La importante Dedicación de San Juan de Letrán

El 9 de noviembre la Iglesia celebra la primera Dedicación solemne de los templos consagrados a Dios que se hizo en la cristiandad. La de aquella célebre iglesia que el Emperador Constantino mandó erigir en Roma, fue hacia el principio del siglo IV, en su mismo Palacio de Letrán sobre el monte Celio, a la que llamó la Iglesia del Salvador, porque fue dedicada en Su honor. 

La Dedicación es una ceremonia sagrada que se celebra cuando se dedica una iglesia o un altar, y su fiesta se repite todos los años con este nombre. 

Leemos en Eusebio que el mayor gozo y la mayor gloria de toda la Iglesia fue cuando Constantino, el primer Emperador cristiano, permitió que en todo el Imperio se erigiesen templos al Dios verdadero, lo que hasta entonces había estado prohibido por los Emperadores paganos, de forma que por más de trescientos años los cristianos no tuvieron libertad para juntarse sino en secreto, y en lugares subterráneos, donde cantaban las alabanzas a Dios, y celebraban el santo sacrificio de la Misa. 

Es verdad que siempre, desde el mismo nacimiento de la Iglesia, hubo casas particulares, y sitios ocultos, destinados para que los fieles se juntasen en ellos, y que se llamaban Oratorios, donde a pesar de las más furiosas persecuciones, concurrían a oír la palabra de Dios y a participar en los divinos misterios. Pero, ¡qué gozo universal y qué glorioso triunfo sería el de toda la Iglesia cuando el Emperador ordenó que se erigiesen iglesias en todas partes! Entonces, dice Eusebio, en todas las ciudades del Imperio se vieron levantar nuevos y soberbios Templos, dedicados al verdadero Dios, o convertirse en iglesias, después de purificados, los más magníficos de la antigua gentilidad. 

Pero este gozo y este triunfo, sobresalía principalmente en la Dedicación de todos aquellos Templos esparcidos por el mundo, que en todas partes se celebró con tanta solemnidad y magnificencia que en nada cedía a la que vio la Ley antigua en la Dedicación del templo de Jerusalén. 

El mismo Eusebio, que fue testigo presencial, se explica de esta manera: “Era espectáculo tierno, y por largo tiempo deseado, ver la solemnidad y la devoción con que en todas partes se celebraba la Dedicación de nuestras iglesias. Concurrían de las Provincias más remotas gran número de Obispos para autorizar y hacer más célebre la solemnidad. En aquella concurrencia de gentes de tan diversas naciones, mostraba bien la caridad de los fieles que en aquellos Templos terrenos y materiales consideraban una como imagen de la junta de los Bienaventurados en el Cielo, donde incesantemente están cantando alabanzas al Señor; pues todos los fieles se unían y se juntaban en una misma caridad, y en la unidad de una misma Fe, para formar un cuerpo místico, cuya cabeza y alma es Jesucristo. El Obispo que edifica una iglesia y la consagra es perfecto imitador de Jesucristo, y edifica como Él un Templo en la tierra, que es imagen de el que los Santos y los Ángeles componen en el Cielo”. 

Esto que nos dice Eusebio nos enseña que toda la magnificencia, toda la majestad que vemos en nuestras iglesias y todas las ceremonias con que se consagra son misteriosas y representan el glorioso cuerpo de Cristo, después de Su resurrección, vestido de gloria, ostentando Su dominio sobre toda la tierra, comunicando su nueva vida a los fieles, y deseando levantarlos Consigo al Cielo, para que el Cielo y la tierra formen un mismo Templo, siendo los Ángeles y los hombres Templos vivos del Dios vivo. 

El mismo historiador refiere muchas célebres Dedicaciones que se hicieron. Pero ninguna es más célebre que la primera, y éesta fue la magnífica Iglesia del salvador en Roma, llamada comúnmente Basílica de San Juan de Letrán. 

El Cardenal baronio, siguiendo a San Jerónimo, dice que el sitio del Monte-Celio, donde se edificó la Iglesia y Palacio de Letrán, pertenecía a los herederos de Plaucio Laterano, rico ciudadano romano y electo Cónsul, a quien mandó matar Nerón. El Emperador Constantino donó este Palacio al Papa Melquíades, que en el año 313 celebró en él un Concilio de 18 Obispos, sobre la causa de Ceciliano contra los Donatistas. 

Habiendo sucedido a San Melquíades el Papa San Silvestre en el año 314, se granjeó tanto la estima del Emperador, que hallándose en Roma, por consejo del mismo Santo, mandó se edificasen Templos al Dios verdadero en toda la extensión de su Imperio, a quien el mismo Emperador quiso dar ejemplo haciendo se erigiese a su costa en el Palacio Laterano la magnífica iglesia que San Silvestre consagró, dedicándola al Salvador, no sólo porque se dejó ver Su imagen pintada milagrosamente en la pared, sino también porque Jesucristo es la cabeza de la Iglesia. 

Constantino dotó a esta Iglesia con tierras y posesiones de grandes rentas. La enriqueció con vasos, joyas y preciosos ornamentos, y consiguió fondos considerables para la conservación de las lámparas y la manutención de los Ministros. Se celebró la Dedicación con toda la magnificencia y solemnidad imaginable. 

Esta famosa iglesia, reputada siempre por madre de todas las demás, tuvo diferentes nombres. Se llamó la Basílica de Fausta, que en griego significa Palacio Real, porque la Princesa Fausta tuvo su palacio en aquel sitio. Luego la Basílica de Constantino, porque él la edificó. Mas adelante la Basílica de San Juan de Letrán, por las dos Capillas que se erigieron en el Baptisterio, dedicadas una a San Juan Bautista y la otra a San Juan Evangelista. Con el tiempo se llamó la Basílica de Julio, por haberla aumentado considerablemente el Papa Julio I. Pero el mayor de todos sus nombres es el de la Basílica del Salvador, con cuyo título se celebró su Dedicación, y el más conocido en la actualidad es San Juan de Letrán. 

El Cardenal San Pedro Damián dice de ella: “La Iglesia de San Juan de Letrán,a sí como tiene nombre del Salvador, que es la Cabeza de todos los escogidos, así ella es Madre, Cabeza y Corona de todas las Iglesias que hay en el mundo: es la cumbre de toda la Religión Cristiana, y en cierta manera es Iglesia de las Iglesias, y Sancta Sanctorum”. 

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