Quia nominor leo

Contaba Fedro – fabulista donde los haya – el paseo manso entre amigos: un león, una vaca, una cabra y una oveja. Encontraron en el camino un ciervo y le cazaron dividiéndolo en cuatro presas. Prestos a disfrutar el banquete, el león contuvo a los comensales reclamando sus derechos: la primera es mía, advirtió, porque me llamo león (“quia nominor leo”). Y vean que la segunda también me pertenece porque soy más fuerte que vosotros. Y la tercera la reclamo porque he trabajado más que todos ustedes. ¡Ah! Y atentos a que si alguno me disputase la cuarta tendrá que habérselas conmigo. Así, el león se comió todo el ciervo. Fedro concluye con la siguiente moraleja: “no conviene asociarse con los poderosos, porque se quedan el provecho y sólo dejan el trabajo a los débiles.” Desde esos días sentenciamos “quia nominor leo” cada vez que los poderosos se salen con la suya, imponiendo sus deseos, simplemente porque son los más fuertes.

Desde aquellos días hasta hoy son muchos los leones que imponen sus designios por el simple hecho de llamarse leones. Ocurre cada vez que a la hora de debatir, por el simple uso del poder, determinan el resultado de la discusión. O bien imponen los términos que deciden el curso de los acontecimientos.

Por estos días se debate sobre la llamada “guerra cultural”. No se trata de la agresión lanzada en el pasado por la izquierda variopinta contra la civilización al modo de Mao, los hippies, Camboya o de mayo del 68.

Se trata – alertan por prensa, redes sociales, cátedras y púlpitos – de la agresiva posición de quienes no aceptaron ni aceptarán jamás renunciar a las divinas enseñanzas de Nuestro Señor Jesucristo cristalizadas en el magisterio tradicional de la Iglesia. En el paroxismo de su beligerancia, contrastan la fe que dio a luz a la cultura cristiana que fue semillero de santos y a toda una civilización. Oponen a lo que llaman “progresos modernos” una cultura que depuró los errores y abusos del paganismo para moldear a los pueblos y los hombres en la ley evangélica del Bien, la Verdad y lo Bello. La guerra cultural que denuncian tiene la osadía de proponer que fue gracias a la Iglesia y al cristianismo que se abandonó la esclavitud, se rescató a la mujer elevándola hasta hacer de una – la Santísima Virgen – la criatura con más templos en el planeta, que se depusieron los sacrificios humanos, infanticidio, el abandono de los ancianos, el divorcio y el aborto, que trajo paz a los hombres y prosperidad a las naciones.

Lo decimos con sarcasmo, sin duda, porque parece increíble que quienes están llamados y obligados a defender la pureza de la fe sean los primeros en lanzar ataques a los defensores, aliándose con los enemigos, que son los “malos de siempre”. Basta al lector contrastar los frutos de ambas culturas para comprender la aberración que supone tal actitud. Y en el mundo seglar, son quienes por la fuerza de sus funciones y el deber de sus estados, deberían defender la cultura que les protege. Bajo el paganismo, Islam o el socialismo gobernante no gozarían de tales libertades ni medios.

Destacamos, con todo, el aspecto novedoso de la guerra que se libra: la cultura. Fallando los argumentos legales que hasta el presente solían formar el corazón del asunto, esto es, la violación flagrante de la legislación canónica y civil por parte de los modernistas y tiranos de turno. Es en la cultura donde se vive el drama y se encuentran las fuerzas vivas. Es en ese plasmar práctico y estético de la fe, en la metafísica y lo sobrenatural, todo aquello que vive y respira en los pueblos, particularmente entre los sectores menos contaminados por el progresismo, donde se despierta la reacción más auténtica y, por consecuencia, la menos dispuesta a ceder para no perder. Es en esta reacción tan saludable donde reside la esperanza del mundo y de la fe. Es entre ellos donde no se pierde el misterio de la fe ni se concederá al mal espacio ni tregua.

Se vuelve a hablar ya no solo del esplendor y lo sacral de la santa misa, la de siempre, sino que se avanza muchos grados más al rescatar el sentido de la misma y de cada una de sus partes. Se vuelve a hablar de la vida sobrenatural, de la muerte, juicio, infierno, purgatorio y cielo, de los santos ángeles, de la sobrenatural excelsitud de María Santísima, de los esplendores defeccionados de la sagrada jerarquía, de la maldad de las herejías y del sentir del pueblo que en su corazón aún corrupto por pecados, no acepta el divorcio, el aborto o el control de la natalidad, ni los atentados contra los derechos de propiedad, de libertad de vivir y practicar su fe o las persecuciones impunes contra sus hermanos en el mundo entero.

Ante todo esto, los nuevos leones responden rugiendo que se llaman leones. Imponen e impondrán por la fuerza, ya sin señalar populistas medidas de consultas de opinión sino saliendo del hocico leonino sus dictámenes y medidas o bien confabulando con otros leones para imponer sus términos y condiciones.

Unos guerrearán por Dios, en una santa cruzada que rescata todo lo bueno y lo mejor que se dio a luz en el pasado y que promete salidas sobrenaturales a la crisis inaudita e insalvable del presente. Otros rugirán recordando que se llaman león.

Tagged with:     , , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: