El mundo en llamas

Como Centro de Estudios nuestra misión es analizar la realidad global sin partidismos. Pero la objetividad no impide denunciar, sino más bien obliga, a los principales criminales y a sus víctimas. Hoy en día el cristianismo y en particular los católicos son la religión más perseguida del planeta. Junto a ellos budistas, minorías musulmanas, hmongs, uigures o cultos animistas, entre otros, representan grupos raciales o religiosos que son sistemáticamente reprimidos muchas veces en un intento abierto de exterminio.

Las recientes declaraciones del secretario general de la ONU Ban Ki-moon que descalifican el genocidio armenio (± 1.8 millones de víctimas) rebajándolo a “crimen atroz”, expresan el clima general de tratamiento para estos casos: se intenta no irritar a los victimarios sin negar la existencia de víctimas. Y esto en el mejor de los casos. Frecuentemente los crímenes son silenciados o ignorados, ya sea por las condiciones del delito (estados represivos que impiden informar) o bien por intereses de los funcionarios (comercio, guerras, inmigración, terrorismo, etc.).

La tratativa de la persecución contra los cristianos es particularmente relevante. En ella se observan todas las condiciones anteriores: negación, paños tibios, conciliaciones, pactos y negociaciones. Sorprende para los observadores externos la conducta de sus líderes y de los responsables de intervenir en el tema. En apariencia, el principio de paz es malentendido y da paso a reconciliaciones con los criminales con una palabra formal de conmiseración por las víctimas.

Por otro lado, esta visión de “paz” entre los cristianos les hace proclamar una suerte de “primavera espiritual” en la tierra.

¿Es esto cierto? En absoluto. Es, por el contrario, una negación radical de la verdad de los conflictos internacionales.

Desde el fin de la segunda guerra mundial el planeta ha vivido constantemente en guerras, persecuciones y matanzas. Tan sólo el comunismo superó los 100 millones de muertos y otras docenas de millones de víctimas entre encarcelamientos, deportaciones y represión. El Islam, con 1.600 millones de fieles, representa una ofensiva agresiva contra las minorías y contra el occidente libre.

Un panorama global

La invasión rusa a Ucrania y anexión de Crimea rememora la política imperialista de la ex Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas hoy lideradas, bajo un nuevo nombre, por un agente de la tristemente célebre KGB. Los mismos métodos tanto como el mismo formato de acuerdos y alianzas, no permiten encender luces de esperanza.

China, con su cortina de humo, aparentemente logra ocultar su cortina de bambú. La estrategia comercial somete a las naciones libres a depender de su benevolencia y callar las represiones y esclavitud dentro de las fronteras amarillas, así como de su aliada Corea del Norte, tal vez una de las naciones más represivas del planeta.

En el mundo musulmán, por su parte, con la guerra en Gaza, Siria, Irak y Afganistán, la ramificación del terrorismo y los atentados en oriente y occidente con su ascenso real o inminente al poder, suelen ser titulares de las noticias que alertan comprensiblemente sobre un aumento de los conflictos. Pakistán, con la guerra contra la India y hoy la violencia islámica figura entre los países más conflictivos del mundo.

África, con las políticas socialistas afianzadas en odios tribales, no parece tener esperanza. Son millones de muertos en conflictos en las últimas décadas y otros millones las víctimas de sus políticas que les condenan al hambre y las enfermedades. La guerra del Congo es el conflicto activo con más muertes (± 5 millones) desde la Segunda Guerra Mundial. Los horrores de Ruanda y Etiopía suelen ser la cara visible del drama del continente negro, sin contar con las matanzas de cristianos en países donde convivieron pacíficamente e incluso fueron mayoría. Nigeria es el emblema del horror que con Boko Haram y sus crímenes masivos contra cristianos simboliza una realidad que sólo salta a titulares cuando las matanzas superan el centenar.

Sudán del Sur, una de las naciones más “recientes” es también una de las más ensangrentadas del mundo, junto con el Sudán original. Irak es el protagonista principal de los Reportes sobre los alcances de la Yihad a nivel mundial, tanto en atentados como en crímenes contra las minorías, denunciado ya desde los sombríos días de Hussein. Somalía, con hambrunas propias del socialismo y hoy con la violencia islámica, no parece tener salida. República Centroafricana ha sido reconocida por la ONU como una situación “precaria” desde la guerra civil (2012) y en aumento. El hostigamiento contra Israel, a nivel de guerrillas y de lobby internacional para eliminarlo, suele recibir un tratamiento parcial e interesado – por parte de socialistas y de islámicos – del drama.

En América naciones como Argentina, Venezuela, Honduras, Costa Rica, Nicaragua, Cuba o Brasil – y hoy Chile -, viven bajo un estado de conflicto e inestabilidad.

Incluso índices relativos de paz (2014 Global Peace Index), o al menos ausencia de conflictos, señalan que en una escala de 162 países y midiendo 22 indicadores, tan sólo una decena de países no presenta conflictos graves en tanto la lista en ascenso de conflictos aumenta. Y es que si para calificar como no conflictivo se requiere que la nación no haya estado involucrada alguna “incompatibilidad impugnada, que se refiere al gobierno y/o territorio donde el uso de la fuerza armada entre dos partes, de las cuales al menos una es el gobierno de un Estado, y se traduce en al menos 25 muertes en combate en un año”, el margen para ignorar otras formas de crisis es amplio.

Guerras, terrorismo, separatismo, narcotráfico, criminalidad, despotismo gubernamental, impunidad, inmigración, terrorismo ambientalista, protestas, represión y luchas de poder, junto a involucramiento en guerras externas y comercio de armas, denuncian un estado mundial que no promete avanzar hacia la paz sino… todo lo contrario.

El mundo está en llamas. Si cabe alguna calificación para la situación de hoy y sus proyecciones futuras, la más alejada de la realidad es una era de paz. Las crisis que se prolongan hasta hoy junto a los conflictos actuales y los latentes, en un clima de colapso global tanto financiero como de gobernabilidad, presentan un horizonte oscuro donde la pasividad y complacencia, cuando la defensa de los criminales, son un factor más de riesgo que las soluciones y reacciones enérgicas que demanda la hora presente.

Matthew T. Baker
Conflictos globales
Aporte de Alerta 360º Internacional

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