La Virgen en la batalla: “Francia sobrevivirá”

Era de noche y faltaban tres semanas para pascua de Navidad. El primero de octubre de 1870 se les ordenó a los Zuavos* avanzar hacia Patay, Francia. En el corazón de los hombres el nombre de la zona rememoró el triunfo celeste de Santa Juana de Arco contra los ingleses. La guerra franco-prusiana recrudecía y los soldados pontificios marchaban hacia un enfrentamiento probablemente desigual.

Contra el silencio de la caminata** resuena la voz potente del General Louis Gaston de Sonis que se dirige al Coronel Athanase de Charette advirtiéndole que no lleva una bandera propia: pide una de los zuavos pontificios.

No era un simple blasón: en septiembre las monjas benedictinas de Paray-le-Monial confeccionaron una bandera con el Sagrado Corazón grabado en ella y escrito el lema “Corazón de Jesús: salva a Francia”. Esta bandera sagrada, a cargo de los zuavos pontificios que lucharon victoriosamente en Patay había sido velada durante la noche en la tumba de San Martín, en Tours, antes de ser llevada a batalla el 9 de octubre de 1870. Del otro lado del emblema las carmelitas de Tours grabaron el lema “San Martín, protege a Francia”. Un símbolo tan agrado para los zuavos fue el regalo más precioso posible y lo enarbolaron con devoción desde que les fue regalado en Tours. Y será la divisa que conducirá a De Sonis y sus hombres a la batalla.

Los hombres alcanzaron Patay. Al día siguiente De Sonis sintió en su pecho la fuerza del valor de Santa Juana de Arco y sus hombres. Les comparó con los hombres que él comandaba, algunos de los cuales desertaban. Miró a De Charette y le dijo: “¡Oh! Por lo menos, mi coronel, usted no se dará por vencido y me dejará como esos!”. “¡No! ¡No!”, respondió el bravo zuavo, “¡Viva Pío IX! ¡Viva Francia!” El juramento de fidelidad hizo llorar a los hombres inmersos en un largo y sangriento enfrentamiento. Por la mañana los soldados recibieron la absolución. A las 3 de la tarde De Sonis montó hacia el 1er Batallón de los zuavos y gritó: “Mis amigos, ¡dos regimientos acaban de huir! Ahora es el momento para que ustedes puedan demostrar a estos cobardes que los hombres valientes pueden luchar! ¡Hurra para los Zuavos!”

Los alemanes apostaron a sus hombres y artillería en los bosques que bordeaban el camino de los franceses para llegar a Loigny. La tropa animó a su general y los tiradores zuavos comenzaron a disparar contra la posiciones enemigas, pero la respuesta alemana era demasiad grande. De Charette ordenó cargar bayonetas y asaltar el bosque. Junto a De Sonis, Charette y los oficiales del alto rango cabalgaron a la delantera mientras los zuavos cargaban. Avanzan a través de una tormenta de balas y el enemigo les encierra. El General De Sonis es herido en el muslo; de Charette cae tras recibir dos tiros. El capitán Montcuit, que había perdido un brazo luchando en Castelfidardo, fue herido en el muñón. Uno de los sobrevivientes, el sargento Wibaux escribió días más tarde: “Es imposible darse una idea de la carnicería; los zuavos literalmente asaltaron y cortaron como si estuvieran batiendo mantequilla”

Con los bosques conquistados cientos de alemanes fueron hechos prisioneros. Estaban a punto de atacar la aldea cuando los prusianos se dieron cuenta del tamaño tan pequeño de la fuerza con la que se disputaban; trajeron tres regimientos de su reserva. La infantería de De Sonis se negó a acudir en ayuda de los zuavos y su artillería quedó sin municiones. Los zuavos fueron obligados a retirarse frente al cruento ataque de los alemanes con fuego de artillería y armas automáticas. La tierra estaba cubierta de los muertos; sólo 3 de cada 14 participantes volvió al campamento al caer la noche. Le Gonidec tomó el mando; tres porta-bandera fueron asesinados sucesivamente, y un cuarto herido regresó con la bandera ensangrentada del Sagrado Corazón. En una compañía, sólo quedaban dos cabos: todos los oficiales habían muerto. De los 300 zuavos del batallón, 218 habían sido asesinados. Si el resto del comando de De Sonis no se hubiera deshecho, habrían ganado.

En el campo de batalla sucede algo extraordinario: la Santísima Virgen se aparece al General De Sonis y le asegura que no todo está perdido y que Francia sobrevivirá. Una multitud de soldados se dispersaron en la anterior batalla. Sólo los zuavos y muy pocas unidades mantuvieron el orden y la disciplina. El remanente del 17º Cuerpo se retiró a Poitiers. Cuando los zuavos supervivientes llegaron a este refugio, fueron recibidos con delirio por la gente del pueblo.

Profundamente entristecido por la difícil situación de sus antiguos paladines, Pío IX envió un mensaje para ellos: “Decid a de Charette y a sus heroicos hijos tan pronto como sea posible que mis deseos, mis oraciones y mis recuerdos les siguen constantemente dondequiera que vayan; que han estado y estarán presentes conmigo, Yo también estoy con ellos en corazón y alma, suplicando siempre al Dios de toda misericordia que les proteja y salve a ellos y a su infeliz país, y les bendiga tan plenamente y especialmente como lo hago hoy, en Su nombre y con la más cálida efusión de mi corazón “.

El General De Sonis***, que había perdido a sus padres a tierna edad, sintió el llamado religioso como monje en Solemes, pero comprendió que su vocación estaba en servir en el mundo secular. Junto a su esposa Anaïs tuvo 12 hijos, modelando un ejemplo de familia católica. Destacó por su amor a la Eucaristía pero, por sobre todo, en la virtud de la obediencia. Se hizo religioso carmelita de la Tercera Orden, secular. Tras la batalla de Loigny perdió una pierna; murió tras 17 años de sufrimiento. Su causa de canonización es conducida por los Carmelitas como un modelo de virtudes militares que no excluyen la vida firme de fe, pues el coraje y virilidad sólo pueden resplandecer por las virtudes cristianas. Se le considera un modelo de guerrero católico. En de pensamientos apunta: “María se coloca en el umbral de la eternidad para inspirar confianza en los que deben llevar la cruz”, “Lucha con bravura contra el demonio de la tristeza. Oponte a él por la fresca sumisión a la voluntad de Dios, y sírvele con alegría, con gran sencillez de corazón” y “Cuando uno comienza amar a Dios, nunca podrá amarle lo suficiente”.

* Los zuavos pontificios, creados para la defensa de los Estados Pontificios luchaban para ayudar al Papa Pío IX frente al proceso de reunificación italiano, estuvo formado mayoritariamente por alemanes, franceses y belgas, aunque con participación menor de romanos, canadienses, españoles, irlandeses e incluso ingleses. En la batalla de Mentana triunfaron junto a los franceses sobre los intentos masónicos de Garibaldi. En 1870 Napoleón III, a causa de la guerra franco-prusiana tuvo que retirar a sus hombres. Víctor Manuel II le propuso al Papa Pío IX que a cambio de permitir el ingreso de tropas italianas a Roma él le protegería, cosa que el Papa rechazó rotundamente. En respuesta ordenó al General Cardona avanzar hacia Roma y sitiaron al Papa. Los zuavos se resistieron a abandonar al Santo Padre. Los hombres de Víctor Manuel II bombardearon la Muralla Aureliana y marcharon por la Vía Pía. Roma fue anexada a Italia. Los zuavos partieron a combatir a Francia contra los prusianos.

** Charles A. Coulombe, The Pope’s legion: the multinational fighting force that defended the Vatican. Palgrave Macmillan, New York, 2008, pp. 188-190, ISBN 978-
0-23060-058-4

*** https://fr.wikipedia.org/wiki/Louis-Gaston_de_Sonis

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