Himno de alabanza a Dios Creador

Todos los ejércitos celestiales glorifican la fuerza y la majestad de mi Creador, y todas las esferas que ruedan en el inmenso espacio, celebran la sabiduría de sus obras: el mar, las montañas, los bosques, los abismos, creados por un acto de su voluntad, son los pregoneros de su amor y de su poder.

¿Deberé callar yo solo? ¿No entonaré yo un himno a su alabanza? ¡Ah! quiero que mi alma se eleve hasta su trono; y si mi lengua apenas puede articular palabra, a lo menos las dulces lágrimas que corren de mis ojos explicarán el amor que le tengo.

Sí, mi lengua titubea, pero tú lo ves, ¡oh Señor! El altar de mi corazón arde con los fuegos más santos. ¡Ah! aunque yo pudiera mojar mi tímido pincel en las llamas del sol, aun no podría trazar una débil línea, un ligero bosquejo, un sólo rasgo de tu esencia. Aún los puros espíritus no pueden ofrecerte sino imperfectas alabanzas.

¿Con qué poder brillan con tanto esplendor millares de soles? ¿Quién determina el curso maravilloso de esas esferas que ruedan sobre nosotros? ¿Quién las une entre sí? ¿Qué fuerza las anima? Tu soplo, ¡oh Eterno! sólo tu voz poderosa.

Todo es tuyo, y todo existe por ti. Tú llamas a los mundos, y corren a obedecerte en el espacio. Entonces nació nuestro globo: los pájaros, y los peces, los ganados y las bestias salvajes que se alimentan en los bosques, el hombre en fin, vinieron a habitarle, y a gustar en él del más dulce júbilo.

Tú regocijas nuestros ojos con aspectos alegres y muy varios; ya se pasean sobre el verde prado, o contemplan los bosques que parecen tocar a las nubes; ya ven brillar el rocío que derramas sobre las flores, y siguen en su curso al líquido arroyuelo en que viene a reflejarse la floresta.

Para romper la violencia de los vientos, y para ofrecernos de una vez un espectáculo que nos encante, se elevan sobre la tierra las montañas de donde nacen las fuentes saludables. Tú riegas con lluvias y rocío los valles áridos, tú refrescas el aire con el soplo blando del céfiro.

Por tu orden extiende a nuestros pies la mano de la primavera alfombras y tapices verdes; tú doras nuestras espigas; tú das el color de púrpura a nuestros racimos; y cuando el frío viene a entorpecer a la naturaleza, le cubres con el velo de la escarcha.

Por tí el espíritu del hombre penetra hasta en esa bóveda estrellada; por tí conoce lo pasado, sabe discernir lo falso de lo verdadero, la apariencia de la realidad; por tí juzga, desea o teme, por tí se libra del sepulcro de la muerte.

Señor, mi boca hará resonar eternamente tus grandes obras; sólo te pido que no desprecies las alabanzas del que no es sino un débil gusano en tu presencia. Tú que lees lo que pasa en mi corazón, recibe los movimientos que siente sin poder explicarlos.

Cuando ceñida mi frente con la corona de la inmortalidad me presente delante de tu Trono, entonces ensalzaré tu majestad con cánticos más sublimes. ¡Oh momento tanto tiempo deseado! Ven prontamente, acelérate momento afortunado, en que han de inundar mi corazón unos júbilos tan puros como perpetuos.

Tagged with:     , , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: