La Fiesta de la Presentación de la Virgen

La Presentación de María en el templo es un acto demasiado importante e instructivo para que la Iglesia no se apresurase a consagrarlo por medio de una fiesta solemne. El Oriente fue el primero en celebrarlo, pues se halla ya en las constituciones del Emperador Manuel Comneno a mediados del siglo XII, en 1143.

Dos siglos más adelante, en 1374, esta festividad pasó a Occidente después de las Cruzadas, bajo el reinado de Carlos V, Rey de Francia. He aquí en qué términos escribió este religioso Monarca a los doctors y estudiantes del colegio de Navarra en París:

“He sabido por el Canciller de Chipre que la Presentación de la Virgen en el templo se celebra con mucha solemnidad en Oriente el 21 de noviembre. Hallándose este Canciller de embajador del Rey de Chipre y de Jerusalén en Aviñón, habló con el Papa de esta fiesta religiosamente observada por los griegos, y le presentó su oficio. El Papa lo examinó, mandó que lo examinasen los Cardenales y algunos teólogos, lo aprobó después, y permitió la celebración de esta fiesta que él mismo solemnizó con gran concurso del pueblo. habiendo venido dicho Canciller a Francia y habiéndome presentado este oficio, he mandado celebrar la fiesta en la santa Capilla, a la cual han asistido varios prelados y otros señores, y el Nuncio del Papa, que ha pronunciado un elocuente sermón” (Tomasino, lib. II, c. 20).

De este modo pasó, pues, la fiesta de la Presentación de Oriente a Occidente, y especialmente a Francia, donde se observó por el mandato del piadoso Rey. Los sucesores de Gregorio IX, a quien mostró el oficio de la Presentación el embajador de Chipre, enriquecieron con numerosas indulgencias tan hermosa fiesta, que llegó a convertirse en una de las solemnidades de la Iglesia.

Los fieles en la celebración de esta fiesta deben tener tres cosas en particular consideración, para entrar en el espíritu de la Iglesia: la piedad de los padres de María, la temprana edad en que María se consagró al Señor y la perfección de su sacrificio.

Oración para esta Fiesta

Virgen Santa, después de admirar la piedad de vuestros padres, que os condujeron al Templo desde vuestra infancia para consagraros al Señor, admiramos la gloria inefable a que habéis llegado, viniendo a ser el Templo vivo del mismo Dios.

Haced por vuestra intercesión que todos aquellos que celebran vuestra Presentación, merezcan por sus virtudes y por el perfecto cumplimiento de los votos del bautismo, ser presentados algún día en el Templo de la gloria, para estar en él eternamente. Amén.

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