Los Santos hablan sobre San José

“San José fue el Siervo fiel y prudente, a quien el Señor nombró Mayordomo de su familia, consuelo y socorro de su Madre, su Padre de leche, y su fidelísimo coadjutor en la ejecución de sus propios consejos sobre la tierra…

Qué felicidad, no sólo ver a Jesucristo, sino oírle, llevarle en sus brazos, traerle de lugar ne lugar, abrazarle y acariciarle, nutrirle, y ser el privado para saber los secretos grandes que se ocultaban de los Príncipes todos de este mundo!”.

San Bernardo. Hom. 2 super Missus est, n. 16 pag. 742

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“Yo elijo por Patrono mío al glorioso Patriarca José, y en todas mis cosas me encomiendo singularmente a su intercesión. No me acuerdo de haber pedido cosa alguna a Dios, por medio de él, que no la haya conseguido. Jamás conocí a alguno que invocándole no haya hecho grandes progresos en la virtud: porque este Santo asiste de un modo maravilloso a cuantos se encomiendan a él…

Que a otros santos parece les dio el señor gracia para socorrer en una necesidad; a estew glorioso Santo tengo experiencia que socorre en todas, y que quiere el Señor darnos a entender, que así como fue sujeto en la tierra (que como tenía nombre de padre le podía mandar) así en el cielo hace cuanto le pide”.

Santa Teresa de Jesús. Vida. Cap. VI.

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“San José es el siervo fiel y prudente que Nuestro señor ha establecido sobre su familia, para ser el sostén y consuelo de su madre, su padre nutricio y digno cooperador en la ejecución de sus designios misericordiosos sobre la tierra… Qué dicha para él de no solamente ver a Jesucristo, sino también de oirle, de tenerlo en sus brazos, y llevarlo de un lugar a otro, acariciarlo, abrazarlo, alimentarlo; de ser admitido en la participación de sus inefables secretos que fueron ocultos a los ojos del mundo. ¡Oh prodigio de elevación! ¡oh dignidad incomparable! La madre de Dios, la Reina del cielo os llama su señor, el Verbo hecho carne os llama su padre y os obedece. ¡Oh Jesús! ¡oh María! ¡oh José! que haceis en la tierra una gloriosa trinidad, en la que pone todas sus complacencias la augusta Trinidad del Cielo! ¿Qué cosa se puede imaginar en la tierra tan grande, tan buena y tan excelente como esta?”.

San Bernardo. Serm. 2, super Missus est, núm. 16

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“José me sirvió de tal suerte, que jamás se oyó en sus labios una palabra frívola ni una murmuración, ni el menor arranque de ira; pues fué pacientísimo en la pobreza, solícito en el trabajo cuando era menester, mansísimo con los que le reconvenían, obedientísimo en obsequio mío, prontísimo defensor contra los que dudaban de mi virginidad y fidelísimo testigo de las maravillas de Dios. Hallábase también tan muerto para el mundo y la carne, que nada deseaba sino las cosas del cielo, y creía tanto las promesas de Dios, que continuamente decía: ¡Ojalá viva yo y vea cumplirse la voluntad de Dios! Rarísima vez se presentó en las juntas y reuniones de los hombres, porque todo su empeño lo cifró en obedecer la voluntad de Dios, y por esto ahora es grande su gloria.”

La Santísima Virgen a Santa Brígida de Suecia. Revelaciones Celestiales. Lib. IV, cap. 29.

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“¡Oh Dios! ¡qué parte ha tenido el glorioso san José en el cáliz de la pasión de Jesús, por los servicios que prestó a su humanidad! La pureza de José sirve en el paraíso como de realce a la pureza de María. En este cambio de resplandores que se encuentran mutuamente, la purezaq de José parece, por decirlo así, que aumenta el brillo de la de María. José unido a Jesús y María parece una estrella resplandeciente; el ocncede una protección muy especial a las almas que combaten bajo el estandarte de María”.

Santa María Magdalena de Pazzi. Visión de San José.

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“A algunos santos les fue concedida la proteccio´n singular en ciefrtos casos particulares, como a San Antonio Abad, para curar del fuego, pero al santísimo José para toda necesidad y acontecimiento, y con particvular amor, sostener, amparar y dar favor a todos los que confiadamente acuden a él”.

Santo Tomás de Aquino. In 4. Distinct. 45. q.5, art. 2.

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En “La devoción a San José”, del P. José Antonio Patrignani. 1862:

“Observad que José fue llamado justo, por la perfecta posesión de todas las virtudes”.

San Juan Crisóstomo

“No puede dudarse que Jesucristo, que durante su vida mortal no se contentó con admitir a san José a una familiaridad íntima, sino que también le rindió el respeto y la obediencia que un hijo debe a su padre, en el cielo le ha conservado esas prerrogativas sublimes, y que aún las ha perfeccionado admirablemente”.

San Bernardino de Siena

“Es conforme a la fe de la Iglesia honrar como vírgen no solamente a la Madre de Dios, sino también al nutricio y padre putativo de su Hijo Jesús”.

San Pedro Damiano

“No hay en los cielos quien se atreva a llamar hijo suyo a Nuestro señor, sino san José”.

San Cipriano

“Mereció ser llamado Padre del Señor, y lo era por la afinidad y el derecho conyugal”.

San Jerónimo

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