el primero que llevó la Tiara de dos corona. urbano la usó con tres en forma de bonete puntiagudo, y adornada con triplicado círculo de oro, y por la gran santidad de su vida, y profunda humildad, han atribuido esto a misteerio y no a ostentación. Fue colocado en el número de los Santos canonizados, y los Reyes de francis, por honrar los grandes méritos de su persona.

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