La cremación no es católica

Pregunta: Buenas y gracias por su trabajo. Quisiera preguntar por las incineraciones. ¿Cuál es la postura que tenemos que tener los católicos? He visto que hoy no es tan raro verlo entre nosotros. ¿Está bien? Y si está mal, ¿qué puedo hacer para evitarlo en mi caso? Gracias y bendiciones.

Respuesta: La gracia del Espíritu Santo sea en su alma y le conserve en Su santo amor. La cremación es una forma no católica y aberrante de eliminación del cuerpo tras la muerte. Aún más: no sólo no es católica sino que es anticatólica. Verá usted, el canon tradicional ordena incluso que al cuerpo cremado se le puede negar un entierro eclesiástico. Así de clara es la Santa Iglesia al respecto. Otra cosa es la desviación de la sana moral y recta doctrina que usted puede haber visto. Esas aberraciones debe usted rechazarlas y hacer tanta reparación como le sea posible.

La cremación es pagana, por un lado, y anticatólica por otro, desde dos vertientes históricas. Por un lado está la costumbre pagana acentuada, sobretodo, en el período más corrupto de la antigua Roma, hacia el final de la República a mediados del siglo III. Por el otro el anticatolicismo del siglo XVIII bajo la furia de ateos y agnósticos “ilustrados” que vieron en quemar los cuerpos como un signo visible de la negación de la existencia del alma.

Desde otro aspecto, tiene usted la cremación como práctica común entre paganos del Asia, como hinduistas, budistas y otros creyentes en la reencarnación. Y es comprensible, pues si el cuerpo no es un templo del Espíritu Santo, algo sagrado, sino tan sólo el contenedor de una partícula divina que, tras la muerte, pasa a otro ser como un cerdo, un hongo o una bacteria, puede usted quemar ese “vestido usado e inservible”.

El entierro de los muertos es un deber cristiano de la caridad, una obra de misericordia, que proviene ya desde las costumbres del antiguo Israel y principalmente desde la venida del Salvador, de quien su Sagrado Cuerpo no fue lanzado para ser devorado por las llamas ardientes, pese a haber sido muerto por manos romanas. En Él tenemos el más glorioso de los ejemplos que aprender sobre el respeto por el cuerpo. Como modelo absoluto de perfecciones, el testimonio del Señor nos dicta no permitir esa práctica.

La modernidad ha pervertido aún más, si es posible, esta aberración, con un neopaganismo espantoso que niega incluso la solemnidad que podría haberse encontrado entre paganos antiguos o los ritos iluministas. Hoy se hace una fiesta o se opera bajo una indiferencia carente de todo respeto a lo sagrado. Ya no basta con prenderle fuego al templo del Espíritu Santo, creado por Dios a Su imagen y semejanza. No. Prosiguen su perfidia negándole el reposo en, digamos, una cajita donde reposar: hoy en día el contenido del cenicero se arroja al jardín, el mar, un río o un bosque. Que Dios tenga misericordia de ellos.

La cremación sería admisible, sí, en casos extraordinarios como medio de evitar males mayores como por ejemplo la posibilidad de mortandad por pestes o guerras donde es complejo el entierro individual. Quedarían las fosas comunes, podríamos responder, pero se podrían considerar esos casos como admisibles con reparos.

Hay quienes, con una mentalidad economicista, promueven la cremación por asuntos de costos. No les basta que los gastos puedan reducirse a mínimos si es preciso, sin que la cremación pueda compararse por ser más cara. Si se insistiese, puede recurrirse, como desde siempre, en una fosa común, siempre disponible. La santa sepultura, de mayor costo, no es obligatoria aun cuando sea más deseable.

Respondiendo a su inquietud por su propio entierro y considerando el actual estado de confusión moderna que no excluye a muchos miembros de la Iglesia, aconsejamos a usted dejar instrucciones específicas al respecto, señalando su voluntad de un funeral tradicional, con copias a sus familiares y con sendos respaldos a su abogado y sacerdote tradicional. Así puede asegurar usted que se sabrá hacer apenas ocurrida su muerte. Para ello debe charlar con su sacerdote y discutir los términos. No puede recargar en sus hombros el peso de determinaciones de último minuto para realizar un funeral tradicional. Naturalmente, y por simple justicia, se espera que usted sea partícipe activa de la parroquia y que contribuya con una donación si le es posible. En caso de no tener acceso a los santos ritos, investigue usted las posibilidades y prepárelas con tiempo.

Finalmente, podemos sugerir un texto de su voluntad, que debe ser revisado según las condiciones de su país. Se sugiere otorgarle las condiciones legales necesarias para su validez e incluir aspectos como el cuidado de su salud si a usted no le fuese posible expresarla por sí misma, por ejemplo, eutanasia o extracción de órganos. También de antemano adquiera o acuerde el uso de un terreno funerario en un camposanto.

 El texto podría ser así:

Instrucciones para un funeral tradicional

Yo …………, en pleno ejercicio de mis facultades, mando y ordeno que mi funeral sea realizado de la siguiente manera, bajo la supervisión de quienes he designado como ejecutores.

Cuando mi alma haya sido llamada por el Señor, pido que sean recitadas, por cinco décadas, los cinco misterios del Santo Rosario por el descanso de mi alma.

Todos los servicios religiosos han sido asignados a [organización o sacerdote tradicional]. Estas medidas deberán incluir el Oficio de Difuntos, el Réquiem tradicional católico romano, la Santa Misa (Misa Mayor con canto gregoriano si es posible), Absolución, y el servicio fúnebre.

Pido que se pague una remuneración adecuada a [organización o sacerdote tradicional] para organizar Misas gregorianas recitadas por el reposo de mi alma.

Pido que se me entierre o sepulte en [nombre del cementerio], sin cremación.

Confiamos haber respondido adecuadamente a su consulta. Rogamos sus oraciones por nuestro apostolado. Cuente usted con las nuestras como realizamos por todos nuestros lectores.


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