Credo: quinto artículo

“Descendió a los infiernos, y al tercer día resucitó de entre los muertos”.

En el artículo anterior, el Credo nos explicó la forma de muerte que tuvo Nuestro Señor para redimir a los hombres. En este artículo nos dice que después de morir, su Alma santísima descendió a los infiernos. La palabra Infierno, de varias significaciones, procede del latín infernum o ínferus, que significa inferior, subterráneo. A esta acepción se refiere el término cuando nos dice que Él descendió a ese lugar, que es lo que conocemos como Limbo o Seno de Abraham.

El Limbo de los Padres es el primer Infierno (o lugar inferior), seguido por el Limbo de los niños muertos sin bautismo, después por el Purgatorio y finalmente por el Infierno propiamente dicho, que es el lugar de condenación eterna y el más profundo de los cuatro lugares.

Fue Dios al Seno de Abraham para anunciar a las almas de los Santos Padres, que habían llevado una vida justa en la tierra y que hasta ahora estaban esperando a que Él les abriese las puertas del Cielo con su Pasión, que pronto serían liberados. Esto sucedió así porque Dios había vedado la entrada a la gloria eterna después del pecado original, y sólo perdonó por completo a los hombres por el sacrificio del Salvador, su Divino Hijo.

Además de ir al Limbo, se mostró también en el Infierno de los condenados como vencedor y como juez, y en el Purgatorio como consolador de las benditas almas.

Tres días después de su muerte, Jesucristo resucitó tal como habían vaticinado los profetas que sucedería, y como Él mismo había dicho que haría. Apenas empezó este día, Nuestro Señor volvió a unir Su alma a su cuerpo, y salió del sepulcro vivo, glorioso e inmortal. Por ser Dios mismo, es el único que ha podido resucitar por sí mismo, y para dejar aún más patente este gran milagro, salió del sepulcro sin mover ni romper la pesada piedra con que lo habían cerrado.

Este artículo, por lo tanto, termina de completar en nosotros la verdad de que Él es Dios, nuestro Redentor, y que resucitó para mostrarnos Su triunfo sobre la muerte. Su resurrección es fundamento de nuestra fe, y nos anuncia nuestra propia resurrección tras el Juicio final, cuando volvamos a reunirnos con nuestro cuerpo para vivir eternamente en el Cielo o en el Infierno, según la vida que hemos llevado.

¿De qué formas las herejías y errores han atacado estas verdades del Credo? Diciendo que Jesucristo no es Dios; negando el sentido de Su Pasión y muerte; negando que con Su sacrificio abriera las puertas del Cielo; negando la vida después de la muerte; negando que la religión católica es la continuación del judaísmo que esperaba la llegada del Mesías, promesa que fue cumplida con la llegada de Nuestro Señor; negando Su resurrección y su victoria sobre la muerte; negando la existencia de las Postrimerías (Cielo, Purgatorio, Infierno y Limbo) y por tanto los destinos eternos; negando el pecado original y sus consecuencias; negando la gravedad del pecado, etc.

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