De las reliquias de San Nicolás

San Nicolás de Myra nació en Patara, en Lycia, una provincia de Asia Menor (Turquía), y murió en Myra en el año 324. Mas tarde se construyó una basílica sobre su tumba. Cuando el santuario de Myra cayó en las manos de los sarracenos en el año 1034, varias ciudades italianas se disputaron la posesión de sus reliquias, debido a la popularidad del santo y a un fenómeno relacionado con sus restos. Bari ganó el tesoro y recibió la llegada de las reliquias el 9 de mayo de 1087. Como un santuario apropiado para las reliquias se construyó una nueva basílica. Fue consagrada por el Papa Urbano II.

El óleo que exudaba de los huesos del santo fue observado por primera vez mientras las reliquias todavía se encontraban en Myra. Desde ese entonces y hasta la actualidad el fluido ha sido llamado unción, mirra, licor medicinal, bálsamo, aceite o maná.

Científicos del Instituto de Higiene de la Universidad de Bari concluyeron que esta emanación es una combinación de hidrógeno y oxígeno biológicamente pura. Otros estudios científicos han determinado que el maná no es agua de mar, ni de lluvia, ni de infiltración, ni de manantial. Un sacerdote llamado Lequile notó que el maná destilaba de los poros de los huesos poco a poco, hasta que un pequeño grupo de gotas se tocaba entre sí y caía en el contenedor.

El maná siempre ha sido visto saliendo de los huesos y nunca de las paredes de la tumba. Por lo demás, la misma está a 90 centímetros de profundidad, con paredes de mármol de 15 centímetros de grosor, por lo que no tiene influencia la temperatura ni la humedad exterior.

Cuando las reliquias fueron sacadas temporalmente del altar en la cripta durante la restauración de la basílica en 1953, el receptáculo fue cuidadosamente examinado en la presencia de una comisión pontificia, el Arzobispo de Bari y varios miembros de la Orden Dominica. Ninguna fisura o grieta pudo encontrarse a través de la cual pudiera penetrar agua desde afuera. En este examen, además, los huesos fueron encontrados inmersos en un líquido claro de dos centímetros de profundidad.

El flujo del maná de los huesos fue interrumpido en cuatro ocasiones. La primera fue en el año 887, cuando un legítimo sucesor del santo fue echado de su cargo, y se mantuvo así hasta que el obispo fue restaurado a su posición original. La segunda ocasión ocurrió en el año 1086, el año antes de que las reliquias fueran transferidas a Italia. La tercera interrupción ocurrió de 1916 a 1917. Fue tomada como otra protesta, debido a la Primera Guerra Mundial. La cuarta vez fue durante la restauración de la basílica, que duró de 1953 a 1957.

Cuando las reliquias fueron retornadas al altar de la cripta, el flujo de maná apareció por unos pocos meses y luego se detuvo. Volvió el 10 de abril de 1961 y ha continuado desde entonces.

Para aquellos que creen que el maná es resultado de la humedad, saturación o condensación, debemos considerar que el mismo cesó de aparecer en los años previamente mencionados. Durante ese tiempo tales condiciones como humedad, saturación o condensación deberían haber producido el mismo fenómeno, pero no sucedió. En cambio, durante la restauración de la iglesia las reliquias fueron expuestas al público en la sala de los tesoros del santo en la basílica, y en ocasiones se pudo observar la exudación de los huesos. Cuando los restos mortales de San Nicolás fueron reinstalados en su cripta, la tela de lino sobre la que se encontraban los huesos se encontró mojada con el fluido.

Antes de que las reliquias fueran transferidas de Myra, Turquía, los registros indican que un caballero tomó del relicario un diente, que fue colocado en un pequeño relicario de oro. De el diente también se formó el líquido transparente. Además un grupo de personas se robaron algunos fragmentos de hueso y lo colocaron en una bolsa, que pronto se saturó con el maná. Por lo tanto, sabemos que el mismo fue recolectado en dos lugares: Turquía e Italia, tanto en ubicaciones interiores como exteriores de los santuarios.

Actualmente el maná se extrae cada 9 de mayo, en la fiesta de la traslación de las reliquias, y se obtienen aproximadamente 50 ml. del precioso líquido. Los fieles que conocen este suceso valoran mucho el maná de San Nicolás debido, entre otras cosas, a los muchos milagros que él ha efectuado a través del mismo.

(“Reliquias”. Carrol Cruz. págs. 196-7)

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