¿Es católico aceptar otras religiones?

Pregunta: 

¿Realmente son católicos ustedes? Me lo pregunto porque “católico” es “universal” y lo que publican no es para nada ecuménico. Podrían revisar su concepto si quieren seguir, ¿no? P.

Respuesta: 

Estimado P., que la gracia del Espíritu Santo sea siempre en su alma y le colme de Su Divino Amor. Tomando su propuesta de revisar los conceptos, respondemos a su pregunta. Se es católico no por la virtud o demerito de nuestros actos sino por la aceptación plena y sin reservas de todo cuanto la Santa Iglesia nos manda creer y practicar. El pecador no deja de ser católico aun cuando tuviese la desgracia merecer el infierno. Un hereje sí pierde su condición por creer y sostener cosas contrarias a la fe. La nota distintiva de catolicidad de la Iglesia no es porque “entra todo sin distinción”, sino porque todos están llamados a la salvación. Y para eso se debe creer y aceptar lo que Ella desea, del modo en que Ella manda y en tanto Ella lo ordene.

Esto en cuanto a la catolicidad. Respecto a su concepto de ecumenismo, no merece el esfuerzo hacer más aclaraciones que las que puede encontrar en un buen diccionario. Es comprensible, sin embargo, su confusión por los actos de los malos católicos que sin temor de Dios ni a Cristo participan de elogios a herejes, conviven con cismáticos, imitan a paganos y escandalizan con sus licencias al pecado.

La Santa Iglesia, Esposa de Cristo, Madre y Maestra de la Verdad, no es “una más” entre las confesiones religiosas. Como un diamante entre más brillantes o más opacos trozos de vidrio y de hielo, Ella es la única verdadera en medio de remedos que a veces conservan algunas de sus propiedades, como la transparencia o el brillo.. Si 2 más 2 son cuatro, cualquier otra respuesta que no sea esa es, por su propia naturaleza, errada. El ecumenismo se basa en la caridad que, por apostolado, escucha e instruye al error procurando su conversión y la salvación de sus almas. Cualquier otra actitud o conducta sería perversa y mala en sí misma. Si un médico sostuviese que la cicuta, por ejemplo, es un gran alimento y salud para los enfermos, de forma irremediable sería denunciado como riesgo para la salud de los cuerpos y tanto la medicina como conocimiento como los médicos condenarían ese error, denunciarían sus consecuencias y prescribirían los medios para alcanzar el bienestar. 

Un “ecumenismo” entre los medicamentos y los venenos sería una locura de consecuencias escalofriantes. Así puede usted considerarlo con todo cuanto implique una oposición entre la verdad y el error. El maestro que ecuménicamente admitiese toda respuesta a “2 más 2” y que “cuatro” fuese sólo una posibilidad, mirada con recelo porque excluye las demás y tiene la arrogancia de calificar como errores a las demás. Los médicos y profesores harán tanto “proselitismo” como alcancen sus medios y fuerzas para enseñar la recta medicina y el goce de la salud, así como los maestros procurarán que se conozcan los verdaderos caminos de sus ciencias. No existen “muchas respuestas posibles iguales ante la original”. Un médico que asesine a sus pacientes sería un criminal y un maestro que acepte respuestas incorrectas sería apartado de su cargo por el daño a sus discípulos. 

Un médico y un maestro no sólo pueden sino que deben ser celosos en cuanto a sus conocimientos y consecuencias. Si para preparar un medicamento se utiliza una matemática absurda, las proporciones de la fórmula pueden llegará matar a un paciente. Imagine las consecuencias para la ingeniería, el comercio, la arquitectura o lo que desee, si las matemáticas y otras ciencias fuesen relativas. Ese celo apostólico les impulsa a avanzar en la verdad, condenar el error y convertir a los ignorantes a la plenitud de su conocimiento. No pueden, por amor a la verdad, aceptar que todas las respuestas sean igualmente válidas o buenas. También les moverá a averiguar las causas del error y enseñar lo correcto, o bien condenar a quien de forma pertinaz se empeñe en su locura o maldad. Ese inquirir, enseñar y condenar es el principio del Santo Oficio.

Ya en las últimas décadas del siglo XIX los pensadores y autoridades de la Iglesia se preocuparon por el surgimiento del llamado “indiferentismo religioso” que era, en pocas palabras, esto mismo, es decir, sostener que todo vale y nada está errado. El llamado “Estado laico” y el relativismo inspirado por las logias masónicas y los estertores del Iluminismo fueron advertidas, corregidas y luego condenadas por pastores e intelectuales de recta doctrina. Si se interesa puede leer el catálogo de errores modernos que compiló el famoso Syllabus de S.S. Pio IX, de santa memoria. Probablemente se sorprenderá gratamente viendo que se condena la idea de que “en el culto de cualquier religión, los hombres puede hallar el camino de la salvación eterna y alcanzar la misma eterna salvación”, o la de que “el protestantismo no es sino otra forma de la verdadera religión cristiana, en la cual se puede agradar a Dios del mismo modo que en la Iglesia Católica”. Vea las proposiciones 16 y 18.

Ahora bien, esto que es plenamente aplicable a quienes conocen la santa religión de Cristo depositada y guardada por la Iglesia, ¿excluye a quienes no la conocen y les condena? Revise al mismo Papa en la encíclica “Quanto conficiamur moerore”, reafirmando el magisterio tradicional respecto a que “aquellos que ignoran invenciblemente nuestra santísima religión y observan la ley natural y sus preceptos – impresos por Dios en el corazón de todos los hombres – y que, dispuestos a obedecer a Dios, llevan una vida honesta y recta, pueden con el auxilio de la luz y de la gracia divina alcanzar la vida eterna […] Pero es también conocidísimo el dogma católico, a saber, que nadie puede salvarse fuera de la Iglesia Católica y no pueden obtener la salvación eterna aquellos que son obstinadamente contumaces para con la autoridad y las definiciones de la misma Iglesia y están obstinadamente separados de la unidad de la Iglesia y del Sucesor de Pedro, el Romano Pontífice, a quien ‘la guarda de la viña fue dada por el Salvador'” (Denzinger, 2866 y 2867). 

Su Santidad Pio XII no es menos claro cuando se dirige al Arzobispo de Boston: “Dentro de las cosas que la Iglesia siempre predicó y nunca dejará de predicar, está la declaración infalible por la cual hemos sido enseñados que no hay salvación fuera de la Iglesia […] Existe un mandato estrictísimo de Jesucristo, pues Él encargó explícitamente a Sus apóstoles enseñar a todas las naciones que observasen todas las cosas que Él mismo había ordenado (Mt XXVIII, 19-20). No es el menor de esos mandamientos aquel que nos ordena a incorporarnos por el Bautismo al Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, y a permanecer unidos a Él y al Vicario de Él, por medio del cual Él mismo gobierna aquí en la Tierra a su Iglesia de forma visible. Por eso, nadie se salvará si, sabiendo que la Iglesia es de institución divina por Cristo, rechace a pesar de eso sujetarse a Ella o se separe del Pontífice romano, Vicario de Cristo en la Tierra. No solamente nuestro Salvador ordenó a todos los pueblos entrar a la Iglesia, Él también decretó que es éste un medio de salvación sin el cual nadie puede entrar en el reino eterno de la gloria” (Carta del Santo Oficio de 8 de agosto de 1949, Denz. 3866-3870).

En beneficio del tiempo, le recomendamos revisar las Sagradas Escrituras, la enseñanza de todos los santos padres, confesores, doctores de la Iglesia, rectos teólogos y sabios apologetas, y toda la doctrina católica, en fin, que sostiene ininterrumpidamente con tantas luces como el más fabuloso de los vitrales, esta verdad. No es bueno, ni santo, ni piadoso, ni correcto ese falso ecumenismo entre “religiones”, que usted destila entre sus palabras, ni “católico” condenar a quienes siguen las enseñanzas del Dulce Maestro y Redentor de todos los hombres.

Cuando se trate de llamados al ecumenismo y a la catolicidad, puede usted tomar las Sagradas Escrituras, dirigirse a marcos, capítulo XVI, versículos 15 y 16: «Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura. Quien crea y fuese bautizado será salvo, pero quien no crea será condenado».

Esperamos sus oraciones por nuestra salvación. Cuenta usted con las nuestras así como de todos nuestros lectores, a quienes nos suscribimos y encomendamos en las nuestras.

Comité editorial
Boanerges · Resistencia Católica

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: