Glossa Ordinaria e Interlinearis

Originalmente la palabra glosa fue usada por Aristóteles para significar una palabra difícil en el texto de un autor, y la explicación era llamada glosema. Sin embargo, ya en tiempos de Quintiliano encontramos la palabra difícil llamada “glosema”, y la interpretación era su “glosa”, y este uso continuó durante la Edad Media, traspasándose a los idiomas europeos modernos.

Un Glossarium se distinguía del léxico ordinario por el hecho de que contenía sólo las palabras difíciles del idioma. Hesiquio, un gramático alejandrino del siglo IV, publicó un glosario de este tipo, aunque lo llamó léxico en el prefacio.

Las glosas que ilustran el lenguaje de la Escritura fueron recogidas por Ernesti de las obras de Hesiquio, Suidas (un autor del siglo X), Favorino (un benedictino italiano del siglo XVI), así como del “Etymologicum Magnun” de un autor desconocido del siglo XI, y publicado en Leipzig en 1785-6, bajo el título “Glossae Sacrae Hesychii”.

Hay dos glosas principales de la Vulgata. La primera es la “Glossa Ordinaria”, de Walafrid Strabo, un alemán nacido en el año 807, que tenía cierto conocimiento del griego y se basó en muchos autores patrísticos, especialmente Orígenes, San Agustín, San Jerónimo, San Ambrosio, San Gregorio Magno, San Isidoro de Sevilla, San Beda, Rabano Mauro, etc. Su objetivo era dar el significado literal, aunque en ocasiones añadía el sentido místico y el moral. Esta glosa fue citada por la alta autoridad de Santo Tomás de Aquino y por otros eruditos, y fue conocida como “la Lengua de la Sagrada Escritura”. De hecho, desde el siglo IX al XVII fue el comentario favorito de la Biblia. La “Postilla” de Nicolás de Lyra y las “Adiciones” de Pablo de Burgos sólo fueron adjuntadas a ella.

La segunda glosa, la “Interlinearis”, de San Anselmo, escolástico y deán de Laón (+1117), deriva su nombre de haber sido escrita sobre las palabras en el texto de la Vulgata. San Anselmo tenía cierto conocimiento del arameo, así como del griego, y su Glosa también tuvo gran reputación. Con frecuencia la “Glossa ordinaria” fue insertada en el margen, arriba y a los costados, y la Glosa de Anselmo fue incluida entre las líneas de la Vulgata, mientras que desde el siglo XIV en adelante la “Postilla” de Nicolás de Lyra y las “Adiciones” de Pablo de Burgos fueron colocadas al pie de página.

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