Meditación de la alegría de los Ángeles

Primero consideremos lo que pasaría en el Cielo al tiempo en que Jesucristo nuestro señor nació en la Tierra. Entonces el Eterno Padre mandó que adorasen a este Niño todos los Ángeles (Ad Hebr. I:7) y todos, sin quedar ninguno, cantando por los aires himnos y alabanzas al Rey nacido, le adoraron con suma reverencia y entonaron: Gloria sea a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad.

Consideremos como toda esta obra de la Encarnación del Verbo divino es gloria de Dios; pues de ella en los Cielos y en la Tierra es glorificado especialmente. Saquemos pues de allí una gran alegría de ver a este Rey soberano adorado por sus Ángeles, y al mismo tiempo nos pesará verlo tan desconocido y despreciado por los hombres, siendo tan ofendido por ellos.

Pidámosle no ser del número de esos locos, sino que nos ayude a glorificar y adorar a su santísimo Hijo en la tierra, como lo hicieron y hacen los Ángeles en el Cielo.

Luego consideremos que quiso el Eterno Padre manifestar el nacimiento de su santísimo Hijo a los Pastores, que estaban velando y guardando su ganado, enviándoles para que lo anunciasen a un ejército de Ángeles, y al llegar uno de ellos les dijo: Alegráos porque os traigo una dichosa nueva; y es que ha nacido para vosotros el Salvador del mundo; y esto os doy por señal: que hallaréis al Infante envuelto en pañales y puesto en un pesebre (Luc. I:3).

Oyendo los Pastores la dichosa noticia, con amor y gran deseo, invitándose unos a otros se determinaron a buscar a Dios. Imaginemos la admiración que causaría a los santos Pastores cuando fueron y hallaron que todo era verdad, como los Ángeles se los habían dicho: qué pasmados quedarían cuando viesen que cosas tan bajas como la niñez, los pañales y el pesebre, fueron señal de hallar al señor de la Majestad.

Pero más admiración causó esto al santo Profeta Isaías (66:8), quien viendo en espíritu, mucho antes que los Pastores, a aquel gran Dios y Señor tan pequeño y humillado, dijo: ¿Quién jamás vio, ni oyó tal cosa? ¡Dios Niño! ¡Dios envuelto en pañales! ¡Dios llora! Cosa tan ajena de su Majestad y grandeza; cosa tan peregrina; obra que ataja y pasma los juicios de los Ángeles y de los hombres!

Saquemos de aquí el deseo de humillarnos como lo hizo Dios, porque quiso este Señor manifestarse a los humildes Pastores, y no a los soberbios Escribas y Fariseos. Le gusta que le hallen los que tienen cuidado de velar sobre sus almas, y no los que en aquel tiempo estaban dormidos y sepultados en el sueño del pecado. Cuidemos de velar y rezar, y hallaremos al Señor que estos Pastores hallaron.

Consideremos ahora el gran deseo que tendrían los santos Pastores de llevar consigo a sus chozas y cabañas, si se les hubiera permitido, a aquellas lumbreras del mundo, Hijo y Madre, viendo la soledad, pobreza y desamparo con que allí estaban, para servirles y regalarles, conforme a lo que sus pocas fuerzas y caudal pudiesen, en agradecimiento de los favores que habían recibido, de habérseles manifestado y descubierto.

Reflexionemos que no consiste el hallar a Dios en que uno tenga buen entendimiento, ni muchas letras o talentos, si en esto se busca una honra vana, y no la de este Señor, el cual se deja hallar por los sencillos y es tan liberal con ellos, que les comunica sus divinos y celestiales bienes, como lo dice el Espíritu Santo en los proverbios (3:32). De aquí podremos sacar deseos de buscar a Dios con amor y diligencia, para que también le hallemos, como otros sencillos pastores le hallaron.

Supliquémosle al Pastor soberano, que siendo ovejas suyas, selladas y marcadas con Su propia sangre, aparte de nosotros toda presunción y soberbia, y nos descubra, como a su casta y santa Esposa, el lugar donde se apacienta y está recostado, que es el pesebre, para que nosotros que nos hicimos bestias por el pecado lo hallemos en nuestro propio lugar, que es el establo.

Consideremos después que el Eterno Padre envió a esta muchedumbre de Ángeles para honrar a su santísimo Hijo, que tan humillado estaba por su amor, para que enseñase a los hombres con su ejemplo las gracias infinitas que deben dar a Dios por tan soberano beneficio, al darles a su Hijo benditísimo, no sólo por su Salvador, por su Rey y Señor, sino también por su hermano, por su carne y por su sangre.

Saquemos de esta meditación el deseo de emplear toda nuestra vida en honrar a Dios y alabarle, cantando con fervor el amor que nos produce Su nacimiento, como a los Ángeles, en espíritu de devoción y ternura, como ellos le cantaron ese día.

Tagged with:     , , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: