Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada

(Madre de la Gracia) – Viena, Austria, 1610

Una noche del año 1610, el Venerable Domingo de Jesús y María estaba inspeccionando una casa antigua y desmoronada que había sido comprada con la intención de convertirla en un monasterio para los frailes Carmelitas Descalzos. Mientras caminaba alrededor del edificio pasó junto a un montón de escombros, a los que no les prestó atención. Pero mientras estaba examinando las habitaciones de la casa, tuvo un impulso interior que lo atrajo hacia los escombros y le hizo regresar a ellos. Entonces encendió su linterna y examinó los restos cuidadosamente hasta que algo en las sombras atrajo su atención. Lo que vio fue una pintura al óleo representando a Nuestra Señora.

Siendo un devoto hijo de la Virgen, el Ven. Domingo se apenó de ver una imagen de ella en tan malas condiciones. Después de rogar por perdón a Nuestra Señora por el maltrato de su cuadro, lo sacó de allí, lo limpió, volvió a pintar las partes dañadas y lo colocó en su celda. Allí lo veneraba con gran confianza.

Una noche, después de barrer su celda, Domingo notó que el polvo se había asentado sobre su atesorada imagen. Lamentando que eso sucediera, pidió otra vez el perdón de Nuestra Madre, y procedió a limpiarlo bien con un paño de lana, mientras decía con simplicidad: “Oh la más pura y santa de las Vírgenes, nada en todo el mundo es digno de tocar tu santo rostro, pero como no tengo nada más que este tosco pañuelo, dígnate aceptar mi buena voluntad”.

Mientras continuaba limpiando la imagen con gran cuidado y humildad, el rostro de Nuestra Señora de pronto se animó. Ella sonrió al Venerable Domingo y asintió con la cabeza en prenda de su gratitud. Y porque él estaba muy confuso y temeroso de estar experimentando una ilusión diabólica, la Reina del Cielo lo tranquilizó con estas palabras: “No temas, hijo mío, porque vuestra petición es concedida”. Se refería a un favor que le había pedido antes. Y añadió: “Será cumplido, y será parte de la recompensa que recibirás por el amor que nos tienes a mi Divino Hijo y a mí”.

Nuestra Señora entonces pidió a Domingo que le expresara con gran confianza cualquier favor que desease. Él cayó sobre sus rodillas y se ofreció por completo al servicio de Jesús y María, y sabiendo por revelación que el alma de un benefactor estaba sufriendo en el Purgatorio, pidió por su liberación. La Santísima Virgen prometió que sería liberada esa alma si se ofrecían varias Misas y sacrificios por ella. Entonces la aparición terminó.

El Ven. Domingo se apresuró a hacer lo que Ella le había pedido, y poco tiempo después, estaba arrodillado ante la imagen milagrosa cuando Nuestra Señora apareció ante él con el alma de su benefactor, que había sido liberada del Purgatorio. El benefactor agradeció a Domingo por sus oraciones y sacrificios. Luego la Madre de Dios animó a Domingo a pedir más favores. El santo religioso le pidió entonces que escuchase misericordiosamente las oraciones de aquellos que honraran esta pintura e invocaran su ayuda. La Santísima Virgen aseguró entonces: “Todos aquellos que imploren mi protección, honrando devotamente esta imagen, obtendrán lo que pidan, y recibirán muchas gracias. Es más, yo escucharé de forma especial las oraciones que me dirijan para el alivio de las almas del Purgatorio”.

Como la promesa iba dirigida a todos los devotos de Nuestra Señora, Domingo sintió que no podría retener más el retrato para su uso personal. Por esta razón hizo que lo colocaran en el Oratorio de San Carlos, conectado a la Iglesia de Santa María della Scala. Permaneció allí hasta su muerte, convirtiéndose en objeto de ferviente veneración, que fue premiada con muchos favores singulares. Se hicieron también reproducciones del retrato, y pronto fue venerado en muchos lugares.

Después de pasar por varios lugares, y restaurada la veneración pública de la imagen, Nuestra Señora no dejó de atraer multitudes y otorgarles singulares favores y gracias de acuerdo con su promesa hacia quienes honraran su imagen. El milagroso retrato fue transferido el 14 de diciembre de 1901 a la nueva iglesia y monasterio que los Carmelitas Descalzos construyeron en Silbergasse. El primer altar erigido en esta iglesia, por la generosidad de los benefactores, fue dedicado a Nuestra Señora de la Cabeza Inclinada, y allí se ha mantenido y venerado este tesoro del Carmelo vienés.

El Reverendo Domingo de Jesús y María, que fue favorecido con la animación del retrato y la promesa de Nuestra Señora, se convirtió en el quinto general de la Orden Carmelita Descalza. Él falleció en Viena el 16 de febrero de 1630. Su causa de beatificación fue introducida 46 años después, el 29 de enero de 1676. Tras un estudio y examinación de sus virtudes heroica, Domingo de Jesús y María fue declarado Venerable en 1907 por el Papa San Pío X.

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