Las penas del Infierno reveladas a Santa Catalina de Siena

Te digo que en el infierno tienen los condenados cuatro principales tormentos, a los cuales siguen todos los demás. El primero es, que se ven privados de mi visión beatífica, lo cual les es de tanto sentimiento, que si fuera posible elegirían antes el fuego y los tormentos que sufren, viéndome, que no padecer las penas que experimentan careciendo de mi vista.

Esta pena la causa la segunda, esto es, el gusano de la conciencia, el cual siempre los roe, viéndose privados por su culpa de mí y de conversar con los ángeles, y que sólo se han hecho dignos de la conversación con los demonios, y de su horrible vista, cuyo aspecto les redobla el tormento, que es la tercera pena.

Y así como los santos se alegran siempre con mi vista, renovándose con nuevo contento en ellos el fruto de los trabajos que padecieron por mí con amor tan excesivo, y desagrado de sí mismos: así por el contrario en estos miserables se les renuevan los tormentos con el aspecto de los demonios, pues con verlos se conocen más esto es, conocen que por defecto suyo se hicieron merecedores de tal castigo. Y por tanto roe más y más el gusano de la conciencia, y jamás deja de arder el fuego de esta conciencia. También se les aumenta esta pena con ver a los demonios en su propia figura, la cual es tan horrible que nadie se la puede imaginar.

Y si bien te acuerdas cuando yo te lo mostré por un breve momento, que casi fue un punto, tú, después que volviste en ti, hubieras elegido antes andar poe un camino de fuego, aunque durara hasta el día del juicio, que verle más. Con todo que le viste, sin emabrgo, no sabes cuán horrible es, porque por mi Divina justicia le parece más horrible al alma que está en el infierno, mas o menos según la gravedad de sus culpas.

El cuarto tormento que padecen es el fuego, el cual arde y no se consume, porque el alma no es cosa material que pueda ser consumida por el fuego, sino que yo por mi Divina justicia permito que arda el fuego para afligirlos; así que no los aniquila ni consume y los abrasa con grandísimas penas y de diversas maneras, según sus varios pecados, a unos más y a otros menos, según la gravedad de la culpa.

A estos tormentos se siguen otros, como son el frío, el calor, el rechinar de dientes y otros muchos. Pues así son atormentados miserablemente después de reprensión que se les hizo en el juicio y en la justicia de su vida, y no se corrigieron con la primera reprensión, y en la segunda, esto es, en la muerte, no quisieron esperar ni dolerse de la ofensa, sino sólo del castigo, por lo cual han recibido muerte eterna.

(Diálogos de Santa Catalina de Siena. Cap. 38)

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