Milicia sobre la tierra

La vida del hombre es una milicia sobre la tierra, dice el Espíritu Santo: este mundo es un valle de lágrimas, exclama la Iglesia inspirada por el mismo. Milicia en todas las edades de la existencia; valle de lágrimas en todas las épocas y en todas las situaciones de la criatura racional. Milicia, porque desde la cuna hasta el sepulcro el hombre siempre tiene que combatir, que acometer y que defenderse. Valle de lágrimas porque la criatura racional desde que nace hasta que muere siempre tiene por qué llorar. El sentido común, el sentido íntimo, la conciencia, todo le dice al hombre que milita y que llora. Se lo dicen las tres edades de la vida, se lo dice el pasado, el presente y el porvenir, se lo dicen su alma y su cuerpo, todo le confirma esta verdad que no pueden arrancar del corazón ni la impiedad, ni la despreocupación, ni la incredulidad.

La niñez, que mirada por el prisma de lo halagüeño parece la edad de las ilusiones, de los encantos y de los placeres, no es otra cosa que una edad de lágrimas y de combate. Quitadme los juegos de la infancia, las caricias paternales, los entretenimientos que se desvanecen ¿y qué queda? Ningún ser ha nacido, por noble que haya sido su sangre, por ilustre su cuna, por elevado su rango, que no se haya presentado en el mundo llorando. Lo primero que funciona en la criatura son las lágrimas. El corazón del niño no se ha formado todavía, su entendimiento no se ha desarrollado, las pasiones no se conocen en el alma, y sin embargo el niño milita sobre la tierra. Tiene que luchar con la impotencia, con los obstáculos a su nutrición y desarrollo y aquella misma necesidad de llevar siempre al niño de la mano está confirmando que el camino por donde va está erizado de peligros, y que es necesario acostumbrarle a combatir.

La juventud, ¡ah! la juventud es una fiebre, es un delirio, es una demencia. Peligros en el interior y en el exterior. El alma se siente joven, el corazón vigoroso, los hombres le parecen al joven impecables, el mundo se presenta como un paraíso, las pasiones, nobles, sus deseos, lícitos. Todo lo combina su imaginación de tal manera que cuando suene la hora del desengaño la lucha será más encarnizada y las lágrimas más abrasadoras y más abundantes. El jóven es un Ícaro, que emprende su vuelo con alas de cera, que derretidas por los rayos del sol le despeñarán en el abismo. El joven es un viajero temerario, que fiado en el valor de su brazo, atraviesa de noche y sin defensa por un país de salteadores. La juventud acomete empresas, busca sensaciones, vuela siempre en busca de nuevos goces, hasta que una voz irresistible le dice: “¡Detente!”. Entonces el joven lo ve claro, pero lo que ve son flores marchitas y deshojadas a sus plantas, y lágrimas y quebranto en su corazón.

¿Y la vejez? ¡Ay cristianos! El mismo Job decía que eran muy amargos los días de la vejez. Combate y llanto; siempre milicia, contínuamente lágrimas. El anciano combate y llora por el muchísimo tiempo perdido y por el poco que le queda que aprovechar. Combate y llora porque el tiempo huye con una rapidez inconcebible, y porque la eternidad se acerca sin poderla detener. Combate con un espíritu que desfallece, con una salud que se quebranta, con un cuerpo que se desmorona, con millares de enemigos que asaltan a la ancianidad; y como en estas circunstancias el triunfo esi mposible, la vejez llora, y el hombre cierra sus párpados, dejando deslizarse de ellos una lágrima, que es todo el fruto que se saca de este miserable mundo.

Combate y lágrimas por lo pasado. Se lucha y se llora por el mal que se hizo y por el bien que se dejó de hacer. Combate y lágrimas por el presente, porque se quiere y no se puede remediar; porque estamos imposibilitados de reintegrar a Dios de los derechos que le hemos usurpado. Combate y lágrimas por el porvenir, porque no sabemos si llegará, si se nos concederá otro mañana en que podamos reconciliarnos con la Providencia divina, en quien únicamente el corazón humano encuentra descanso, según San Agustín. Combate y lágrimas en el alma, proque apenas en el hombre ha despuntado el uso de la razón se encuentra frente a frente con los enemigos de su alma. Le asedian los halagos del mundo, le asaltan las astucias del demonio, lleva en sí mismo el hambre de las seducciones de la carne, y por donde quiera que el hombre va, otra cosa no ve que la concupiscencia de la carne, la de los ojos y la soberbia de la vida.

¡Pobre alma, que formada a imagen y semejanza de Dios y caminando hacia una patria inmortal, se ve expuesta a perecer entre los millares de escollos que la rodean! Combate y lágrimas en el cuerpo… ¡cuántos sufren por afectos humanos! ¡Cuántas esperanzas fallidas! ¡Cuántos deseos no satisfechos! ¡Cuántas ambiciones nunca saciadas! ¡Y cuánto no tiene que combatir y que llorar este cuerpo, condenado a ganarse el alimento con el sudor de su frente! Combate con las enfermedades, y llora la pérdida de la salud, el mayor de los bienes que se pueden perder. Combate con las riquezas y llora con las inquietudes que le proporcionan. Combate con la pobreza, escuela práctica donde el hombre conoce al hombre, y llora sus desastrosas consecuencias. combate y llora por los peligros que le rodean, enemigos tan multiplicados que los tiene en todas partes: en la tierra, en el aire, en el mar, en casa, en la calle, en todas partes, como dice San Pablo. Combate el hombre desde que empieza hasta que concluye de respirar y derrama incesantes lágrimas, llora de día y de noche, desde que nace hasta que muere.

Bien puede repetir, no solamente estas palabras de Job tan sentenciosas: “La vida del hombre es una milicia sobre la tierra”, sino que puede exclamar con el santo rey David: “Mis lágrimas sond e día y de noche el pan con que me alimento!

¡Cristianos! y Dios que es tan poderoso, tan bueno, tan grande, tan misericordioso sobre todo, ¿dejará que el hombre naufrague en un océano de tristezas, sin esperanzas y sin alegría? No, y mil veces no. No le hagamos tan temeraria injusticia. Después de la redención, además de la gracia y de las virtudes, al lado de la Iglesia y de los sacramentos, colocará un ser que nazca, que viva, que sufra como nosotros nacemos y vivimos y sufrimos; y por el corazón de mujer, que es el más a propósito para amar, suscitará una criatura que, por lo amante y por lo amada, sea la admiración de los siglos y la bendición de todas las generaciones. Él hará que de entre las espinas de este mundo brote como lozana flor una Mujer, una Madre, una Reina, en quien reservándose Dios para sí el cetro de la justicia, depositará el cetro de su misericordia; una mujer que en los cielos y en la tierra, en la niñez, en la juventud y en la ancianidad, en el pasado, presente y porvenir, y en el alma y en el cuerop, y en la vida y en la muerte, y en el tiempo y en la eternidad, y en todo y con todo y por todo, sea “Causa de nuestra alegría”.

¡Bendita sea una y mil veces! Y concluyamos agradeciendo que María en los cielos, en la tierra y en el purgatorio; en la niñez, en la juventud y en la ancianidad; en el alma y en el cuerpo, en la vida y en la muerte, en el tiempo y en la eternidad, por sus prerrogativas, sus virtudes y sus destinos, y en sus efigies y hasta en su nombre es nuestra alegría, nuestro regocijo. Hagámonos por la virtud merecedores de sus consuelos en la tierra, para merecer acompañarla en las eternales alegrías de la gloria. Así sea.

(De Advocaciones, Virtudes y Misterios de María Santísima”. P. Felipe Velazquez y Arroyo. 1866.)

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: