Hacer el bien a quienes nos odian

El horror de la revolución francesa ensombrecía las tierras de la primera nación católica. Sus verdugos, entusiastas, recorrían las calles a la caza de nobles, religiosos, campesinos y de quienquiera que no compartiese su odio igualitario.

En una choza solitaria, pobrísima, se refugia el joven cura de Figeac. En el secreto y oscuridad, celebraba los Santos Misterios rodeado de una multitud devota y silenciosa que a riesgo de sus propias vidas acudían a honrar al Señor.

Sorpresivamente se oyen ruidos inquietantes. Pasos preceden a un joven muchacho, vivamente alterado, que avisa: “¡vienen los soldados”· El natural terror se apodera de los presentes. La confusión y temor invadió a ancianos, hombres, mujeres y niños.  Corrieron hacia las puertas para huir. El santo sacerdote, volviéndose hacia el pueblo, sin conmoverse, dijo: “Hermanos míos, el Sacrificio empezado se debe concluir. Dios está con nosotros: roguemos”.

Volvió su rostro hacia el altar, inflamado de amor en esas tristes horas. Consumió las sagradas especies. Entretanto los soldados, llenos de odio a Dios, se apoderaron de la puerta y los alrededores. El santo varón, aprovechando la confusión, al concluir sus piadosos ritos se despojó de los ornamentos sagrados.  Ayudado por los fieles más valientes, que sabían que sería éste la presa más codiciada por los igualitarios, logró escapar por una de las ventanas laterales que daban al campo. Desde allí comenzó a correr a toda prisa, pero no pudo ocultarse a la vista de los soldados que rodeaban el  templo improvisado. Y viéndole a cierta distancia, dieron voces de alarma comenzando a perseguirle. Cruzó cercos, saltó tapias, sin saber por donde iba el buen sacerdote hasta que enfrentó un rio caudaloso y se lanzó a nadar alcanzando la orilla opuesta, donde se encontró con un enorme peñasco. Reuniendo sus fuerzas lo escaló hasta llegar a la loma perdiéndose a la vista de sus perseguidores. Y se arrodilló para dar gracias a Dios. Podría seguir sosteniendo a la comunidad de perseguidos por los criminales que cometían sus fechorías en nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Rezaba con fervor cuando escuchó unos gritos lastimeros. Se asomó y vio a uno de los soldados que le perseguían atrapado por la corriente del río.  Estaba ahogándose.

“Haced el bien a quienes os persiguen y aborrecen”, dijo para sí, “corramos a amparar a este desdichado”.

Y bajó con rapidez, a costa de su salud y seguridad, llegando al río, donde se lanzó al agua. Se zambulló dos veces para encontrar al desdichado revolucionario. Al fin encontró el cuerpo insensible del pobre hombre y lo llevó a la orilla. Momentos después el soldado, lleno de odio hacia la santa religión, recuperó los sentidos ¡y cuál no sería su sorpresa al ver a quien le debía la vida!

– “¿Cómo? ¿Vos, señor cura? ¿Sois quien me ha salvado?”

– “Si, señor; y ahora soy vuestro prisionero. Aquí me tenéis”

– “¡Nada de eso! Que moriré antes de tocaros un solo cabello, señor cura: vos no sois un hombre, sois un ángel”

– “Pues, ¿por qué me perseguíais? ¿por qué me queríais matar?”

El hombre, revolucionario pero hombre de armas al fin, exclamó:

– “¡Ah! ¡Que nos tienen engañados! Nos hacen creer que sois hombres perversos, tigres sedientos de sangre humana. Y yo he hallado en vos a mi más grande bienhechor y amigo. Pero vienen los soldados; huid señor cura, escondeos, escapad; yo no podré salvaros; huid mientras os queda tiempo”

– “Y vos, mi buen amigo, quedaos con Dios y poned el colmo al consuelo que tengo de haberos salvado la vida, dejando de perseguir a quienes quieren servir a Jesucristo, a Dios”

Y los dos se separaron para no encontrarse más en esta vida.

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: