San Beda el Venerable

El Venerable Beda, llamado por los antiguos Bedan, nació en el año 673 en un pueblo que poco después de su nacimiento fue parte de las haciendas del nuevo próximo Monasterio de Jarrow. San Benito Biscop fundó la Abadía de San Pedro en Weremouth, en el año 674, y la de San Pablo en Girburn en el año 680. Había tal armonía entre ambas casas que solían gobernarse por un solo Abad, y llamarse también las dos con el nombre de un Monasterio de san Pedro y San Pablo.

San Benito fue un hombre de doctrina y piedad extraordinarias, y enriqueció estos monasterios con una biblioteca vasta y curiosa de libros que había recogido en Roma y en otros reinos extranjeros. Al cuidado de este varón justo encomendaron a Beda a los diez años de edad, pero después fue removido a Jarrow, donde prosiguió sus estudios bajo la dirección del Abad Ceolfrido, que había sido compañero de San Benito en sus viajes.

Beda aprendió el canto llano, o música de la iglesia de Juan Chantre, antiguamente de San Pedro en el Vaticano, y Abad de San Martín en Roma, a quien el Papa Agathon había enviado a Inglaterra con San Benito Biscop. La lengua griega la aprendió de Teodoro, Arzobispo de Canterbury, y del Abad Adrián, por cuya instrucción este idioma llegó a ser en sus discípulos tan familiar como el nativo. Y además de ellos tuvo nuestro santo varios maestros más de gran erudición.

El poema que compuso sobre San Cuthbert, y otros escritos suyos manifiestan que fue un buen poeta para la época en que vivió. Pero sus comentarios sobre las Sagradas Escrituras y todos sus Sermones hacen ver que se llevaban todo su tiempo y toda su atención la meditación sobre la palabra de Dios, y los escritos de los Santos Padres.

Supliendo su corta edad la gran piedad y sus valiosas cualidades, fue ordenado de Diácono en el año 691, por orden de su Abad, a los diecinueve años, por el Obispo Juan de Beverley. Desde ese momento y hasta los 30 años continuó sus estudios. Entonces fue ordenado Presbítero por el mismo san Juan, que había sido Obispo de aquella Diócesis de Hexham en el año 685, y de York en el 704.

En la versión del Rey Alfredo es llamado Beda el Preste de la Misa, porque acostumbraba a cantar todos los días la Misa Conventual. Él mismo nos dice que el Santo Abad y Fundador San Benito Biscop, así como el resto de sus hermanos monjes, acostumbraba a trillar el trigo, ordeñar a las ovejas y las vacas, y trabajar en el jardín y en la cocina del monasterio. Beda tuvo muchas veces parte en estas tareas, y las cumplió con alegría, humildad y obediencia. Pero su principal empleo fueron siempre sus estudios y sus escritos, junto con la frecuente oración y meditación.

Muchas veces copiaba libros, pero desde que le promovieron al sacerdocio empezó a componerlos, y tuvo una gran escuela en la que enseñó a muchos sabios y virtuosos discípulos, e instruía al mismo tiempo a sus compañeros monjes, que llegaban al número de seiscientos. beda cuenta de sí mismo que se aplicó enteramente a la meditación de las Sagradas Escrituras, y que entre la observancia de la disciplina regular y el cuidado diario de cantar en la iglesia, era su delicia estar empleado o en aprender, o en enseñar, o en escribir.

Dice también que desde que le ordenaron sacerdote hasta la edad de 59 años, en que escribía esto que decimos, había compuesto varios libros para su propio uso y el de otros, sacándoles de la venerable doctrina de los Padres, o añadiendo nuevos comentarios según el sentido e interpretación d eellos. Nos da una lista de cuarenta y cinco obras diferentes que hasta entonces había compuesto, de las que más de treinta otras estan divididas en varios libros, y constan de Comentarios sobre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Después escribió también algunas obras más.

Manejaba Beda todas las ciencias de la literatura, la filosofía natural, los principios filosóficos de Aristóteles, la astronomía, la aritmética, el calendario y la gramática, la historia eclesiástica y las vidas de los santos, aunque sus obras de piedad componen el grueso principal de sus escritos. El Doctor Juan Pitts (De Script. Angl.) asegura que Europa quizá no produjo en tiempo alguno mejor estudiante ni profesor, y que aún viviendo él todavía eran de tal autoridad sus escritos, que un Concilio mandó que se leyesen públicamente en la Iglesia.

Flocardo, monje muy sabio de la iglesia de Canterbury, y Abad de Thorney, dice así hablando de San Beda: “Es cosa que pasma cómo este gran hombre llegó a ser tan eminente en todos los ramos de aquellas ciencias a las que se aplicó; cómo venció todas las dificultades, y llegó a hacer que todos los de su nación formasen ideas y tuviesen nociones tan arregladas, de modo que desde un estado tan rudo y grosero como el de las costumbres de sus mayores pasaron a un exceso de civilización y cultura, con un apego indecible a la literatura, en que o solamente les enseñó Beda mientras vivió los mejores conociientos, sino que les dejó en sus obras una especie de Enciclpedia (o Biblioteca Universal) para la instrucción de la juventud después de su muerte”.

Fuller a su vez escribe de él: “Beda expuso casi toda la Biblia, tradujo al inglés los Salmos y el Nuevo Testamento, y vivió siendo un comentario práctico de aquellas palabras del Apóstol: brillando como un astro en medio de inicuas y perversas generaciones”.

Lo que más admiramos en Beda es la piedad con que siguió y santificó sus estudios, y el uso que hizo de ellos. Vivió estudiando las santas Escrituras, meditando continuamente en los misterios de la fe y las máximas y reglas de la piedad, con que atesoró en su corazón los sentimientos más preciosos de amor divino, de humildad y de todas las virtudes, copiándolas diligentemente en toda su conducta.

Por todo esto fue su vida un modelo de devoción, de obediencia, de humildad, de sencillez, de caridad y de penitencia. Él declinó el cargo y dignidad de Abad que quisieron compelirle a aceptar. El Papa Sergio le invitó a Roma con las expresiones más honoríficas, porque deseaba verlo y consultar con él sobre ciertas materias de la mayor importancia. El santo ocultó este hecho por modestia, y no ha llegado a nuestros días el conocimiento de por qué causa finalmente no fue a Roma. De sus mismas expresiones sólo sabemos que desde niño vivió en su monasterio sin emprender viaje alguno considerable.

Su reputación atraía a muchos de los hombres más grandes de Bretaña a visitarle, y particularmente al piadoso Rey Ceolwulfo. Egberto, hermano del Rey de Northumberland, fue consagrado Obispo de York en el año 734, y había sido discípulo de Beda. A instancias de él fue el santo una vez a York y enseñó algunos meses en esta ciudad, pero al año sigueinte se excusó por no dejar su monasterio. La escuela establecida en York llegó a ser muy famosa, y Alcuino, uno de sus mayores ilustradores, fue también discípulo de Beda.

Nuestro santo murió poco después de haber sido colocado Ecgbrighto en la Silla de York, pero vivió bastante para haberle escrito una carta a aquel Príncipe dándole consejos después de su elevación a aquella dignidad. En ella le recuerda la parte más esencial de su obligación, que es poner en todas partes sacerdotes hábiles y sabios, trabajar infatigablemente en alimentar a su grey, corregir todos los vicios, convertir a todos los pecadores, y cuidar que todos sus diocesanos supiesen bien la oración del Padrenuestro y el Credo, y que estuv iesen bien instruidos en todos los artículos de nuestra santa religión.

Murió pues el Venerable Beda en el año 735, a los 62 años de edad, en la noche del miércoles del 26 de mayo, después de las primeras Vísperas de la Ascensión del Señor. De esta suerte, cantando las divinas alabanzas con los sentimientos más puros de compunción, humildad, celo y amor, pasó desde esta vida a cantar eternamente las mismas alabanzas entre el coro glorioso de los Bienaventurados y en la contemplación beatifica de Dios, a quien tanto amaba y bendecía en la tierra.

Habiendo ensalzado Alcuino la doctrina y virtudes de este Santo Doctor, dice que su santidad fue testificada después de su muerte por la voz misma del Cielo, porque un enfermo se halló de repente libre de una fiebre con sólo tocar sus reliquias. San Lullo, Arzobispo de Mentz, escribió a su discípulo Cuthbert, abad entonces de Weremouth y Jarrow, pidiéndole una copia de las obras de Beda, y le envió un manto para su uso y una cubierta de seda para la urna, o depósito del cuerpo de este gran siervo de Dios. Beda fue enterrado en la iglesia de san Pablo de Jarrow. En el año 1020 fueron llevadas a Durham sus reliquias, y depositadas en un arca de madera en la misma urna de san Cuthbert.

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