La fiesta de la Ascensión

Se llama a este día del Señor, por haber exaltado en él, por su propia virtud, su humanidad sacratísima, llevándola hasta el trono de la Trinidad. En este día comenzó la posesión de la Gloria que han de gozar nuestros cuerpos por ello debe ser el día de la mayor alegría y gozo espiritual de los fieles. Nosotros somos verdaderos miembros de Jesucristo, y como a tales nos cabe la mayor gloria cuando nuestra cabeza ocupa su trono a la diestra del Eterno Padre. Allí deben volar hoy nuestras almas en alas de la verdadera devoción, apartando la vista de todo lo terreno.

Se llama día admirable, por la admiración que causó a los Ángeles este prodigio, de tal forma que algunos preguntaban a otros quién era aquel cuyo cuerpo maltratado poco antes por los hombres, veían ya Deificado y coronado de inmortal gloria. Y por ello mismo causó admiración a los discípulos cuyos ojos quedaron fijos en el Cielo, a vista de este portento.

Fue también admirable porque la naturaleza humana pisó entonces por primera vez aquellas altísimas esferas, y se elevó sobre todos los espíritus celestiales, aunque eran de naturaleza superior.

Siempre ha juzgado la Iglesia que se debían manifestar al Señor los efectos más singulares de gratitud por tanto beneficio. Los Apóstoles ordenaron que se celebrase esta festividad por espacio de cuarenta días, desde la Domínica de Resurrección hasta el presente. Y aún por tradición de los mismos se consagraban al Señor, y guardaban como días festivos todos los jueves del año en reverencia de este misterio.

San Agapito, Papa y mártir, no teniendo por conveniente el excesivo número de fiestas que fomentaban el ocio y perdición de los cristianos, mandó que cesase la observancia de la de los jueves, y sustituyó una solemne procesión que debía hacerse los domingos en todas las iglesias, representando en ella la que Jesucristo hizo desde la ciudad hasta el Monte de los Olivos, con sus discípulos. Por ello en tales procesiones era costumbre cantar el Responsorio de la Ascención.

Por último este día está destinado por la Iglesia para celebrar el Misterio de la Ascensión, que se obró en él. La hora del mediodía se solemniza tan particularmente por ser la misma en que Nuestro Redentor subió a los Cielos. En esta hora colmó con su bendición a los apóstoles y discípulos. Desde siempre ha deseado la Iglesia que se derramen sobre sus hijos los admirables frutos de esta bendición, y ofrecía para ello a esta hora en todos los templos, al Eterno Padre, el santo sacrificio, haciendo que sus ministros repitiesen incesantemente las divinas alabanzas.

Esta es la hora en que los fieles deben derramar sus corazones al pie de los altares, ofrecerlos contritos y humillados, y dirigir las más fervorosas súplicas para hacerse participantes de los frutos de aquella misteriosa bendición, que el Señor dio a sus apóstoles, y en ellos a toda la Iglesia que acababa de fundar con su propia Sangre.

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