El pecado de escándalo

El escándalo, dice Santo Tomás, es una palabra o una acción que carece de rectitud y causa la ruina del prójimo. El escandaloso es un hombre pernicioso, dice la Escritura; se insinúa con palabras pérfidas; maquina el mal en su depravado corazón, y en todo tiempo siembra discordias (Prov.). El escandaloso, dice san Efrén, pierde la fe, cae en los vicios, desprecia los sacramentos, se burla del infierno, y jamás se ocupa del Cielo (Serm. IV).

¡Ay del mundo a causa de sus escándalos! ¡Ay de aquel hombre que causa el escándalo! dice Jesucristo (Mat. 18:7). La Sagrada Escritura no habla ordinariamente así sino cuando se trata de una falta grave. Nuestro Señor Jesucristo considera el escándalo como un pecado enorme, puesto que dice: Mejor le sería, a quien escandalizare a uno de estos pequeños que creen en mí, que le colgasen del cuello una de esas piedras de molino que mueve un asno, y así fuese sumergido en lo profundo del mar (Mat. 18:6).

Los malos hombres, dice San Pablo, y los impostores irán de mal en peor, errando y haciendo errar a otros (II Tim. 3:13). El escandaloso se ha prostituido a hacer la maldad, dice la Escritura (III Rey. 21:20). Se ha vendido para ser esclavo del pecado, dice San Pablo (Rom. 7:14). El escandaloso es para los demás un principio de ruina; come y bebe la iniquidad, y la devora… Llega hasta los últimos límites del mal, dice el profeta Malaquías (1:4).

El escándalo es un pecado monstruoso que ataca a Dios, al prójimo y al mismo que lo comete; quita a Dios su gloria, al prójimo su alma, y al escandaloso el Cielo. Crimen enorme, porque ¡¿Qué mayor crimen que matar un alma?! Crimen contra el Espíritu Santo, porque ataca de un modo directo la caridad, y el Espíritu Santo es personalmente la caridad misma… Crimen esencialmente opuesto a la Redención. Jesucristo murió para salvar las almas, y el escandaloso vive para matarlas… Así es que el crimen de escándalo es un pecado directo contra el mismo Jesucristo. Lo asegura el gran Apóstol: Pecando contra los hermanos y llagando su conciencia, pecáis contra Cristo (I Cor. 8:13).

Pueden aplicarse al escandaloso aquellas palabras de San Pablo dirigidas al mágico Elimas: ¡Oh hombre lleno de toda suerte de fraudes y embustes, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿no dejarás nunca de subvertir los caminos del Señor? (Act. 13:10).

El escandaloso es la antigua serpiente que seduce con promesas engañosas; es la serpiente escondida en la hierba; es el león que acecha a su presa… Los escandalosos se desvelan para obrar el mal, para hacer caer en el mal, dice Isaías (29:21). Se alegran cuando preparan el mal, dicen los Proverbios, y se estremecen de alegría en la iniquidad (2:14).

El escandaloso, dice San Agustín, se avergüenza del pudor y se vanagloria de no conocerlo (In Psal.). Los escandalosos se han pervertido, dice el Salmista, y se entregan a pensamientos abominables (13:1). Su corazón es un abismo corrompido, la reunión de todos los reptiles inmundos y de cuanto hay más asqueroso (Salm. 53:26).

San Juan Crisóstomo llama a los escandalosos bestias feroces y carnívoras. Y añade: “Los escandalosos dan pie a que los paganos digan: ¿Cuál es el Dios de estos hombres que así viven? (Homil. ad pop.). Y agrega en otra ocasión: “Considerad a este nuevo Herodes, dedicándose a añadir estrago sobre estrago, homicidios a otros homicidios, precipitándose como furioso en todos los excesos, y como poseído por los demonios, lleno de ira, de rabia y de envidia, roto todo freno, ejercitando su rabia contra inocentes (Homil. in Math.).

Los escandalosos son lobos – dice por su parte San Gregorio – que no cesan de devorar diariamente, no a los cuerpos, sino a las almas (Homil.). Lo que los herejes hacen con su enseñanza adúltera – dice San Bernardo – hacen los escandalosos con sus malos ejemplos; y el mal que hacen es superior a los estragos de los herejes, así como las acciones son superiores a las palabras (Lib. Consid.).

El escandaloso carga no sólo ante Dios y ante los hombres con el crimen particular que comete escandalizando, sino generalmente con todos los crímenes que cometen y cometerán aquellos a quienes escandaliza… Así pues, ¿quién abrirá este profundo abismo? ¡Qué juicio, gran Dios, para los escandalosos!

Pero, dirán algunos, los pecados son personales. Es verdad, menos el pecado de escándalo… Pero, añadirán todavía: Y cuando ni siquiera se tenga conocimiento de estos pecados, ¿hemos de responder de ellos? Conocidos o no, contesta San Jerónimo, puesto que vuestro pecado ha sido su origen, los pecados de los demás vienen a ser pecados propios. No los habéis conocido, pero habeis debido conocerlos, habéis debido temerlos y prevenirlos, y esto es lo que habéis descuidado…

Los malos ejemplos de los grandes, de los constituidos en autoridad, excitan y enardecen para el mal: hacen que los demás crean tener derecho a faltar también. ¡Desgraciadas las personas que elevadas al gobierno de las demás, dan escándalo! Los magistrados, los jueces, los pastores, los padres y las madres, los amos y las amas, los preceptores y preceptoras, deben dar especialmente buen ejemplo, so pena de responder de las almas que les están sometidas.

El escándalo puede producirse con palabras, con miradas o escritos, por acción y por omisión.

1. Con palabras. Así como un vaso inmundo esparce olor infecto, así el alma corrompida manifiesta con sus discursos la corrupción que contiene, mancha a los que oyen sus propósitos, y los hace culpables y malos. Su garganta, dice el Salmista, es un sepulcro abierto (v. 11).

2. Escándalo de los ojos. Todas las pasiones se pintan en sus ojos, y se comunican por este medio. Millones de almas hay en el infierno a causa de miradas que han sido para los demás un motivo de caída.

3. Escándalo con los escritos. Los malos libros, ya contra la religión, ya contra las costumbres, las canciones malas, los folletos inmorales, los escritos irreligiosos, mentirosos y blasfemos, las pinturas obscenas, las estatuas indecentes, etc., son deplorables escándalo.

4. Escándalo de acciones. Se reduce al mal ejemplo dado con actos de impureza, embriaguez, ira, venganza, etc.

5. Escándalo de omisión. Las oraciones descuidadas, los santos oficios y los sacramentos abandonados, etc., son verdaderos escándalos de omisión. Escándalo de indiferencia, de pereza.

No deis a nadie motivo alguno de escándalo, dice el gran Apóstol (II Cor. 6:3). Que no salga de vuestra boca ningún discurso malo, sino los que sean buenos para aumentar la fe y den gracia o inspiren piedad a los oyentes, dice el Apóstol (Ef. 4:29). Hemos de obrar sin cesar de modo que toda nuestra conducta sea para los otros un ejemplo continuo.

(Cornelio a Lapide. Comentarios sobre la Sagrada Escritura. Tomo II. 1866)

Tagged with:     , , , , ,

About the author /


Boanerges | Resistencia Católica. Para instruir en la sana doctrina y contradecir a quienes la niegan. "Non nobis, non nobis, Domine Sed nomini tuo da gloriam" | www.elboa.org

Related Articles

Suscríbase a la Resistencia

Suscríbase a la Resistencia

Únase a nuestro apostolado y reciba gratis en su correo todas nuestras actualizaciones, libros y novedades. Rezaremos por todos nuestros suscriptores, familias y actividades.

Galerías Visuales

    BOANERGES | Resistencia Católica

    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

    Sitio Certificado y Verificado

    elboa.org Webutation
    A %d blogueros les gusta esto: