Canto de la Presentación de la Virgen

Con el temor que al alma representa
mi pensamiento, cuando considero
lo que en promesa he puesto por mi cuenta,
siguiendo un libre y atrevido fuero,
no hallo de mi parte sino afrenta,
aunque visto el favor en quien espero,
el mal que engendró desconfianza
se convierte en denuedo y esperanza.

Ante los pies divinos me presento,
de la Virgen al templo presentada,
suplicándole inspire nuevo aliento
en mi musa de sí desconfiada;
para que pueda proseguir su intento
sin verse de la envidia censurada
por escribir con mal cortada pluma
de su Presentación tan breve suma.

El soberano sacro Padre ingénito,
y el Espíritu Santo procedente
de él y del Hijo amado y unigénito
mandaban en la ley antiguamente
que se les ofreciese el primogénito
de animal sin razón, y humana gente
del pueblod e Israel, como primicia
debida a su grandeza de justicia:

Por haberlos con mano excelsa fuerte
de la prisión de Egipto libertado,
dando a sus primogénitos a la muerte
desde el hijo del Rey al del criado
de más humilde condición y suerte;
y a los hijos primeros del ganado
por triste confusión y por castigo
del Rey endurecido su enemigo.

Y así en memoria de esto se ofrecía
en Israel el hijo a Dios primero
del animal o el hombre que nacía,
sin ser exento nadie de este fuero:
Aunque del hombre sólo se podía
el hijo rescatar con el dinero
de cinco siclos, que sería, quitados
siete cuartos de todo, dos ducados.

Los de la tribu de Leví famosa,
por cuyas manos iba el sacrificio
a la Majestad suma poderosa
no se hacía con ellos este oficio
de rescatarlos por ninguna cosa,
porque los qui9so Dios en su servicio;
y que cual luz de los demás y ejemplo,
de ordinario asistiesen en su templo.

Algunos primogénitos tenían
de animales también exceptuados,
que de los sacerdotes no podían
ser por precio ninguno rescatados;
los de vacas y ovejas se incluían
en aquellos que estaban reservados;
y lozanos cabritos, saltadores,
alegre desenfado de pastores.

A treinta días sus hijos rescataban
los que en el templo no querían dejarlos;
aunque de ellos algunos más holgaban
de ofrecerlos a Dios, que de gozarlos,
por hijas primogénitas no daban
rescate alguno, que diferenciarlos
a su voluntad quiso de este modo,
el que lo rige y lo sustenta todo.

De un palomino o tórtola se hacía
la ofrenda por las ricas y un cordero,
que al tiempo que en el templo se ofrecía
hubiese ya cumplido un año entero;
la pobre palominos dos traía,
o tórtolas, faltando lo primero;
y en ellas eran estas oblaciones
como circuncisión en los varones.

Esto fue por la Virgen ofrecido
dando a la ley en todo cumplimiento;
y cuando el tercer año fue cumplido
de su tan deseado nacimiento,
sus padres, por cumplir lo prometido,
viendo en ella tan raro entendimiento,
tal proceder, tal mente y tal cordura,
que parecía tener edad madura.

Con resolución última acordaron
de quitar del empeño en que pusieron
su palabra los dos, cuando trataron
de demandar a Dios lo que els dieron;
y aunque diversas cosas se trataron,
y el dolor de esta ausencia pretendieron
impedir la preseteza del efecto,
no pudieron hacerlo en tal sujeto.

Porque santa Ana de Ana se acordaba
madre de Samuel, que despreciada
cual ella por estéril demandaba
de suspiros y llanto acompañada
un hijo a Dios, el cual si se le daba,
con que fuese de infamia libertada,
promete a su servicio dedicarle,
al poder del pecho retirarle.

A la real matrona yo contemplo
revolviendo entre sí la despedida
de hija tan amada, y este ejemplo
incitándole el alma enternecida,
como se resolvió de dar al templo,
sin que el amor materno se lo impida,
aquella Virgen más que el sol hermosa,
que había de ser de Dios madre y esposa.

A la cual abrazqando estrechamente,
y juntando su rostro venerable
con el de aquella estrella refulgente
por tantas perfecciones admirable;
cuando lo que en tal caso el alma siente,
dio lugar a la lengua que le hable,
le dice: regalada hija mía,
de mi vejez consuelo y alegría.

Ya fuerza el voto que tenemos hecho
yo y vuestro padre, luz del alma nuestra,
a que sacando el corazón del pecho
que en compañía habéis de llevar vuestra,
para que sea servido y satisfecho
el que de su poder tan alta muestra
dio con hacernos tanto beneficio,
os frezcamos luego a su servicio.

Nuestro contento es bien que pospongamos
por acudir a lo que a Dios debemos;
de vuestra voluntad ciertos estamos
que quiere lo que entrambos pretendemos;
y así mañana es bien que os ofrezcamos
al que por nuestros votos os debemos.
Aquel dijo, y mucho más dijera,
si el tierno llanto no se lo impidiera.

Viendo la Virgen pura el desconsuelo
de la más que al alma la quería,
de sobre su cabeza quitó un velo
que las madejas de oro le cubría;
y enjugando sus lágrimas, un cielo
descubrió de dulzura y alegría,
que si fuera posible, todo el llanto
desterrara del reino del espanto.

Y cuando a resopnder comenzar quiso
a lo que en suma se le había propuesto,
la puerta abrió de un nuevo paraíso
dando principio a su hablar modesto;
y con tal gracia y tan prudente aviso
descubrió de su alma el presupuesto
en todo al de sus padres conformado,
que dejó al mismo cielo enamorado.

No lloréis, dijo, dulce madre amada,
suspenda el maternal amor su oficio;
pues no hay cosa de mí tan deseada
como verme ofrecida en sacrificio,
para que vuestra deuda sea pagada,
y yo pueda hacer algún servicio
al que mi alma busca, sigue y ama,
ardiendo de su amor en dulce llama.

Ninguna cosa el bien que se me ofrece
con ofrecerme a Dios mañana impida;
que ya un siglo el momento me parece
que estoy sin cumplir esto detenida;
tristeza vuestra no se compadece,
pues a tan gran Señor soy ofrecida,
que es bien que a padre y madre se prefiera
por el bien que sirviéndole se espera.

Esta fue la respuesta, y anudando
los tiernos brazos al materno cuello,
la estuvo de su ausencia consolando
con caricias bastantes para ello;
lo cual Ana después comunicando
con el santo Joaquín, resultó de ello
que luego los parientes previnieron,
y todo lo importante apercibieron.

Y así al aparecer el día dichoso
que a estas prevenciones fue siguiente,
dejó a la aurora el lado de su esposo
antes de tiempo, por ceñir su frente
con varias bellas flores, y el lustroso
cabello aderezar, y el refulgente
carro uncir a los caballos
porque no se tardase en esperarlos.

El cual sintiendo ya como se abría
la puerta del Oriente, y que tascando
los fogosos caballos con porfía
estaban la salida deseando;
dejando el fresco albergue que tenía
sube al carro dorado, emparejando
las rutilantes riendas en la mano,
gobernadas tan mal del hijo insano.

Y así salió de nueva luz vestido
como nunca jamás se había mostrado,
dando principio al día enriquecido
del mundo con razón tan deseado:
viéndole, la tiniebla se ha escondido,
raso dejando el cielo y despejado,
y ocupó su lugar la alegría
que en todo se esparcía.

Bien se podrá creer que no faltaba
en la morada dónde la nueva estrella
tan deseosa de salir estaba
como Jerusalén toda de bella;
cuya nobleza iluestre se juntaba
por ilustrarse, acompañando aqulla
que con tanta grandeza y excelencia
ilustró su famosa descendencia.

Y cuando todos juntos estuvieron
los deudos principales más cercanos,
después que las saludes repitieron
entre sí cortesmente los ancianos;
a poco espacio que aguardaban, vieron
salir los dos extremos soberanos,
en madre e hija de autoridad grave,
y de beldad que en relación no cabe.

Salió la generosa gran matrona
conforme al ser de su valor vestida,
representando su real persona
la dignidad para la que fue escogida;
este enmuidece, aquel la voz entona
la santidad loando de su vida,
su gobierno, prudencia y entereza,
su paciencia, constancia y su largueza.

Salía asida de su diestra mano
la Virgen que de Dios fue más amada,
nuevo sol en la tierra soberano,
y joya solo para Dios labrada,
aquel cubierto con vestido humano,
y cándida cordera, reservada
para que siendo Virgen fuese madre
del cordero que tuvo a Dios por padre.

Las sienes hermosísimas doradas
a las del rojo Apolo preferidas,
con varias flores bellas, concertadas
en vistosa guirnalda trae ceñidas:
balncos jazmines, rosas encarnadas,
claveles y violetas, que tejidas
con el mosquete blanco y oloroso,
adornaban el círculo vistoso.

Dejaba muy atras en la blancura
a la nieve que nunca fue tocada
la blanca delicada vestidura
con que salió la Virgen adornada:
y llevaba sobre ella una cintura
con extraño primor aderezada
de palma, que nlazaba por arriba
cogollos tiernos de una verde oliva.

No las piedras preciosas del Oriente,
ni las perlas que el mar profundo cría,
ni el cristal fino, limpio y transparente,
ni el oro que la India nos envía,
lucir pudieran tan lustrosamente
como en el sacro cuerpo de María
las plantas y las flores olorosas,
hechas con su belleza más hermosas.

Va delante Joaquín como cabeza
de los que le acompañan, sosteniendo
sobre un báculo fuerte la graveza
de la edad que va el cuerpo consumiendo,
y luego lo mejor de la nobleza
de la santa ciudad le va siguiendo
con lento paso libre de molestia,
de silencio adornado y de modestia.

Quedó Jerusalén casi desierta
de los más ciudadanos, que vivían
alejados del templo, a cuya puerta
y plaza muchos de ellos acudían,
por ver la rica soberana oferta
que de la Virgen bella a Dios hacían;
y otros el paso cierran espacioso
por donde había de pasar forzoso.

Suspensos y elevados contemplando
quedaban las divinas perfecciones
de la admirable Virgen, que pasando
llevaba tras de sí los corazones;
y el aire claro en torno resonando
quedaba con diversas bendiciones,
de novedad y admiración nacidas,
a sus padres y al cielo dirigidas.

Tazadas les parecen las mayores
alabanzas que oyeron los mortales,
en mirando los vivos resplandores
de los divinos ojos virginales;
y otros que mil rarísimos favores
contemplaban en ella celestiales,
aunque estrechados del común concurso
se alargaban a más con el discurso.

Porque de aquel Angélico semblante
coligen discurriendo, que no fuera
naturaleza sola tan bastante,
que en tal edad extremo tal pusiera
de belleza y cordura tan constante,
si con nuevo poder no concurriera
en esta obra el gran Autor del cielo,
queriendo enriquecer con ella el suelo.

Otros roto el silencio cosa es esta
dicen, de Dios y de su templo digna;
por él para sí mismo fue dispuesta
esta beldad al mundo peregrina,
a cuanto fue imperfecto salió opuesta,
y una apariencia tiene de divina,
que en viéndola en el alma se concibe,
que nació para Dios y que en Él vive.

Mas cuando al sacro templo suntuoso
llegaron con la Virgen sacrosanta,
vieron en el gran círculo espacioso
de aquella plaza muchedumbre tanta
de gente, que a mirar el don precioso
de la joya sin precio se adelanta,
que no pudiera el mismo pensamiento
hallar allí desocupado asiento.

De la triunfante Roma yo no creo,
cuando estuvo su triunfo en mayor grado,
que jamás fue teatro o coliseo
de gente popular tan ocupado:
porque de aquella no llegó el deseo
de ser al gladiador ensangrentado,
la fiera, el recitante, al que tenía
esta de ver el rostro de María.

Y así por ver el fin de su esperanza,
se ponen a llegar al de la vida,
por haber hecho larga confianza
de fuerza flaca allí tan combatida:
nadie de su lugar hacía mudanza,
porque estaba de suerte detenida
una con otra la diversa gnete,
que parecían un cuerpo solamente.

Sólo cabían las exclamaciones
entre ellos, y los ruegos no escuchados;
y aveces con algunos empellones
a dura y viva fuerza comenzados;
hacían olas los cuerpos en montones,
como la mar con vientos encontrados,
o como rubias mieses, que en verano
las vuelve el aire a una y otra mano.

Muy bien podrá creerse, que aunque el suelo
tan rara muchedumbre sostenía,
sería mayor de Ángeles del cielo
la que a la Virgen hizo compañía,
reverenciando el sacro mortal velo
que de ella el Verbo Dios tomar tenía,
recibiendo con sola esta memoria
los Ángeles gloriosos nueva gloria.

Porque si los alegra un convertido
pecador penitente de manera
que fue digno de ser encarecido
por la boca del que es verdad primera;
¿Qué soberano gozo nunca oído
era razón que cada cual tuviera,
viendo ofrecer a Dios la que fue medio
en dar al mundo general remedio?

Y de la admiración arrebatados,
de ver si esta obra disponiendo
en que los pobres míseros culpados,
que cautivos estaban padeciendo,
habían de ser por Cristo libertados,
de aquella Virgen sin igual naciendo,
que al celebrado templo venir iban,
quien duda que mirándolo dirían.

Lo que allá en sus cantares amorosos
dijo a la Esposa el Verbo enamorado:
¿Qué pasos son los tuyos tan hermosos
del gran príncipe hija en tu calzado?
Por el cual entre todos los famosos
intérpretes el cuerop es denotado,
que para ejecutar cualquier intento
al alma sirve siempre de instrumento.

Y así del cuerop Virginal hermoso
allí estarían los Ángeles loando
los pasos, con que al templo tan famoso
para ofrecerse a Dios iba llegando
por medio del concurso deseoso
de verla, y verse libre, caminando
hasta el principio de las quince gradas
a la entrada del templo fabricadas.

Al cual por haber sido edificado
sobre un monte, por ellas se subía
hasta el célebre altar de Dios trazado,
que de los holocaustos se decía,
donde era el animal sacrificado
que el sacerdote sumo le ofrecía:
y de él ninguna parte se guardaba
porque de todo punto se abrasaba.

Algunos holocausto le llamaron
porque quiere decir todo encendido;
y otros, que a la verdad más se aplicaron
del hebreo deduciendo su apellido,
cosa que sube en alto le nombraron;
porque del animal allí ofrecido
sin quedar nada, al Rey del cielo sumo
todo subía convertido en humo.

Los sagrados oficios ya se habían
comenzado a cantar solemnemente,
y las blancas antorchas relucían
sobre el gran candelero refulgente,
cuando los sacerdotes, que decían
recibir el rarísimo presente
hecho a Diso de la Virgen deseada,
por ella salen a la primera grada.

Y ella haciendo humilde reverencia
desde el lugar donde estaba a todos ellos;
con admirable celestial prudencia
volvió a ceñir entre sus brazos bellos,
sin alterar del rostro la presencia,
de padre y madre los ancianos cuellos,
dejando de piedad a los presentes
hechos los ojos inflamadas fuentes.

Y habiendo acomodádole el vestido
porque subiese mas a la ligera,
y dos vírgenes bellas prevenido
que cada cual de arrimo le sirviera;
porque a niñez tan tierna concedido
a todos les parece que no fuera
poder llegar a la segunda grada,
sin ser de los lados ayudada.

Mas la Virgen arrimos no queriendo
del tasado poder mísero humano,
las gradas una a una fue subiendo
con el favor de la divina mano:
que iba con ella en esto descubriendo
el celestial acuerdo soberano
con que formada fue, y allí traída
para ser Madre de la misma vida.

Como en armada de galeras vemos
que aquella que mejor es ayudada
con la pujante fuerza de los remos
volando llega donde va guiada;
así la Virgen pura, a quien sabemos
que la divina gracia no tasada
en un efecto tal favorecía,
con presteza llegó donde subía.

Y no reparó en esto la grandeza
con que a Dios ofreció tales despojos,
sino de que su edad en la terneza,
que la suelen rendir varios antojos,
subió con severísima entereza
sin revolver atrás los bellos ojos,
causando en todos tan extraña prueba
un nuevo gozo y admiración nueva.

La cual muestra admirable de alegría
se había mucho antes figurado
en la que el santo Rey David tenía,
y el pueblo de quien iba acompañado,
cuando a Jerusalén el arca volvía,
y cuando a Dios fue el templo dedicado
por Salomón, que todo fue un ejemplo
de esta arca santa y soberano templo.

También fue esta subida figurada
en mandar a Jacob Dios que subiese
a Bethel, y que allí de su morada
el ancho tabernáculo pusiese;
que esta dicción Bethel interpretada
dice casa de Dios, y él interse
que se granjea con servir en ella,
buscaba de Jacob la nueva estrella.

De la cual fue tan grande la subida
para el sumo señor del cielo santo,
que nunca allí persona fue ofrecida,
ni le ofreció, que le agradase tanto;
grata de Salomón fue la venida
con la ofrenda que al mundo causó espanto;
grata la de Ana y la de Judith hizo,
mas tanto a Dios ninguna satisfizo.

Porque la Virgen no le dio hacienda,
sino la libertad, el alma y vida;
que para sí no hay cosa que pretenda
la que al divino amor está rendida,
y con solemnidad a tal ofrenda
por diferentes causas muy debida,
de la Virgen a Dios luego fue hecha,
dejándola con esto satisfecha.

Y que al punto fue grata y aceptada
del gran Retor de la alta Jerarquía,
puédese colegir del a observada
promesa, que con ella se cumplía,
por sus ancianos padres, que entregada
a Dios de su vejez la alegría,
quedaban más contentos de ofrecerla,
que pudieran estarlo en gozar de ella.

Y la gran voluntad con que dejaba
la Virgen por venir a su servicio
esto con lo demás todo, mostraba
que el don al sumo Padre fue propicio,
tanto que el de su Hijo que esperaba
le fue sólo mas grato sacrificio
que el de esta ofrenta en perfecta en todo,
por ser la joya tal y tal el modo.

Que el Rey universal omnipotente,
por quien todos los bienes poseemos,
de todo el corazón alegremente
la posesión nos manda que le demos;
y así debió agradarle sumamente
ver en la Virgen estos dos extremos,
que de sus padres mismos olvidada,
le viniese a servir regocijada.

Mostrando al mundo con tan rara muestra
esta niña divina sacrosanta,
que desde tan pequeña fue maestra
de las virtudes con grandeza tanta,
como se ha de ofrecer el alma nuestra,
del jardín celestial divina planta,
y el corazón, al Hacedor del cielo
con liberalidad sin desconsuelo.

Liberalmente a Dios se da y entrega
el libre corazón que poseemos,
cuando la perfección a tanto llega
que no se lo prestamos, ni vendcemos;
porque se presta, cuando no se niega
del todo la esperanza que tenemos
del premio temporal, que si se nombra
y se estima por bien, es vana sombra.

Y con ser esto así, los que han prestado
a Dios el corazón por esta paga,
no acudiendo bien lo deseado,
o la prosperidad que satisfaga,
le vuelven a quitar lo que le han dado;
que el falso amigo como no se haga
lo que por su provecho sólo intenta,
no hace de amistad ni de fe cuenta.

Venden el corazón a Dios aquellos,
que le aman por bienes recibidos,
y que no hay pensamiento de Él en ellos
sino cuando son estos repetidos:
por lo cual un Profeta dijo de ellos,
que tienen corazones divididos,
y que a Dios entregados de esta suerte,
tendrán por premio sempiterna muerte.

No se entrega con gusto y alegría
a Dios el corazón que está diviso;
pues es fuerza dejar su compañía
por acudir a lo que quiere o quiso.
Y el de todo de sí no lo desvía,
y a Dios se ofrece con tan poco aviso,
perderá su caudal en el empleo,
y tendrá mal suceso su deseo.

Que como el ave noble de ralea
de la mano del dueño remontada,
cuando de aquella contra quien pelea
alcanza la victoria deseada,
por cebo el corazón sólo desea:
así el halcón divino ya entregada
la presa al Padre de la humana gente,
quiere los corazones solamente.

Con límite de tiempo no los quiere,
ni que tenga recurso a lo pasado;
sino que atrás no mire quien hubiere
puesto una vez la mano en el arado;
como aquí de la Virgen se refiere,
que todo lo demás por Dios dejado,
le fue por sus ministros ofrecida
para gastar sirviéndole la vida.

Del templo de una parte, donde estaban
de las doncellas nobles recogidas
algunas, que en primicias a Dios daban
la primavera alegre de sus vidas,
en santos ejercicios ocupaban
horas algunas; y otras repartidas
gastaban en hacer diversas cosas
para el divino culto provechosas.

Allí vivían del siglo retiradas
al gran Dios de Israel todas sirviendo,
y personas a esto disputadas
siemper en la ley las iban instruyendo;
y a ser con nudo conyugal atadas
llegada la ocasión iban saliendo
del lugar, donde la Virgen se atendía
de tan bella y amable compañía.

Aguardaban a aquella, que en nobleza
de más calificada descendencia
tuvo en nuestra mortal naturaleza
el primer lugar con excelencia;
porque la dignidad y la grandeza
de calidad habida por herencia,
toda la tuvo, como descendiente
de tan ilustre y valerosa gente.

Participó la sangre esclarecida
de Patriarcas, Reyes y Profetas,
y así deja su origen reducida
a su principio, atrás las más perfectas;
y ocasión de gastar toda la vida
en celebrarla a todos los poetas
que en solo encarecer beldad terrena
gastan el oro de su fertil vena.

Que de Abraham y de David trajese
la Virgen descendencia tan honrosa;
y que con esto juntamente fuese
de aquella tribu de Judá famosa;
y que en la de Levi, también tuviese
parentesco y lugar, con una cosa
que aquí puede traerse a consecuencia,
se bastará probar con evidencia.

Porque si el humanado verbo había
de nacer sacerdote, y rey ungido,
como por la Escritura se tenía
de diversos profetas entendido;
tener esta nobleza no podía
a no haberla primero poseído
la Virgen; que forzoso fue tenerla,
para que Cristo la tomase de ella.

Que como la previno de su mano,
para vestirse en ella nuestro traje
el poderoso Verbo soberano
que se humilló a hablar nuestro lenguaje;
lo más que tener pudo el ser humano
de resplandor ilustre de linaje,
en posesión lo puso de su madre,
porque en cuanto hombre nunca tuvo padre.

De lo cual consta, y es averiguado
haber sido la Virgen descendiente
de Abraham y David, a quien fue dado
en promesa el remedio de la gente;
y que de los Levitas le ha tocado
el parentesco muy cercanamente,
San Lucas a esta duda satisfizo
cuando de Isabel prima la hizo.

Que fue hija de Aaron, y después de esto
mujer del sacerdote Zacarías:
con lo cual queda llano lo propuesto,
y libre de contiendas y porfías;
queda a las dudas entredicho puesto,
y la dichosa madre del Mesías,
cual siempre, con nobleza solariega,
y tal que no es de Cristo quien la niega.

Y aunque su descendencia señalada
fue más que la de todos los mortales;
por haber sido tan calificada
con tantas preeminencias principales;
la nobleza en la Virgen celebrada
fue la que con los dones celestiales
y virtudes heroicas, ilustraba
lo que la humana calidad le daba.

Nobleza con virtud se califica,
luce, sale y campea, como el oro
en que preciosa piedra, bella y rica
se pone por adorno y por decoro;
que la antigüedad toda testifica
que falta del alma tal tesoro,
hará muy poco en el reparo de eso
la riqueza de Midas y de Creso.

Y no importará mucho el haber sido
de monarcas ilustres derivado,
ni tener solariego el apellido,
de la gente vulgar tan admirado,
porque no es propio nuestro el bien que ha sido
de los predecesores granjeado;
que la alabanza ilustre no conviene
al varón noble que virtud no tiene.

Y por esto a la Virgen sacrosanta
para ser de Dios madre verdadera,
la ilustre descendencia tal y tanta
sin duda poco al caso le hiciera,
si la virtud que a todo se adelanta
en grado tan sublime no tuviera,
como se fue mostrando cada día
de los que estuvo donde entrar quería.

Para lo cual partiendo acompañada
del Pontífice sumo, y los que estaban
asistiendo a servirle, fue llevada
donde con tanto gozo la esperaban:
y siendo su presencia retirada
de los padres que más que así la amaban,
todos los circunstantes condolidos
llorando acompañaban sus gemidos.

No dados, por habersela a Dios dado,
que nunca en ellos cupo tal defecto,
sino porque la ausencia del amado
sentirse del amor es propio efecto;
y así los viejos santos, apartado
viendo de su presencia tal objeto,
sentían doloroso desconsuelo
bien disculpado con la tierra y el cielo.

No tuvo toda la estrechada gente
hombre que contener el llanto pueda,
porque así como el sol, cuando en ponient4e
su luz esconde, triste el mundo queda,
porque el mirar su rostro refulgente
a los humanos ojos se les veda,
así todos allí se entristecieron,
cuando aquel nuevo sol esconder vieron.

Mas eramuy tasada su tristeza
al gozo comparada, que tenía
de ver su celestial rara belleza
el coro virginal que la atendía,
fue cual del sol la fúlgida cabeza
que si de este hemisferio la alegría
quita, cuando se esconde, al otro pasa
y con su clara luz la da sin tasa.

Allí quedó la ilustre Virgen bella
hecha de Dios un nuevo paraíso,
que como quiso para sí hacerla,
darle dones divinos también quiso:
su perfección de vida fue la estrella
del norte, que miraba con aviso
al puerto celestial encaminaba
a quien con su luz clara se guiaba.

Y si para el oficio que el Bautista
hizo de precursor del Verbo santo,
ordenó en su niñez que al yermo asista,
sin que le cause la aspereza espanto:
y aque la dura piel cerdosa vista
de un camello robusto, y entretanto
que entre fieras y riscos habitase,
con langostas y miel se sustentase:

Así trata de Dios alta y divina
fue hacer, que la Virgen estuviese
desde niña en el templo, donde digna
Madre del Verbo eterno se hiciese;
no porque esta grandeza peregrina
debajo de algún mérito cayese,
sino para que fuese congruencia
dar a tanta virtud tal excelencia.

Y por esto convino, que instruida
en su niñez con singular cuidado
fuese la sagra Virgen, escogida
para el más alto don que Dios ha dado:
fue sin par la excelencia de su vida,
porque el tesoro, que comunicado
le fue de santidad y de inocencia,
guardó con cuidadosa diligencia.

Los favores de Dios eran sin tasa,
que la celestial niña recibía,
porque el cimiento de su propia casa
el Verbo eterno en ella disponía:
cosa no se le dio con mano escasa
de todo lo que al caso le hacía;
porque tomó Dios mismo por oficio,
el hacer singular este edificio.

Y como fue tan firme el fundamento,
y en humildad zanjado tan profunda,
aunque excedió en altura al firmamento
su rara perfección fue sin segunda;
que no se teme vicio en el aumento
de lo que en tal virtud el alma funda;
y bien basta por prueba y por ejemplo
esta Virgen, de Dios sagrado templo:

Que en edad, cuanto más iba creciendo,
desde que entró al lugar adonde estuvo,
se fue en sus obras santas descubriendo
un resplandor de Dios, que sola tuvo;
y solo con estarle allí sirviendo
su alma de manera se entretuvo,
que aunque cubierta del corporeo velo,
gozaba desde acá del bien del cielo.

Porque sus pensamientos no admitían
sino las cosas que en el cielo estaban;
del cual santos espíritus venían
con regalos que el alma sustentaban;
y refieren algunos que traían
otros también, que el cuerpo alimentaban,
y no sin causa, pues su carne bella
era para vestirse el Verbo de ella.

Alegre de ordinario le asistía
de las virtudes el sagrado coro,
sirviéndole tan santa compañía
de un ejemplar bellísimo decoro:
aumentando con ellas cada día
de los dones divinos el tesoro,
hasta que tuvo de ellos caudal tanto
que sólo sabrá Dios decir cuánto.

Una parte del tiempo se ocupaba
en contemplar misterios soberanos,
y otra después también ejarcitaba
en su labor las virginales manos;
solo un instante ociosa nunca estaba,
ni distraída en pensamientos vanos;
porque de la oración desocupada
se da luego a la lección sagrada.

Ninguna cosa en todo lo criado,
sin ordenarla Dios, estimar quiso,
ocupando en Él solo su cuidado,
que no es perfecto amor el que es diviso:
el sólo encerramiento retirado
le fue con su memoria paraíso;
que soledad el gusto no destempla,
cuando en amado ausente se contempla.

Cuanto tuvo de raro y peregrino
en perfección la vida virtuosa,
que llegar pudo con favor divino
a parecer al mundo milagrosa,
todo como en espejo cristalino,
que al vivo representa cualquier cosa,
en la Virgen se vio, que fue en el suelo
retrato vivo del vivir del cielo.

El poder sumo de la sacra diestra
fue con tanto caudal favorecida,
que dio en tierna niñez la rara muestra
de mis indignos versos referida:
fue de todas las vírgenes maestra,
que en los floridos años de su vida,
despreciando el regalo de la tierra,
quisiesen al infierno hacer la guerra.

La propia voluntad correspondiente
al voto de sus padres, y la entrega
que hizo de sí misma libremente,
abre los ojos a la gente ciega,
para que peuda ver cuán imprudente
es el que a Dios se ofrece, sino niega
el bien de más estima que ha tenido,
por darle el corazón no dividido.

Mostró con evidencia, cuán suave
es el yugo de Diso, y cuán ligera
la carga de su ley; pues a ser grave,
tan tierna edad llevarla no pudiera;
y enseñó al mundo, que tan poco sabe,
que la llave maestra verdadera
con que el cielo se abre, amor la hace
cuando del sumo bien se satisface.

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    Para defender la sana doctrina y combatir a quienes la contradicen | Salve, Roma! In te aeterna stat historia, Inclyta, fulgent gloria Monumenta tot et arae. Non praevalebunt horrendae portae infernae, Sed vis amoris veritatisque aeternae.

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