Con la protección de San Rafael Arcángel

Alrededor del año 1278 padeció Córdoba (España) una gran peste en la que pereció tanta gente que no había casa que no contase con muertos. Consumió el fuego del contagio también a muchos sacerdotes, y algunos otros, por ponerse a salvo, huyeron de la ciudad, dejando desiertas las iglesias y sin sacramentos a los enfermos.

El virtuoso obispo Don Pascual, sumamente preocupado ante toda esta situación, cumplía con su ministerio de Pastor, cuidando cuanto podía a sus hijos y buscando celosamente todos los remedios corporales y espirituales que pudiera conseguir para librar a la ciudad del contagio. Reunió a los prelados regulares de los cinco conventos que había entonces en Córdoba, y entre todos atendieron las graves necesidades de los fieles.

Ordenó también el Obispo que se rogase la clemencia divina con continuas rogativas, y él mismo no cesaba de clamar a la Santísima Virgen, pidiendo que su pueblo alcanzase su maternal intercesión.

En aquel momento se encontraba en el Convento de Nuestra Señora de la Merced Fray Simón de Sousa, religioso de gran virtud, que pedía también a Dios el mismo remedio, y que contagiado al cuidar de los enfermos en sus necesidades de cuerpo y alma, enfermó de gravedad con la peste. Pero luego fue curado milagrosamente, al igual que otros caritativos religiosos de su convento.

Poco después se le apareció en todo su esplendor el arcángel San Rafael, y le dijo: “Yo soy Rafael, y acudo en tu ayuda por tus oraciones, tus limosnas, y en especial por tu humildad y caridad, de gran valor ante los ojos de Dios. Dirás al Obispo Don Pascual que está Dios muy satisfecho de su vigilancia y cuidado, y que por sus oraciones y de otras personas, y por la intercesión de su Santa Madre, se ha compadecido de este pueblo: que ponga mi imagen en lo alto de la Torre de la iglesia Catedral, y exhorte a todos sus feligreses a que me sean devotos, y celebren mi fiesta todos los años. Que si así se hace, este contagio cesará por completo”.

Dijo Fray Simón lo que había ocurrido al Obispo, y éste mandó cumplir la petición del Ángel, haciendo colocar la figura del San Rafael en la torre de la Catedral, y ordenando una redoblada devoción a los fieles. Gracias a estas medidas la ciudad pronto se vio libre de la temida peste. Desde entonces Córdoba se encomendó al Santo Arcángel, que volvería a mostrar su protección manifiesta a la ciudad 263 años más tarde, con una nueva intervención milagrosa que relataremos en otra ocasión.

(Noticia histórica de la iglesia Catedral de Córdoba. Juan Gómez Bravo. 1778 / Triunfo angélico del poderoso protector San Rafael. P. Gerónimo de Vilches. 1781)

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