Definición: Oblación

Este término es algunas veces sinónimo del de ofrendas; significa lo que se ofrece a Dios y la acción misma de ofrecerlo, pero en materia de ceremonias designa particularmente la acción del sacerdote, el cual antes de consagrar el pan y el vino, los ofrece a Dios a fin de que se conviertan, por medio de la consagración, en Cuerpo y Sangre de Jesucristo. Esta es una parte esencial de la misa, y en muchas liturgias antiguas la misa entera es llamada oblación.

Así por esta acción se comenzaba lo que se llamó en otro tiempo “la misa de los fieles”. Todo lo que precede a la oblación se llamaba, en el siglo IV, la “misa de los catecúmenos”, porque inmediatamente antes de la oblación se hacía salir de la iglesia a los catecúmenos y a los que estaban en penitencia pública. No se permitía asistir a la oblación, a la consagración y comunión, más que a los fieles que se hallaban en estado de participar de la Sagrada Eucaristía.

Como los protestantes no han querido reconocer en este misterio ni la presencia real de Jesucristo, ni el caracter de sacrificio, se han visto obligados a suprimir la oblación. Este acto anuncia con demasiada claridad los dos dogmas que quieren desconocer. Y en efecto, ¿por qué manifestar tanto respeto para con el pan y el vino destinados a la consagración, si no fuesen después más que simples figuras o símbolos del cuerpo y sangre de Jesucristo, ni por qué ofrecerlos a Dios?

Sin embargo esta oblación se encuentra en todas las antiguas liturgias, sea cualquiera el idioma en que se hayan escrito. Tan antigua es como la misma consagración.

Algunos protestantes han preguntado cómo es posible que el sacerdote llame al pan que ofrece a Dios una hostia o víctima sin mancha, y al caliz en que aún no hay más que vino, el cáliz de la salud eterna. La razón es porque el sacerdote no fija tanto su atención en lo que el pan y el vino son en aquel momento, sino mas bien en lo que deben llegar a ser por medio de la consagración. De antemano considera estas sustancias como el cuerpo y sangre de Jesucristo, única víctima sin mancha, inmolada por la salvación del mundo. Sin esto nadie se figuraría que las referidas sustancias de pan y vino pueden ser un sacrifgicio, y que fuera preciso ofrecerlas a Dios por nuestra salvación.

Además el sacerdote añade: Venid, oh Santificador omnipotente, eterno Dios, y bendecid este sacrificio preparado para gloria de vuestro santo nombre”. No obstante, esa invocación no tendría sentido si no se creyese ofrecer a Dios más que simples símbolos del cuerpo y sangre de Jesucristo.

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