Boanerges Responde: Confiar en la Tradición

Pregunta: ¿Me pueden explicar por favor qué es la Tradición y por qué debemos confiar en ella?

Respuesta:

La Tradición Cristiana se compone de todas las verdades reveladas por Dios que no están incluidas en la Sagrada Escritura (Biblia) y declaradas por el Magisterio de la Iglesia como tales. La Tradición Apostólica se realiza de dos modos: con la transmisión viva, por las generaciones de fieles, de la Palabra de Dios (también llamada simplemente Tradición); y con la Sagrada Escritura, que es el mismo anuncio de la salvación puesto por escrito. Ambas conjuntamente se denominan el depósito de la fe.

Aún herida en persecuciones, cismas, herejías o apostasías generalizadas, la Iglesia sigue existiendo en tanto haya una congregación de fieles que mantengan la enseñanza inalterada de la Revelación y la Tradición, y su consiguiente práctica. Y por este motivo es que no es posible destruirla, aún eliminando temporalmente a una gran porción de sus creyentes y pastores. Esto ocurrió en tiempos de las persecuciones y las catacumbas, sin que la Iglesia se extinguiera por ello. También cuando la mayoría de los creyentes estaban infectados por la herejía arriana, esos “relativamente pocos que se mantuvieron fieles y fueron desacreditados y relegados al exilio” mantuvieron en sí la Verdad ininterrumpida, y por tanto la unidad. Al respecto bien dijo San Atanasio: “Los católicos que se mantienen fieles a la Tradición, aún si son reducidos a un puñado, ellos son la verdadera Iglesia de Jesucristo”.

San Vicente de Lerins explica claramente qué hacer cuando la defección abunda: “¿Cuál deberá ser la conducta de un cristiano católico, si alguna pequeña parte de la Iglesia se separa de la comunión en la fe universal? No cabe duda de que deberán anteponer la salud del cuerpo entero a un miembro podrido y contagioso. Pero, ¿y si se trata de una novedad herética que no está limitada a un pequeño grupo, sino que amenaza con contagiar a la Iglesia entera? En tal caso, el cristiano deberá hacer todo lo posible para adherirse a la antigüedad, la cual no puede evidentemente ser alterada por ninguna nueva mentira”.

Y agrega: “Todo cristiano que quiera desenmascarar las intrigas de los herejes que brotan a nuestro alrededor, evitar sus trampas y mantenerse íntegros e incólumes en una fe incontaminada, debe, con la ayuda de Dios, pertrechar su fe de dos maneras: con la autoridad de la ley Divina ante todo, y con la tradición de la Iglesia Católica” (Commonitorium, Apuntes para conocer la Fe verdadera).

San Gregorio Magno I dice algo similar: “Si el párroco defecciona, hay que ir al Obispo. Si este también cae hay que ir al Papa. Y si éste aún defecciona, hay que ir a los santos que nunca se equivocan”.

La infalibilidad opera, entre otras formas, cuando muchos Papas – sin contradicción con la tradición, es decir, con las verdades siempre creídas y sostenidas – enseñan la misma doctrina sobre un punto determinado en los documentos de su magisterio ordinario. Cada documento de esta categoría no es infalible per se, pero cuando una larga serie de documentos enseñan lo mismo, esa doctrina se convierte en infalible, ya que no es posible que la Divina Providencia permita que la Iglesia mantenga un error por siglos.

Durante toda la historia de la Cristiandad los Papas constante y continuamente enseñaron la misma doctrina. A través de los siglos muchos documentos pontificios se confirmaban uno a otro y repetían los mismos puntos de doctrina. Por esta razón, los fieles tenían una completa tranquilidad mental sobre lo que es correcto y lo que es errado y qué debería ser aceptado o rechazado.

Para saber si hay un error, entonces, sólo se hace necesario verificar con la enseñanza previa de la Iglesia. Si la enseñanza constante de los anteriores Papas, los Tratados de Moral y el sentire cum Ecclesia (pensar con la Iglesia, a través de sus santos por ejemplo) enseña de otra manera, entonces estamos enfrentando una herejía. De esta forma, el católico puede saberse a salvo del error aún en los tiempos de mayor confusión.

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