La puerta abierta

Perú. Fines del siglo XIX. La masonería y los falsos liberales trabajaban arduamente para hacer perder la fe a los católicos americanos. Se construía un ferrocarril de Mollendo a Arequipa. El ingeniero norteamericano Enrique Meiggs se encontraba en la ciudad. Ni ateo ni protestante. Ni siquiera era religioso. Era lo que por entonces se llamaba “incrédulo”.

Un día vio la puerta abierta del templo de la Recoleta. Se celebraba allí la Santa misa con todo el esplendor de los ritos tradicionales. La piedad, la grandeza de los misterios celebrados así, las músicas y lo sublime tocaron fuertemente su alma. Recorrió el camino hasta la puerta del Convento de los Descalzos Franciscanos. Y allí, con humildad, pidió ser instruido en la santa fe. El Superior, hombre prudente, comprendió que no se trataba de un hombre común. Ante la cultura evidente de quien se presentaba a su puerta, le dijo: “Quien le puede instruir es el Padre Leonardo Cortés. Pero actualmente se encuentra en Lima”.

Un hombre simplemente movido por una emoción pasajera habría dejado allí el asunto. Él se encontraba por asuntos de trabajo en la ciudad y los viajes de la época eran fatigosos. Pero la memoria de la Santa Misa le quemaba y llenaba de deseos de conocer esa fe. Era un hombre instruido, sin lugar a dudas, y conocía de religiones y cultos. Pero aquí su alma había sido tocada. Así, pues, viajó hasta Lima para conocer la fe católica.

Llegando a la capital peruana, se encaminó hacia donde tenía referencias del Padre Cortés. Allí le informaron que el celoso varón no se encontraba sino que predicaba en Misiones de Cañete, ¡a 168 kilómetros de allí! Y hasta ese lugar viajó el profesional norteamericano con una humildad y deseo ejemplar.

Se encontraron y tras las primeras palabras, el Padre Cortés le invitó a visitarlo diariamente. Charlaban cada vez sobre la fe cristiana. El pastor le enseñaba y el ingeniero presentaba todas sus dudas. Tras varias pláticas, el señor Meiggs agradeció al misionero toda su sabiduría. Había comprendido todo y no quedaban dudas pendientes. Sin embargo, el ingeniero comentó: “¡Bueno! He comprendido todo lo que usted me ha dicho, Padre. Pero no tengo fe”

“Esto”, contestó el Padre Cortés, “ya no es cosa mía. Es cosa de Dios”. Y le dio una oración para que pidiese a Dios es fe que decía no tener.

Al día siguiente el ingeniero Meiggs tocó muy temprano las puertas del Convento. “¡Padre!”, dijo, “la oración que usted me prescribió la he rezado no una sino cuatrocientas veces anoche. Y ahora sí tengo fe ¡y creo!”

Desde entonces Enrique Meiggs fue católico convencido y militante.

De aquí vemos cómo una misa bien celebrada, en la segunda ciudad del Perú, originó el proceso de conversión del gran personaje ferroviario constructor en Chile y Perú.

Tagged with:     , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: