El divorcio y la poligamia

“He comparado frecuentemente el divorcio tal cual se acostumbra entre ciertos cristianos con la poligamia de Oriente, porque efectivamente el divorcio es una verdadera poligamia. Los mismos protestantes la consideran del mismo modo, y Teodoro de Beze principia así su ‘Tratado de la poligamia y del divorcio’ impreso en Deventer:

‘Entiendo por poligamia la pluralidad de los matrimonios; la hay de dos especies, o un mismo hombre se casa a la vez con muchas mujeres, o disuelto el primer matrimonio, se casa el hombre con otra mujer”.

En los primeros tiempos de la reforma protestante, los tribunales consideraron el divorcio como una tolerancia tácita de la poligamia. En una colección de providencias judiciales se encuentra el siguiente hecho citado en extracto en el ‘Diario de Jurisprudencia’ de Le Brun: ‘T. Gautier y J. Pourceau, marido y mujer, después de una separación de hecho, se casaron cada uno por su lado. El gobernador de la Rochelle los condenó a ser expuestos durante dos horas delante del palacio atados cada uno a una argolla, el hombre con dos ruecas, la mujer con dos sombreros. Se les obligó a volver a reunirse, y se les prohibió habitar ni casarse con otros bajo pena de la vida; esta sentencia fue confirmada por providencia dictada el 23 de noviembre de 1606′. Los acusados eran de la pretendida religión reformada.

El Diario de Mr. Le Brun refiere así este hecho a otro semejante: ‘Según la relación de un antiguo compilador de providencias judiciales, dice, N. y su mujer, convictos de bigamia en el parlamento de París, fueron condenados solamente a la exposición pública en atención a que eran calvinistas, y que su ley permite el divorcio’. Lo que significa que la bigamia o la poligamia, que nuestras leyes castigaban duramente, parecieron a los tribunales más dignas de excusa en hombres en quienes su religión permitía la disolución del lazo conyugal.

Así, por ejemplo, la policía no toleraría que orientales establecidos en Francia practicasen públicamente la poligamia; pero las leyes no les castigarían por haber hecho uso de ella, por ser una consecuencia de sus costumbres y de sus leyes. Pero si la poligamia de los orientales es tan funesta a la familia como el divorcio, el divorcio es en general más peligroso para el Estado. En efecto, la poligamia deja a los hijos cerca de aquellos que les han dado el ser, y el divorcio los separa forzosamente del uno o del otro. La poligamia, encerrada en el secreto de la familia, se practica sin ruido y sin escándalo; y el divorcio hace renovar sus quejas en los tribunales y divierte la ociosidad dde las conversaciones con revelaciones indiscretas. Los turcos compra la hija de su vecino; nosotros con el divorcio robamos la mujer de nuestro amigo…

Si el hombre lleva a pesar suyo alguna vez una cadena que no puede romper, ¿no sufre en todos los momentos de su vida sus pasiones que no puede domar; su inconstancia que no puede fijar? ¿Y es otra cosa la vida entera del hombre honrado que una continua lucha con sus inclinaciones? Es deber del hombre acomodar en el matrimonio los genios y las inclinaciones y prevenir los disgustos en la familia por la igualdad de su carácter y la prudencia de su voluntad. Pero cuando han decidido su elección únicamente motivos del capricho o del interés contra todas las leyes de la razón; cuando ha fundado la felicidad de su vida sobre lo que no puede producir sino el placer de algunos momentos; cuando ha envenenado él mismo las dulzuras de la unión racional por una conducta débil o injusta, desgraciado por su culpa, ¿tiene acaso derecho de pedir a la sociedad cuenta de sus errores o de sus faltas? ¿Es necesario disolver la familia para proporcionar nuevos placeres a sus pasiones o nuevas aventuras a su inconstancia y corromper todo un pueblo porque hay en él algunos hombres corrompidos?

La unión sucesiva de uno con muchos es la poligamia, el repudio, el divorcio; la unión indisoluble de uno con uno es el matrimonio católico. Por consecuencia, todas las formas del matrimonio se reducen a unidad de unión o pluralidad de uniones… El matrimonio humano es una unión con el objeto de formar sociedad. Se diferencia esencialmente del concubinato que es una unión sin el objeto de formar sociedad, y más aún del libertinaje, que es una unión que tiene por objeto no formar sociedad…

Quítese el catolicismo del Universo, y el divorcio llegará a ser peor que la poligamia de Oriente, ese estado imperfecto de la sociedad doméstica y contra la naturaleza de la sociedad pública que produce la esclavitud, el abandono de los hijos y que no se separa de la promiscuidad de los brutos sino por la reclusión de un sexoo y la mutilación del otro”.

“Del divorcio”. Louis Gabriel Amboise, Vizconde de Bonald. 1845.

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