No nos hemos ido…

¿Por dónde comenzar? Es difícil encontrar una punta del ovillo desde la cual desenredar el desastre que asola a la Iglesia en la actualidad. Pasan las semanas y los meses y no vemos más que mayores escarnios y humillaciones contra la Fe verdadera. Mientras tanto, Dios espera. Espera que Sus hijos actúen, espera que los hombres comprendan en qué abismos están cayendo, espera que se acabe el silencio y empiece la acción. Pero, ¿habrá alguien que levante el estandarte de Sus luchas en medio de semejante sometimiento al Mal?

Las ovejas están desperdigadas y perdidas. No saben a quién seguir, y lo que se les dice no hace sino confundirlas o dejarlas sencillamente indefensas frente a un mundo cada vez más peligroso y rotundo, que sin embargo se disfraza con sus “adelantos” y “logros”. Pero mientras las ciencias y la tecnología pueden admirarse de sus novedades, vemos a la par el dolor incontenible de millones de cristianos que en este mismo momento viven aterrorizados bajo regímenes de silenciamiento y persecución. ¿Y cuántos son los que dicen algo al respecto?

Pasa el tiempo y se especula con debates. Unos dicen que vendrán preguntas, otros que debemos formularlas nosotros mismos, otros más que se ha logrado silenciar cualquier resistencia. No hay problema. Sea cual sea la forma de que la Verdad resplandezca, Dios encontrará la manera de hacerlo. Así tenga que hacer hablar a los animales y las mismas rocas, si es que ya no quedan hombres que se hagan cargo de la defensa del Bien.

A pesar de la impresionante osadía que muestra el Islan en atacarnos y destruirnos, no vemos sino abrazos y besos de quien debiera proteger a los hijos de Dios. Pero ni siquiera es esta la única lacra que se sufre en la actualidad. El mundo gime y derrama su sangre, sí, en diversas formas. Pero ni siquiera persecuciones y abortos son los únicos frentes con que se nos ataca e intenta enmudecer. El católico actual calla, acata, se pliega al enemigo por una pequeña dádiva, por un favor o un permismo ilícito – dado que no puede darlos aquel a quien no le corresponde – mientras las ovejas sucumben en el error y las pantomimas que han dado por llamar rituales.

¿Dónde ha quedado el amor de Dios, el temor de ofenderlo, el deseo ardiente de la salvación de las almas, la lucha contra el error, el afrontar con dignidad y valor al engaño del demonio, la seducción del mundo y la corrupción de la carne?

Todos temen hablar, como si una mordaza invisible, pero muy palpable, les impidiera hacer nada por actuar donde más se necesita. Unos desfallecen en sus propios problemas, otros caen víctimas de la depresión, como testigos mudos de una decadencia contra la cual ya no luchan, finalmente, están los que se desangran unos a otros en un mar de animadversión y orgullo. ¿Es esto lo que Dios quiere de nosotros? ¿Es la molicie, el acomodamiento, la aceptación de cualquier barrabasada, la desunión lo que está esperando que hagamos en adelante?

Hoy en día, contar la vida de un santo verdadero, relatar un milagro, mostrar la belleza de una imagen de piedad, es un insulto ante el dragón que se ha vestido de pastor para llevar al rebaño al abismo, como un nuevo flautista de Hamelin que arrastra a sus seguidores hacia la perdición. Hoy en día, en realidad, basta levantar apenas el velo del mal y mostrar un punto de luz para que el mundo entero ataque y se defienda para aumentar su presión y sus dominios. Ya no tememos a la oscuridad. Nos hemos acostumbrado tanto a ella que quedamos como ciegos cuando se enciende un foco.

Sor Ana Catalina Emmerick relata en el siglo XIX unas visiones que se asemejan tristemente a nuestra actualidad. Veamos algunas:

“Vi a la Iglesia de los apóstatas acreentarse grandemente… Se ha formado una Iglesia falsa sin Redentor… en una palabra, una anti-Iglesia, cuyo centro está ocupado por la malicia, el error, la mentira, la hipocresía, la cobardía, los ardides de todos los demonios de la época… Tanta gente afluía que yo no comprendía cómo el edificio podía contenerlos a todos. Era como un pueblo completo. (Esa iglesia) se volvía más y más negra y sombría, y todo lo que se hacía en ella era como un vapor negro… No puedo encontrar palabras para describir la acción terrible, siniestra, mortífera de esa Iglesia… En esos tiempos habrá muchos cambios, muchos trastornos, mil horrores y toda clase de terrores; y también, para las almas fieles, momentos de gracia y de consuelo. Pero todo, absolutamente todo se enfrentará a la Iglesia, puesto que los malos de la tierra no dejan de ser la consecuencia de los males de la Iglesia. Y cuanto más la Iglesia (la verdadera Iglesia) sea desconocida, cuanto más sea combatida y deshonrada, tanto más será traicionada y tanto mayores serán las desgracias que golpearán a la humanidad entera. Tan grandes, de hecho, que los últimos que sean testigos creerán que sobre ellos cae el fin del mundo. Pero – gloria a Dios – será mas bien la transfiguración del mundo sobre lo que quede del mundo”.

Y nos recuerda esta gran mística que aunque ve un enorme número de hombres trabajando para derribarla, habrá también otros haciendo reparaciones. Y pide que roguemos, sobre todo, porque la Iglesia tenebrosa se vaya de Roma.

Hoy es tristemente fácil ir contra la corriente. Cada palabra de Verdad será vista como un ataque directo contra una estructura tan corrompida en sus bases que ya no logra decir dos cosas ciertas consecutivamente.

Nosotros hemos visto el desaliento y la confusión de miles de almas. Sabemos que son millones. Millones de personas que esperan que las guíen y reconduzcan al camino del Bien. ¿Callaremos ante esa iglesia negra y apóstata de la que nos advierte esta vidente, junto a cientos de santos y beatos que la vieron y describieron detalladamente en todas las épocas de la Iglesia, por la envergadura del desastre que iba a amenazar con la zozobra de la Barca de Cristo?

Sabemos, como consuelo, que aunque todo parezca perdido el dulce e Inmaculado corazón de María triunfará. Si a cada error se opone una verdad, si ante cada escarnio se ofrece una reparación, si frente a la destrucción se construye con diligencia, Dios nos ayudará, sostendrá y mostrará los medios para recomponer los muros del sagrado Recinto.

El mal campea hoy, y en su boca vil, cargada de blasfemias y engaños, se opaca un poco más el brillo magnífico de nuestra Fe. Sin embargo, nadie puede contra Dios. Ni aún el más astuto e insistente. Luchemos contra ese mal, de todas las formas que nos sea posible. Recordemos las verdades de nuestra Religión. Mostremos el camino a todo el que pueda leernos, debatamos si es necesario hasta vencer las mentiras. Que prevalezca la luz de Dios frente a las tinieblas que osadamente pretenden ocupar su lugar. Sabemos que no lo lograrán. Podemos ser parte de la epopeya de una lucha que puede parecer aplastante, pero terminará volcando hacia nosotros la balanza de la Justicia.

Tagged with:     , , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: