La Cátedra de San Pedro

Habiendo querido Dios que aquella misma Roma que por espacio de tantos siglos había sido la maestra del error, el centro de la superstición y el asiento del paganismo, fuese después la maestra de la verdad, la silla de la fe, la cabeza de la religión y la madre común de todas las iglesias; era conveniente que todos los fieles celebrasen la época de esta felicidad, y que cada año se solemnizase el nacimiento de aquella primera iglesia del mundo, o mejor dicho, el día en que se estableció la fe de la Iglesia universal en Roma. Este es propiamente el espíritu de la presente festividad, tan antigua en toda la Iglesia.

Es, pues, la fiesta de la Cátedra de San Pedro en Roma el aniversario o la memoria de aquel afortunado día en que San Pedro, después de haber fundado la Iglesia de Antioquía, vino a establecer su silla en la capital del universo, convirtiéndola en cabeza de todo el orbe cristiano. Sucedió esto cerca del año 48 de Jesucristo, hacia el fin del segundo emperador Claudio, y cuando comenzaba el imperio de Nerón. Veinticinco años regentó San Pedro esta Cátedra romana, y coronó en la misma ciudad sus apostólicos trabajos con un glorioso martirio.

Pero no solo celebra en este día la Iglesia la memoria del establecimiento de la silla apostólica en la ciudad de Roma, sino que al parecer comprende también en la misma festividad aquella gloriosa confesión que hizo San Pedro de la divinidad de Jesucristo, y el nombramiento que después de esta solemne confesión hizo Cristo de San Pedro para Vicario suyo en la tierra, cabeza visible y piedra fundamental de su iglesia, perpetuándola en él y en todos sus legítimos sucesores.

Por eso sin duda cuando se celebraban en un mismo día las dos cátedras de Antioquía y de Roma, como se observó por algún tiempo, se contentaba la Iglesia con querer solemnizar el obispado de San Pedro en general. Y en este sentido el autor de la carta que se atribuye a San Agustín dice que se celebra ene ste día la Cátedra de San Pedro, porque en él fue cuando el Apóstol ascendió al trono del Pontificado. Llamaron, dice, nuestros padres a la solemnidad de este día la Cátedra de San Pedro, porque se asegura que en este mismo día el Príncipe de los Apóstoles tomó posesión de la silla episcopal.

Sin duda que por este mismo motivo, a ejemplo de la fiesta anual de la dedicación de las iglesias, se obligaba a los Sumos Pontífices, y aún también a los prelados inferiores, a que celebrasen cada año el día de su consagración.

San León Papa, en el sermón que hizo en honor del Príncipe de los Apóstoles, dice ser muy conveniente que aquella ciudad, que era cabeza de todo el mundo, fuese también el centro de la religión, para que colocada en ella la luz de la verdad, criada para alumbrar y para salvar el mundo todo, se difundiese más eficazmente a todas las partes del universo. Y añade que el Príncipe de los Apóstoles, después de haber conducido la luz de la fe en toda Judea, después de haber fundado la Iglesia de Antioquía y predicado en Galacia, Capadocia, asia y Bitinia, vino a colocar su silla en la misma Roma, y levantó sobre el capitolio el trofeo de la cruz de Jesucristo.

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