Preguntas y respuestas acerca de Ascensión

Esta festividad, a la que llaman los santos doctores ‘fiesta de las fiestas’, y ‘solemnidad de todas las solemnidades’, es la más gloriosa para Nuestro Señor y para los hombres. Para Él porque fue el término de Su jornada en el mundo. En todas las otras solemnidades estuvo ausente (en cuanto al cuerpo) de su Eterno Padre. Sólo en esta Su cuerpo fue a gozar de Su presencia en la altura de la gloria. Y para los hombres porque alcanzó la naturaleza humana la honra más sublime de verse sentada en el trono de Dios, a la diestra de Dios Padre, sobre todos los coros de los Ángeles. Jesucristo abrió así las puertas de la ciudad celestial, figuradas en la cruz.

¿Quién instituyó esta festividad? San Agustín dice que fueron los Apóstoles, junto con los aniversarios de la Pasión, la Resurrección, y Adviento (Epist. 44 y 118, cap. 1). Y San Bernardo llama a esta fiesta la consumación y el cumplimiento de todas las solemnidades, el feliz término de todo el itinerario del Hijo de Dios.

¿Por qué se apaga el cirio pascual, dicho el Evangelio, en este día? Porque simboliza la separación de Cristo de Sus Apóstoles. Al estar encendido desde la Resurrección hasta este día en la misa cantada, horas y vísperas lo determinó la Sagrada Congregación de Ritos en el año 1607. Lo mismo se encuentra en los anales de la Observancia de los Menores en el año 1263.

¿Cómo fue la Ascensión del Señor? Ya lo dice el Texto Sagrado: “Levantando sus manos les bendijo, y mientras los bendecía se alejaba de ellos y era llevado al Cielo” (Luc. 24:50). Se aparecieron dos Ángeles a los Apóstoles, diciéndoles que Cristo Nuestro Señor vendría en el día del juicio con el mismo cuerpo y Majestad a juzgar a todo el género humano.

Pasados los cuarenta días de Su Resurrección gloriosa, habiendo manifestado a los hombres Su poder y grandeza, y mandando a Sus discípulos que no se apartasen de Jerusalén hasta que viniera sobre ellos el Espíritu Santo, prometido por el Eterno Padre, constituyó a San Pedro cabeza de la Iglesia, ordenó ordenó a Sus Apóstoles por Obispos, recomendó por segunda vez a San Pedro el gobierno de la Iglesia, confortó a los Apóstoles, consoló a los discípulos, y los llenó de glorias y amor.

Con Su Santísima Madre fueron los coloquios más divinos, y las ternuras más íntimas. Le dio dulcemente los brazos, todos le besaron los pies, y dándoles el Señor Su bendición a los Apóstoles, discípulos y a las mujeres que Le siguieron desde Galilea, a Nicodemo, Gamaliel, José de Arimatea y a otros muchos que fueron testigos, como les había prometido, y estaban ocultos por miedo a los judíos. Siendo el mediodía se elevó de la tierra, dejando en una piedra la señal de sus plantas santísimas estampadas, como dice San Jerónimo, habiéndolas visto; y comenzó a elevarse.

¿Por qué se llama aquel monte, el Monte de los Olivos? Por las muchas olivas que habían allí. Está distante de Jerusalén un kilómetro y medio hacia el oriente. Este monte fue santificado por Dios con Su presencia en muchas ocasiones, y predicando a Sus discípulos, ya retirándose en él para rezar, ya anunciándoles la destrucción de Jerusalén. En él derramó sudores de sangre. De él hizo escala para la gloria. Es el monte de las tres luces, porque de noche tenía la luz del fuego que ardía en el altar del templo, de día la luz del sol, y era abundantísimo en aceite, que es el fomento de la luz.

Es el monte más elevado de cuantos rodean a Jerusalén, porque desde su cima se domina toda la ciudad. En su cumbre se edificó una iglesia redonda, y en medio de ella la capilla que llamaban de la Ascensión, donde está la piedra en que Cristo dejó estampadas Sus huellas.

¿Cómo subió Su Majestad a la gloria? Lo hizo por virtud propia como Dios, con gran júbilo y alegría; porque habiendo librado al mundo de la cautividad, cautivó la misma cautividad. Llevó consigo a todas las almas, desde el principio del mundo, que habían purgado sus culpas; todas las que esperaban Su Ascensión gloriosa para subir con Él a la gloria: las almas de los Patriarcas, Santos Padres del Limbo, Santos Inocentes, los justos, etc.

¿Subió el Señor a la gloria como hombre o como Dios? Subió como hombre en cuerpo y alma, porque como Dios jamás pudo no estar en la gloria, siendo igual al Padre, y en todo lugar presente, por lo que lo hizo por Su propia virtud y poder, y no con poder ajeno. Él mismo exaltó Su Santísimo cuerpo hasta la gloria. Por lo que dijo el Señor: Mi Padre y Yo somos uno.

¿Por qué lo hizo de forma tan manifiesta? Porque así convenía para mayor confusión de Sus perseguidores, y para que no alegaran ignorancia de que era el verdadero Mesías. Y por esto subió con tanta compañía de santos Patriarcas y Profetas. Salieron a recibirle todos los coros de los Ángeles, preguntándose unos a otros, dice Isaías (cap. 63): ¿Quién es este que viene del mundo, teñidos sus vestidos en sangre, festejándole todos?

¿Por qué subió el Señor a la gloria? Para dar a entender que Él no era de este mundo, ni que buscaba el reino terreno, sino el espíritual para el hombre. Por lo que dijo Su Majestad por San Lucas (cap. 1): Que había venido a llamar a los pefcadores, no a los justos, y que Su reino no tendría fin. Subió a los Cielos, abriéndonos el camino de la gloria, que estaba cerrado desde el pecado de nuestros primeros padres. Voy – dice el Señor en las Escrituras – a aparejaros el lugar, para que donde esté Yo, estéis vosotros.

¿Qué hizo Su Majestad cuando llegó a la Patria Celestial? Lo profetizó David (Salm. 23): Mandó que se abrieran las puertas, esto es, que las quitaran de sus quicios, que había de entrar el Rey de la gloria, y el Señor de las virtudes, el Señor Poderoso en las batallas, porque subía con aquella carne vencedora, gloriosa, fuerte, poderosa e inmortal, a quien siguieron todas las virtudes en el grado más supremo, dice Hilario (Serm. de Ascensión. Domin.).

¿A qué hora y en qué día fue la Ascensión del Señor? Fue un día jueves, a la una del mediodía. Ocurrió una vez concluida la comida con Sus discípulos. Los llevó al Monte de los Olivos, y se elevó, dejándose ver por todos, para que gozaran de Su hermosura hasta que penetró los Cielos (Luc. cap. 1. Act Apostol.).

¿De qué forma fue? Del mismo modo y forma en que estaba en la tierra, dice san Lucas. Se infiere que la Ascensión del Señor a la gloria fue sujeta, y quiso Jesucristo que se contuviera a los sentidos de los Apóstoles, para que los presentes pudieran seguirle con su vista hasta que las nubes Le cubrieran por completo, y no repentinamente, como sucede con los Ángeles y los santos, que al instante se ocultan y desvanecen de la vista.

¿Qué hacían Sus manos para bendecir al elevarse? Cornelio á Lápide y Suarez (Super 3 part. Div. Thom. tom. 2, quest. 58, art. 4) dicen que se puede creer piadosa y probablemente que Nuestro Señor elevó Sus manos en forma de cruz. Con seguridad sabemos que las extendió hacia los Suyos, y así les iba bendiciendo hasta que se perdió de vista, ya que así es como se bendecía en ese tiempo (Levit. cap. 9).

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