Devoción del Sagrado Corazón

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús es el recuerdo del amor que Dios nos tiene y un despertador de nuestro amor a Dios. Para concebir pues esta saludable devoción es menester fijar la atención en lo grande del amor de Dios. Dios, que es infinito en todas sus perfecciones, lo es también en el amor. La Sagrada Escritura, que con tanta sencillez sin hipérboles ni exageraciones acostumbra a enseñarnos las sublimes verdades de la Religión llama al amor de Dios exceso (Luc. 5:35) y demasía (Efe, 2:4).

Aun más: Dios nos amó con un amor perpetuo, y por eso nos atrajo a sí compadecido de nosotros. ¿Qué significa este perpetuo de Jeremías? (31:3) Que su amor no tuvo principio y cuanto es de su parte no tendrá fin. Que nos amó antes de existir y que nos ama cuando existimos. Que nos ama si estamos en su gracia y amor y que cuando no, siendo enemigos suyos por el pecado, nos ama y nos reconcilia consigo por la sangre de su Hijo. ¡Oh amor, más fuerte eres aún que la muerte! ¡Oh Dios amantísimo! Bien podéis preguntar ¿qué más debía yo hacer para mi viña de lo que hice? (Isaías 5:4), como igualmente podemos nosotros preguntar, ¿qué más hubiera hecho Dios en la imposible suposición de haber de salvarse a sí, de lo que hizo para salvarnos a nosotros?

Esta es la memoria del divino amor, que nos presenta la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, y por ella va a despertar en nosotros una tierna y fiel correspondencia a tanto amor, a fin de que se cumplan los deseos del amante Corazón de Jesús, que vino aponer fuego en la tierra, y no quiere sino que arda, y más y más se encienda (Luc. 12:49). Pero, ¿en qué consiste esta devoción? ¿Qué es lo que adoramos cuando adoramos al Sagrado Corazón de Jesús? ¿Adoramos acaso aquel miembro particular del cuerpo humano de Cristo como separado de los demás y de la divinidad? Esta es la negra y atroz calumnia, con que algunos herejes, enemigos de esta devoción han pretendido achacar a los fieles devotos del Sagrado Corazón de Jesús.

Mas por la bondad del Señor está formada ya la apología de esta devoción por los inmortales Pontífices Benedicto XIV en parte (De Beatif. Sanct. Lib. 4 parte 2, cap. 31, núm. 21), pero principalmente por Pío VI (Bull. dogm. Auctorem fidei num. 84) y otros (Pío VII y León XII, concediendo indulgencias y gracias), vindicando el honor de tan saludable devoción, y declarando que no se adora al Sagrado Corazón a solas, y como separado de lo demás, sino que se adora toda la persona del Verbo humanado, bajo el símbolo de su Sagrado Corazón, al cual consideramos como centro y sede de su amor, del que han dimanado todas sus obras en beneficio de los hombres.

Es, pues, esta devoción trascendental y unida a todas las fiestas de los Misterios de Cristo. Si le consideramos en su Encarnación, Nacimiento o Pasión, adoramos su Sagrado Corazón de donde salieron estos brillantes rasgos de su amor hasta anonadarse y hacerse obediente para la muerte en Cruz. Si le consideramos en la Eucaristía, aquí es donde más se ve aquel Sagrado Corazón dignísimo de toda adoración: cuando le vemos prodigando con indecible profusión sus dones, trastornando con estupendos milagros las leyes de la naturaleza, y experimentando, contra todo deber de gratitud y correspondencia, la más fría indiferencia de muchos, y los más sacrílegos ultrajes de otros. ¿Y no será razonable que algunas almas amantes, movidas del celo de corresponder a tantas finezas de amor, promuevan esta devoción al Sagrado Corazón de Jesús, en especial en nuestros aciagos días, en que tantos se alistan bajo las banderas de la incredulidad y la impiedad?

Esta devoción al amor de Dios es tan antigua como la Iglesia misma, y ha ganado numerosas gracias, indulgencias y privilegios concedidas por los Sumos Pontífices como una garantía del obsequio que harán a Dios, y del provecho que resultará a las almas de cuantos con espíritu se dediquen a la devoción del Sagrado Corazón de Jesús.

Promesas de Nuestro Señor a quienes sigan esta devoción:

1. Les daré todas las gracias necesarias a su estado.

2. Pondré paz en sus familias.

3. Les consolaré en sus penas.

4. Seré su refugio seguro durante la vida, y, sobre todo, en la hora de la muerte.

5. Derramaré abundantes bendiciones sobre todas sus empresas.

6. Bendeciré las casas en que la imagen de mi Corazón sea expuesta y venerada.

7. Los pecadores hallarán en mi Corazón la fuente, el Océano infinito de la misericordia.

8. Las almas tibias se volverán fervorosas.

9. Las almas fervorosas se elevarán a gran perfección.

10. Daré a los sacerdotes el talento de mover los corazones más empedernidos.

11. Las personas que propaguen esta devoción tendrán su nombre escrito en mi Corazón, y jamás serán borrados de El.

12. Les prometo en el exceso de mi misericordia, que mi amor todopoderoso concederá a todos aquellos que comulgaren por nueve primeros viernes consecutivos, la gracia de la perseverancia final; no morirán sin mi gracia, ni sin la recepción de los santos sacramentos. Mi Corazón será su seguro refugio en aquel momento supremo.

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