Milagroso origen de la Orden de la Merced

S.S. Pablo V, en su bula Inter omnes vitae regularis Ordines, llamó a María Santísima primera y verdadera instituidora y fundadora del real Órden que en la Iglesia se distingue con la invocación y título de Nuestra Señora de la Merced, redención de cautivos. Así como en las órdenes domínica, franciscana, jesuita, etc., se reconocen a sus santos Patriarcas por inmediatos y primeros fundadores, la Orden de la Merced reconoce a la misma Reina de los Ángeles por su verdadera Madre y Fundadora.

Tras fuertes batallas por parte de diversos invasores paganos, en el año 713 el rey Rodrigo de España falleció en una sangrienta lucha con los mahometanos que obligó a los españoles a refugiarse en las montañas de León, Asturias y Galicia. Tras esta victoria, los musulmanes empezaron a multiplicarse en aquellas tierras, extendiéndose incluso a los Pirineos, ocupando las provincias de Languedoc y causando muchos estragos en Francia.

En el año 732 pudo contrarrestarlos Carlos Martel, y en el 778 lo consiguió Carlomagno para España, que poco a poco fue recuperando sus provincias perdidas y formando nuevamente sus reinos. Pero durante larguísimos años los moros mantuvieron su guerra contra los cristianos en las zonas portuarias, donde podían recibir apoyo desde África, y esclavizaron a todos aquellos que hacían prisioneros.

Es sabido que el cautiverio a que les sometían era terrible. A muchos los desollaban vivos, a otros los empalaban, los torturaban, los golpeaban, los trataban como animales de carga y los usaban para pescar sanguijuelas con su propio cuerpo, deteriorando así gravemente su salud hasta alcanzarles la muerte. Así, los menos fuertes llegaban a renunciar a la fe por temor y debilidad, aceptando el mahometanismo.

Nuestra misericordiosa Madre, compadecida de las mil miserias que afligían a los pobres cautivos cristianos, quiso ejercer su maternal bondad fundando milagrosamente una Orden destinada al alivio y redención de estos cristianos esclavos, que gemían bajo el cruel yugo sarraceno. Y para ello escogió al gran San Pedro Nolasco, natural de languedoc, de noble cuna, que había nacido en el año 1189.

El Santo tenía una fuerte devoción a la Santísima Virgen, y una ardiente caridad por los cautivos cristianos. Y tal era esta piedad, que no contento con entregar sus bienes y las muchas limosnas que pudo reunir para aliviarlos, persuadió a muchos caballeros a que se juntasen con él para formar una cofradía o congregación para ayudar a los cautivos cristianos, bajo el título y la particular protección de Nuestra Señora.

Ella quiso entonces dar una prueba más del amor y atención con que el Cielo cuida de nuestras necesidades, y la maternal compasión con que mira las aflicciones y trabajos de los fieles. Apareció ante San Pedro Nolasco la noche del 1 de agosto de 1218, mientras el santo se hallaba en oración, llorando ante la consideración del duro cautiverio de tantos pobres cristianos que gemían bajo la tiranía del Islam con peligro de su salvación eterna.

Nuestra Señora consoló a su fiel siervo, le dijo que lo que hacía agradaba mucho a su Hijo y a Ella misma, y que había de fundar otra nueva congregación, con el título de Nuestra Señora de la Merced, para redención de los cristianos cautivos bajo dominio de los moros.

– ¿Y quién sois Vos, que tenéis tan penetrados los secretos de Dios? ¿Y quién soy yo, miserable pecador, para encargarme de tamaña empresa? – preguntó San Pedro.

– Yo soy maría Madre de Dios – respondió la Virgen – que traje en mis entrañas y di a la luz del mundo al soberano Redentor de todos los hombres, y deseo que haya en la Iglesia una nueva familia que haga singular profesión de rescatar a los cautivos. Anda y funda esta Orden, que tomo desde luego debajo de mi protección. Yo te facilitaré los medios y allanaré todos los estorbos.

Seguro ya de la voluntad de Dios, que tan clara había quedado en la visión, se dedicó el santo a buscar los medios para llevar a cabo esta importante empresa. Pero no quiso hacer nada sin consultar antes a su confesor, que era San Raimundo de Peñafort, y por ello se encaminó a buscarlo, y le contó con sencillez lo que había sucedido.

La Santísima Virgen le había revelado lo mismo a San Raimundo, y éste declaró que había tenido una visión similar. Confirmados en el origen sobrenatural de su encomienda, fueron al palacio para comunicar al Rey lo que harían, con idea de contarle el doble milagro. Qué alegría sentirían cuando, una vez fueron vistos por el Rey, éste se anticipó a contarles una visión que había tenido, y era enteramente conforme a las de ellos dos. Porque no quería nuestra Santa Madre que se dudase del gran milagro suscitado por su misericordia, y de esta manera lo confirmó apareciendo ante los tres.

Desde ese momento sólo se pensó en cómo llevar a cabo la fundación de la Orden. Una vez efectuada se impusieron a sus primeros religiosos los tres votos acostumbrados y un cuarto, en que se obligaban no sólo a pedir limosnas para rescatar a los cristianos cautivos, sino a quedarse ellos mismos como rehenes para rescatarlos siempre que fuese necesario.

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: