San Juan Climaco: La ira y la mansedumbre

El principio de la mortificación de la ira consiste en cerrar la boca, estando el corazón turbado; el medio, en tener también quieto el corazón con muy pequeño sentimiento de las injurias; y el fin, en tener una estable y fija tranquilidad en medio de los encuentros y soplos de los espíritus malos.

Ira es disposición para el odio secreto, la cual procede de la memoria de las injurias, arraigada en el corazón. Ira es deseo de hacer mal a quien nos ofendió. Furia es un arrebatado y movimiento del corazón que dura poco. Amargura de corazón es una desabrida pasión, y movimiento de nuestro ánimo. Furor es una acelerada pasión del ánimo, que descompone y desordena a todo el hombre dentro y fuera de sí.

Así como saliendo el Sol huyen las tinieblas, así comenzando a cundir y extenderse el suavísimo olor de la humildad, se destierra todo el furor y amargura del corazón. Algunos, siendo muy sujetos a esta pasión, son muy negligentes para curarla, y no entienden los miserables aquella amenaza de la Escritura, que dice: En el momento de la ira está la perdición de su caída.

Así como la piedra del molino muele más trigo en un momento que a mano se podría moler en un día, así esta furiosa pasión en un momento puede hacer más daño que otras en mucho espacio. Así vemos también que un fuego soplado en grandes vientos hace mayor daño cuando se suelta en el campo, que otro pequeño, aunque dure más espacio. Por lo cual conviene poner gran recaudo en esta tan desaforada pasión.

Así como una piedra llena de esquinas, si se envuelve y refriega con otras piedras, viene a embotarse y despuntarse, y a perder aquella aspereza y filos que tenía, así también el hombre airado y áspero, si se junta con otros hombres ásperos y vive en compañía de ellos, ha de parar en una de dos cosas: porque con el uso y ejercicio del sufrir, vendrá a amansarse y despuntarse y perder los filos, y aspereza de la ira; o si no, al menos buscando el remedio con huir de las ocasiones de caer, verá como en un espejo más claramente su propia flaqueza, y ganará con esto humildad de corazón…

Si con verdad se dice que el Espíritu Santo es paz del ánima, y la ira es la perturbación de ella, con razón también se dirá que una de las cosas que más cierran la puerta al Espíritu Santo, y más presto le hacen huír después de haber venido, es esta pasión.

Así como la calentura de los cuerpos enfermos, siendo una, no procede de una sola causa, sino de muchas y diversas, así el ardor y movimiento de la ira (y por ventura también el de las otras pasiones) procederá también de muchas causas. y por esto no será razón señalar una sola regla para cosas tan varias. Por lo cual doy por consejo que cada uno ordene la medicina conforme a la disposición y diligencia del enfermo. Y según esto, el primer remedio será que trabaje cada uno por entender la causa de su pasión, y conocida la causa, ponga el cuchillo a la raíz, y busque el remedio así de Dios como de los hombres, esto es, del magisterio de los varones espirituales…

Memoria de las injurias es acrecentamiento del furor, guarda de los pecados, odio de la justicia, destrucción de las virtudes y veneno del alma, gusano que siempre muerte, confusión de la oración, pérdida de la caridad, clavo hincado en el corazón, dolor agudo, amargura voluntaria, pecado perpetuo, maldad que nunca duerme, y malicia que todas las horas se comete. Este oscuro y molestísimo vicio es del orden de los que engendran otros vicios. El que desterró de su alma la ira, desterró también la memoria de las injurias, que procede de ella. Mas si el padre estuviese vivo, nunca dejará de engendrar tales hijos…

Antes del sol sale la luz d ela mañana, y antes de la humildad, precede la mansedumbre, como nos lo declaró la misma Luz (que es el Señor) cuando dijo: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Justo es, pues, y conforme al orden natural, gozar de la luz antes del sol, para que más claramente podamos después ver al mismo sol, pues a él nadie puede ver si no ve primero esta luz.

Mansedumbre es conservar el ánima en un mismo estado, sin alguna perturbación, así en las honras como en las deshonras. Mansedumbre es en las perturbaciones y aflicciones del prójimo hacer oracio´n por él, con suma compasión. Mansedumbre es una roca alta, que está sobre el mar de la ira, en la cual se deshacen todas sus ondas furiosas, sin caer y sin inclinarse más a una parte que a otra. Mansedumbre es firmeza de la paciencia, puerta de la caridad, ministra del perdón, confianza en la oración, argumento de discreción; porque el señor, como dice el Profeta, enseñará a los mansos sus caminos; y es también aposento del Espíritu Santo, según aquello que está escrito: ¿sobre quien reposará mi espíritu, sino sobre el huilde y manso que tiembla de mis palabras? Mansedumbre es ayuda de la obediencia, guía de los hermanos, freno de los furiosos, vínculo de los airados, ministra de gozo, imitación de Cristo, condición de Ángeles, prisión de demonios y escudo contra las amarguras del corazón.

El Señor reposa en los corazones de los mansos; mas el ánima del furioso es aposento del enemigo. Los mansos heredan la tierra, por mejor decir, serán señores de ella; mas los hombres locos y furiosos serán destituidos y desechados de ella. El alma mansa es silla de la simplicidad, más el alma airada es casa y aposento de malicias.

El alma del manso recibirá las palabras de la sabiduría, porque el Seoñr enderezará en el juicio a los mansos, o por mejor decir, en la virtud de la discreción. La causa de esto es porque tal alma, por medio de su quietud y tranquilidad, está muy dispuesta y aparejada para ser enderezada y alumbrada del Espíritu Santo.

“Escala espiritual de San Juan Clímaco”. Tomo VIII.

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