Las minorías, el Islam y la Fe

Duele comprobar que es preciso herir a la prensa o a los símbolos culturales para que la sociedad reaccione sobre algún tipo de mal que viene siendo denunciado constantemente. Sólo entonces “aparece” en la opinión pública.

Los recientes ataques terroristas en Francia son un ejemplo de esto. Sin embargo, centros internacionales especializados como el Observatorio del Islam*, con su Informe Yihad, vienen denunciando el horror yihadista desde hace años, registrando minuciosamente los crímenes mes a mes. Y son tan incontables como en constante aumento. Al año más de 100.000 cristianos son víctimas del islamismo y muchos otros miles de islámicos, incluso, mueren o son torturados en manos de los seguidores de Mahoma.

Debemos lamentar las muertes sufridas por el semanario francés, pero recordar también que no era una publicación “antiislámica” sino antireligiosa. Numerosas veces lo más sagrado del cristianismo fue ofendido del modo más repugnante y nauseabundo por sus viñetas. Y obtuvo nuestro repudio y desagravio como respuesta. No apoyamos ni podemos defender una publicación de esa naturaleza y sin embargo no justificamos de modo alguno el atentado yihadista. Pero, por parte de la gran prensa y de los intelectuales, sobrevienen aplausos más o menos velados por el anticatolicismo pero del mismo modos apresurados esfuerzos por los mismos formadores de opinión para remarcar uno de sus eslóganes favoritos: el Islam es pacífico, nada violento y, por añadidura, es víctima de “islamofobia” de la que los occidentales son culpables por denunciar, escandalizarse o temer sus acciones en sus propias tierras. Culpabilizan a las víctimas y redimen a los criminales. El éxito de los movimientos sociales que reaccionan a la invasión silenciosa de los yihadistas es, por parte de las izquierdas y prensa, alertada, temida y denunciada con un vigor que nos gustaría ver aplicado para las víctimas inocentes.

“Los mismos de siempre” no son los únicos culpables del avance impune del islam. Podríamos acusarles de siniestros manipuladores que intencionadamente confunden mezclando una cuestión racial, que no es el asunto de fondo, con un problema de cultura y de religión. Con el decir de Edmund Burke, “lo único necesario para el triunfo del mal es que los buenos no hagan nada”. A lo que el mismo pensador inglés agregaba: “El mayor error lo comete quien no hace nada porque sólo podría hacer un poco”.

Las cosas en su lugar y con su nombre

No enfrentamos el Islam antiguo, de turbantes con plumas, de una caballeroridad medio-oriental que admiraba el honor y valentía de los cruzados o que ensoñaba con cuentistas como Sherezade.

El islamismo actual renace con la ideología de sus invasores comunistas y el dinero del petróleo. Una ideología socialista que, como en el progresismo cristiano, interpreta los textos sagrados a la sombra del marxismo, con el poder casi omnipotente del dinero y su influencia energética en los países occidentales.

El fundamentalismo islámico es la versión oriental del modernismo en occidente. Pretenden regresar a unos fundamentos donde se pinta un cuadro socialista en los orígenes de la fe. Y sobre ello se repudia todo desarrollo de las verdades teológicas y de las formas culturales de la sociedad de fieles.

En el Islam, sin embargo, los orígenes se remiten a ladrones y asaltantes, polígamos, zoófilos y pedófilos que tomaron el poder a fuerza de sangre y espada. Musulmán significa sumisión y todo quien no se someta al Corán y las leyes de sus imanes, es un enemigo. La Yihad es una lucha permanente a la cual todo, todo musulmán está obligado. Quien no lo hace es un mal musulmán como en el cristianismo un católico que no frecuente los sacramentos ni observe los mandamientos es un mal católico. Es una lucha violenta que se erige como uno de los pilares de la fe junto con el ayuno, la limosna y la oración. Se combate hasta el exterminio primero en el fiel mismo. Es un punto admirable en ellos, que combaten las malas inclinaciones y pecados con verdadero fervor. Pero también es una lucha externa que obliga a exterminar o someter a quienquiera no sea musulmán. Para ello se les autoriza a mentir y engañar con un doble discurso (taquiyya) y se les manda matar y apoderarse de los bienes de los no creyentes. Es una doctrina que comienza y preserva la esclavitud y el estupro. Y todo eso representa en cultura y religión el enemigo que hoy avanza a pasos agigantados contra un Occidente inmovilizado por la tiranía de la cultura de las izquierdas.

Y es un enemigo que avanza no sólo alimentado por esa fe aguerrida y avasalladora, como nuevos mongoles religiosos, sino que sigue la ideología dictatorial y terrorista de los genocidas rojos. Sus aliados hoy son los mismos que antes apadrinaban las “experiencias de izquierda” en cualquier país del mundo a someter. Sus terroristas se entrenan con los terroristas separatistas o guerrilleros del narcoterrorismo, codo a codo. Yasser Arafat, el egipcio que falsificó documentos para pasar por palestino, que fue educado y entrenado en su juventud en la Unión Soviética, es un paradigma del problema. Los actuales y corruptos dictadores islámicos son protegidos por China y Rusia. Sólo los buenos muy cortos de miras podrían sonreírles al ver algún aspecto positivo pero omitiendo todo el contexto que horroriza.

Una objeción frecuente

Sería cándido pensar que estas palabras no serán respondidas por los ingenuos que se apresuran a condenar las críticas y a defender lo indefendible.

Y la más frecuente es la contradictoria acusación de “generalizar”. Sin inconvenientes para generalizar a los que condenamos el yihadismo y rechazamos el Islam en concepto y práctica tanto como a las izquierdas, nos acusan, como quien quiere desarmar un argumento de “generalizar” la maldad mahometana.

Recordemos que los musulmanes suman, en lo bajo, unos 1.800 millones de fieles que están obligados por su fe y muchas veces por sus gobiernos, a combatir y aplastar a quienquiera no sea musulmán. Si sumamos a sus cómplices occidentales la cifra asusta de sólo pensarla. Y si, como corresponde en geopolítica, sumamos a sus aliados rusos, chinos y demás rojos, la cifra hace temblar. Sus aliados no son muy diferentes en el odio hacia occidente ni en sus pretensiones de dominio y exterminio de sus “enemigos de clase” como ordena el comunismo y socialismo. Un estudio detenido les expone bien como socialistas o, más frecuentemente, como nacional-socialistas.

Regresemos al problema de la generalización. Con casi 2.000 millones de musulmanes, muchos de ellos viviendo entre nosotros, ¿exageramos al temerles si – como objetarán – los “extremistas” son la minoría? Naturalmente la mayoría de los musulmanes actúa de forma pacífica. Muchos de ellos han asimilado valores occidentales en materia de convivencia. Las cifras especializadas estiman entre un 20% y un 25% de la población islámica como radicales. ¿Minoría? Si. Pero aún así son millones.

Esto implica que al menos 400-450 millones de musulmanes están dedicados en cuerpo y alma, sin importar su vida, a destruir a occidente hasta sus bases y someternos o asesinarnos. Una población equivalente, en términos generales, a la población de los Estados Unidos de Norteamérica, por ejemplo.

Estos millones de radicales son los que arengan a los pacíficos para tomar medidas más duras contra occidente. Son ellos quienes actúan en atentados, son ellos quienes secuestran y mutilan o decapitan a sus víctimas, secuestran niñas para abusarlas y venderlas como esclavas.

La Alemania previa a Hitler era en su enorme mayoría una población pacífica. Pero fue una minoría, los nacional-socialistas, quienes tomaron acción e impusieron su agenda ideológica. Decenas de millones de víctimas de la Segunda Guerra Mundial se levantarán algún día de sus tumbas para acusar a quienes acallar a los radicales que condujeron los destinos hermanos entre nazis y soviéticos.

Tanto en Rusia como en Alemania, las mayorías pacíficas fueron irrelevantes. Quienes llevaron a la acción los hechos fueron esas minorías. La mayoría tuvo que someterse a los designios trazados por las minorías. La China era mayoritariamente pacífica. Fue la minoría radical quien condujo los hechos. La mayoría de los japoneses eran pacíficos pero la minoría involucró a la nación en un torbellino de destrucción con 12 millones de muertos a punta de bayonetas y palas. 75 millones en China, 25 millones en Rusia, 3 millones en Camboya e incontables millones entre África, Europa Oriental y Central Asia… la historia se ha repetido una y otra vez a lo largo del curso de la humanidad. Las mayorías pacíficas, duele decirlo, son irrelevantes. Los más de 100 millones de muertos por el comunismo y decenas de millones de víctimas directas e indirectas de la ideología roja, son consecuencia de las ideas impuestas por las minorías apoderadas del control.

Los casi 2.5 millones de musulmanes viviendo en Estados Unidos el 11 de Septiembre eran una mayoría que nada significó para los 19 secuestradores que golpearon a la nación y la pusieron de rodillas con 3.000 muertos ese día.

Las mayorías pacíficas, reiteramos, son irrelevantes. Pero lo serán en tanto no se levanten y luchen efectivamente contra las amenazas internas y externas. Una asociación activa entre comunismo e islam, absorbería a las mayorías de los dos bloques más grandes del planeta en materia de recursos y de población. Esto significaría el colapso definitivo del modo de vida occidental y cristiano para cuya defensa carecemos de medios armados, culturales, políticos y religiosos. Por el contrario, la predominancia de opinión en la prensa, política y dirigencia religiosa apunta siempre a condenar la reacción y a justificar la agresión en contra nuestro.

Para las personas de fe, es una certeza inamovible, es verdadera confianza la que depositamos en la intervención divina, en una gracia especial sobre los hombres para que movilice o bien su conversión y enmienda o bien una reacción que conmueva hasta la última fibra de los fieles. Es imposible no recordar en estos momentos, a los pies de Nuestra Señora, Sus celestiales palabras en Fátima: “cuando todo parezca perdido… por fin Mi Inmaculado Corazón triunfará!”

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* Ver: Cristianos perseguidos por el Islam. Descarga gratuita: http://www.alerta360.org/secciones/investigaciones/cristianos.pdf

** Ver: Informe anual global de la Yihad: Año 2013. Descarga gratuita: http://alerta360.org/secciones/cifras/yihad_2013.pdf

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