La Providencia de Dios

Para continuar – y terminar – el breve ciclo de los atributos Divinos, recordamos que todo lo que aquí se dirá sobre la Providencia de Dios es una recopilación de diferentes pasajes de la Sagrada Escritura:

“Dios es justo en sus caminos, fiel en sus promesas, suave, paciente, misericordioso, pronto siempre a oír a los que le invocan con temor y con sinceridad. Sin acepción de personas ni miramiento a títulos, extiende igualmente a su cuidado a todos los hombres, sean grandes o pequeños. Él solo es el ser perfecto por excelencia y naturaleza; el que hace correr en los valles las fuentes de agua viva para las necesidades de los seres animados, y el que cubre el cielo de nubes para derramar sobre la tierra una lluvia benéfica y fertilizar los campos”.

“Confiemos más en su paternal providencia que en nuestra propia solicitud, pues el mismo Dios que nos ha dado la vida y el cuerpo nos proporcionará igualmente los medios de cubrir a este y sostener aquella. Las azucenas que hermosean el campo crecen y se engalanan sin cultivo ni cuidado. No hacen acopio las aves que pueblan el aire, y el criador las suministra cada día de abundante alimento. Dios conoce todas nuestras necesidades, y su admirable providencia sabrá remediarlas: la tierra está llena de su misericordia. Sus ojos velan continuamente sobre los que depositan en Él toda su confianza”.

“El pobre que teme a Dios carece muchas veces de lo necesario; pero la tranquilidad de su corazón es para él un equivalente de la abundancia”.

“El justo, semejante a un león que siente toda su fuerza, no conoce elmiedo: permanece inalterable y sin intimidarse aunque vea trastornarse la tierra. Crece en fortaleza como el cedro del monte Líbano, y florecerá como la palma”.

“No debemos llorar largo tiempo la muerte del justo, porque su alma descansa en paz. Aunque segado en la flor de sus años, vivió mucho tiempo; era agradable al Señor y el escogió para Sí; le arrebató muy temprano de la tierra y se dio prisa a sacarle de enmedio de la iniquidad que podía corromperle y acarrearle su perdición. Los impíos, que le ven morir en la primavera de la vida, no penetrando los designios del Señor, ni lo que su misericordia tiene reservado al justo, murmuran contra la Divina Providencia; mas Dios se burla de su ceguedad”.

“Grandes son las aflicciones que el cristiano padece en este mundo; mas Dios venció al mundo, y siendo infinitamente bueno, defiende y acoge debajo de sus alas a los que esperan en Él y le miran como su único refugio y esperanza. En balde se asestan mil saetas contra el que confía en Dios; ninguna de ellas le acertará, porque está al abrigo de todos los males bajo el escudo del mismo Dios: si clama alSeñor, el Señor, que nunca le abandona en sus tribulaciones, le librará de ellas para colmarle de gloria”.

“El yugo del Señor es suave y ligera la carga que nos impone. Nos tiende continuamente los brazos, nos trae con su dulzura y bondad inagotables, nos alivia en los trabajos, nos sostiene en los dolores, nos consuela en las aflicciones, y aún las convierte en delicias. Alegrémonos, pues, en las tribulaciones, porque ellas producen la paciencia: la paciencia es la prueba de nuestro amor, y esta prueba, perfeccionando nuestra virtud, nos infunde la mas firme esperanza”.

“¡Dichoso el hombre a quien el Señor castiga, y que no se abate en los trabajos ni desfallece en los sufrimientos! Ellos son la señal cierta de una predilección divina, y debemos tolerarlos con alegría. Dios solo aflige a los que elige para hijos suyos, y no corrige sino a los que ama. Si nos parece que este castigo ha de ser para nosotros un motivo de tristeza, esperemos con confianza, y bien pronto recogeremos de nuestra justicia los frutos apacibles y consoladores que Dios reserva a los fieles que sufren con paciencia: su misericordia sobrepuja a todas sus obras. Lejos de olvidar el Señor al hombre, muestra sobre él una continua vigilancia, llamándole con saludables pruebas, y humillándole con aflicciones para que vuelva sobre sí”.

“Cuando nos apartamos del camino de la justicia, el Señor nos habla al corazón, nos advierte nuestro extravío y corrige nuestras faltas, para que, abandonando la iniquidad, creamos en Él. Es lento en castigar al pecador: su misericordia contiene su justicia, que solo suspende el golpe para dar lugar a que el pecador se arrepienta, purgue sus culpas y obtenga el perdón. De este modo nos enseña Dios a esperar en Él, y nos dispone a la justificación”.

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