La cabeza de San Juan Bautista

La muerte del santo Precursor fue cerca de la Pascua, como lo dice el Martirologio romano y lo notó San Beda el Venerable. Pero como la Iglesia en aquel tiempo está ocupada en celebrar los sagrados misterios de la Pasión del Señor, traspasó la festividad de la Degollación de San Juan Bautista al 29 de agosto, que es el día en que la segunda vez se halló su preciosa cabeza, porque después de que los discípulos de San Juan supieron que su maestro había sido degollado en la cárcel, tomaron su cuerpo y lo sepultaron con gran sentimiento en Sebaste, que es Samaria, entre dos santos profetas: Eliseo y Abdías. Y allí obró Dios por él muchos milagros, como lo refiere San Jerónimo sobre la profecía de Abdías. 

De la cabeza de San Juan escriben Rufino y los autores de la “Historia Tripartita”, Beda y Simeon Metafrastes, que Herodías la enterró dentro de su mismo palacio, temiendo que resucitase y volviese a juntarse con el cuerpo, y de nuevo reprendiese su adulterio. Estuvo escondida muchos años hasta que el mismo santo la reveló a ciertos religiosos que por su devoción habían ido a Jerusalén, y de esta primera invención se hace mención en el Martirologio romano, el 24 de febrero. Pero el 29 de agosto fue la segunda invención de la sagrada cabeza, que se halló en tiempos del Emperador Valente. 

Queriendo él llevarla a Constantinopla con la decencia y veneración que corresponden a semejante reliquia, nunca pudo hacerlo, porque como era hereje arriano, Dios no quiso darle semejante favor, y la reservó para el piadoso y religioso Príncipe teodosio el Mayor, quien la trasladó con gran pompa y solemnidad a Constantinopla, y le edificó un suntuoso templo. Por esta razón se celebra en este día la Degollación de San Juan Bautista. 

Y también porque, habiendo mandado el mismo Emperador Teodosio que todos los templos de los ídolos fuesen derribados, llegando este mandato a Alejandría, siendo Teófilo Obispo de aquella ciudad, se derribó el ídolo de Serapis, que era famoso en el lugar, con gran pesar de los paganos. En aquel lugar se fundó luego una iglesia, y la consagraron en este mismo día al Señor bajo el nombre de San Juan Bautista, y allí pusieron sus santas reliquias. 

Gracias a esto cayó en gran parte la superstición y el culto a los falsos dioses en aquella provincia, y comenzó a florecer el cristianismo. Pagó bien el santo Precursor a Teodosio su devoción y el servicio que había hecho, porque antes de que emprendiese la guerra peligrosa que hizo contra Eugenio Tirano se recogió el buen Emperador en el templo de San Juan, que él había edificado para hacer oración, y tomarle por abogado y patrón en aquella jornada. Y tanto lo consiguió, que cuando se dio la batalla, refiere Sozomeno que salió de este mismo templo un demonio dando horribles alaridos y aullidos contra San Juan, diciendo estas palabras: “¿Tú me has de vencer a mí, y desbaratar mi ejército?”. Esta es la señal de que el santo favoreció a Teodosio, pagándole con una señalada victoria su devoción y su servicio. 

Es muy distinto lo que sucedió con el impío Juliano el apóstata, que pretendió quemar el sagrado cuerpo del glorioso mártir y derramar sus cenizas, pensando que de esa forma podría extinguir la gloria de Cristo. Sus ministros paganos empezaron a hacerlo, y en parte lograron lo que deseaban, con furia e impiedad. Pero Nuestro Señor hizo que algunos católicos que venían de Jerusalén a Sebaste, donde se cometía aquel sacrilegio, se mezclaran disimuladamente entre la gente que allí se reunía, y recogieran muchos de los huesos y preciosas reliquias de San Juan. Y después de la muerte de Juliano quedó su sepulcro en pie, con gran veneración de los fieles, como cuenta San Jerónimo. 

Con el paso del tiempo, la cabeza de San Juan Bautista fue llevada a Roma, y se colocó en el monasterio de San Silvestre, donde se encuentra hasta la fecha, como lo dice el Martirologio romano y por estar allí la cabeza de San Juan, se llamó a la iglesia de San Silvestre ‘ad caput’, como lo notó el Cardenal Baronio, en las Anotaciones del Martirologio y en el cuarto tomo de sus Anales. Y también lo menciona San Pedro Canisio. 

Las reliquias de este gloriosísimo Precursor, por devoción de los fieles, han sido repartidas casi por todo el mundo. En Alejandría, en Siria, en francia y en Italia. Y San Paulino de Nola las colocó en su iglesia, mientras que San Gaudencio también lo hizo en la suya. El dedo con que mostró el santo Precursor al Señor dicen que está en Malta, cabeza de la Orden de los caballeros militantes bajo su sagrado nombre, y algunas cenizas se encuentran en la ciudad de Génova, en una capilla de la iglesia catedral de San Lorenzo. Han sido reverenciadas con gran devoción, y Dios hizo grandes milagros por su intermedio, especialmente cuando se embravecía el mar, y poniendo las cenizas delante se calmaba. 

Otros lugares fueron enriquecidos con las reliquias de San Juan Bautista, y se obraron grandes milagros por su intercesión. Algunos de ellos los refiere San Gregorio de Tours en el libro de “La gloria de los mártires”.

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