San Casimiro, Príncipe de Polonia

San Casimiro fue el tercer hijo de trece que tuvieron Casimiro III, Rey de Polonia, e Isabel de Austria, hija del Emperador Alberto II, mujer virtuosísima, que murió en el año 1505. Nuestro santo nació el 5 de octubre del 1458, y desde tierna edad fue notablemente piadoso y devoto. Su preceptor fue Juan Duglos, llamado Longino, Canónigo de Cracovia, hombre de extraordinaria piedad y doctrina, que rehusó con la mayor constancia todos los obispados que le fueron propuestos, y otras muchas dignidades de la iglesia, y del estado, que pretendieron obligarle a aceptar.

Vladislao, hijo mayor, fue electo Rey de Bohemia en el año 1471, y en el 1490 fue también Rey de Hungría. Nuestro santo quedaba ya segundo. Juan Alberto, el tercero, sucedió a su padre en el reino de Polonia en el año 1492, y Alejandro, hijo cuarto, fue llamado también a aquella corona en el año 1501. Casimiro y los demás príncipes eran tan aficionados al santo varón, su maestro, que no pudieron apartarse de él, pero Casimiro fue el que más aprovechó sus máximas y su ejemplo. Consagró la juventud a los ejercicios de devoción y penitencia, y concibió un horror increíble a la delicadeza y magnificencia que reina generalmente en las cortes. Sus vestidos eran muy sencillos, y debajo de ellos llevaba un silicio. Su cama era por lo común el duro suelo, y pasaba un parte muy considerable de la noche en oración y meditación, principalmente sobre la pasión de Nuestro Divino Redentor. Salía muchas veces a medianoche a rezar ante las puertas de la iglesia, y esperaba algunas mañanas en ellas a que se abriese el templo, para asistir a los maitines. 

Viviendo siempre meditando en la divina presencia, estaba perpetuamente unido y absorto en su Creador. Mantenía una alegría constante de corazón, y a todos se manifestaba afable y halagüeño. Las mínimas ceremonias de la Iglesia eran objeto de su mayor respeto, y cuando podía dirigirse a la piedad le era sumamente amable. Era particularmente devoto de la Pasión de Nuestro Señor, cuya sola idea despertaba en el abundantes lágrimas, y aún le arrebataba en transportes de tierno amor. No con menor piedad era afecto al Sacrificio del Altar, a que asistía siempre con reverencia y atención tan grandes que parecía estar siempre en un contínuo rapto. En señal de su singular devoción a María, compuso – o al menos rezaba frecuentemente – el largo himno de su nombre, cuya copia, a solicitud suya, fue acompañándole al sepulcro. 

Hizo ver su gran amor a Jesucristo en su atención incansable a las necesidades de los pobres, a cuyo alivio destinaba cuanto tenía, y aún empleaba todo su favor ante su padre y su hermano Vladislao, Rey de Bohemia, para procurarles su socorro. Su compasión le hacía sentir en sí mismo las aflicciones de todos los infelices. 

Los Palatinos y otros muchos nobles de Hungría, poco satisfechos de Mathías Corvino, su rey, hijo de Uníades el Grande, suplicaron al Rey de Polonia les concediese a su hijo Casimiro, para colocarle en aquel trono. El santo, que a la sazón aún no había cumplido quince años, se resistía a prestar su consentimiento, pero obedeciendo únicamente la voluntad de su padre, marchó sobre aquellas fronteras en el año 1471, al frente de un ejército de veinte mil hombres. Pero habiendo oído que Mathías había formado otro de dieciséis mil para defenderse; que estaban ya acomodadas todas las diferencias entre él y sus vasallos; y que el Papa Sixto IV había enviado una embajada para apartar a su padre del intento de semejante expedición, se volvió Casimiro alegremente, después de haber obtenido con gran dificultad el consentimiento de su padre para hacerlo. 

No obstante, como el haber frustrado este proyecto había sido sumamente desagradable para el Rey, por no aumentar su enojo con presentarse delante de él, no quiso ir directamente a Cracovia, sino que se retiró al castillo de Dobzki, tres millas distante de aquella ciudad, donde se dedicó por tres meses a ejercicios santos de penitencia. Habiendo pues considerado la injusticia de la empresa contra el Rey de Hungría, en que únicamente por obedecer a su padre se había empeñado, cuando aún era de corta edad, no quiso tampoco emprenderla después a nueva insistencia de los húngaros, y a repetidas órdenes y amenazas de su padre.

Los doce años que vivió después de este suceso los gastó en santificarse con obras de piedad como había hecho antes. Observó hasta lo último una castidad inmaculada, a pesar de los consejos de los médicos, que le persuadían al matrimonio, imaginando por un falso principio que éste era un medio indispensable para la conservación de su vida.

Exhausto de consunción, previó su último momento, y habiéndose preparado para él doblando los ejercicios y prácticas de piedad, y recibiendo los sacramentos de la Iglesia, consiguió un dichoso fin en Vilna, capital de Lituania, el 4 de marzo de 1483, cuando contaba sólo con veintitrés años. Fue enterrado en la iglesia de San Estanislao, y fueron tantos los milagros obrados por su intercesión, que Swiecicki, Canónico de Vilna, escribió un libro entero de ellos en el año 1604.

Fue canonizado por el Papa León x, cuyo legado en Polonia, Zacarías Ferrier, escribió la vida de este santo. Su cuerpo, y todos los ricos adornos con que fue amortajado, se hallaron enteramente incorruptos, y exhalando un perfume suavísimo 120 años después de su muerte, a pesar de la excesiva humedad de la bóveda en que se hallaba depositado.

San Casimiro es Patrono de Polonia y Lituania. Ha sido propuesto muchas veces a la juventud como modelo muy particular de pureza. Su retrato original se encuentra en su capilla de San Germán Des-Prez en París, edificada por Juan Casimiro, Re de Polonia, último de la familia de Waza, que renunciando a su corona se retiró a París y murió Abad de San Germán en el año 1668.

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