12 días de Navidad

Los pueblos cristianos, inflamados con el amor de Dios, expresan por tantas formas como son posibles al ser humano, sus sentimientos más sagrados. Es natural, entonces, que en torno al nacimiento del Divino Redentor surjan canciones, comidas, trajes, arreglos y tradiciones hermosas. Esta antigua canción inglesa, nacida entre las persecuciones anglicanas, esconde tesoros de piedad.

Twelve Days of Christmas (Doce días de Navidad) es un tema muy popular en los países anglosajones. Curiosamente forma parte del patrimonio cultural de estas naciones pese a su origen heroico. Los herejes, persiguiendo a la verdadera fe, aplastaban cualquier forma de catolicismo. Los espíritus católicos se expresaron prudentemente bajo la simbología como en el pasado lo hicieran bajo la tiranía de los Emperadores romanos o, posteriormente, bajo el comunismo o la revolución francesa. Transmitían así su santa fe a quienes podían interpretar sus bellezas.


Los 12 días de Navidad

Si bien en estos tiempos se suele cantar aún en Adviento, tradicionalmente no se cantaba sino para Navidad. Son los 12 días que median entre la Natividad y la Epifanía, la visita de los Reyes Magos que viajaron del oriente para adorar al Rey de Reyes.

Veamos su letra.

El primer día de Navidad, mi amor me mandó
una perdiz picando peras del peral.

El segundo día de Navidad, mi amor me mandó
dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El tercer día de Navidad, mi amor me mandó
tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El cuarto día de Navidad, mi amor me mandó
cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El quinto día de Navidad, mi amor me mandó
cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El sexto día de Navidad, mi amor me mandó
seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El séptimo día de Navidad, mi amor me mandó
siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El octavo día de Navidad, mi amor me mandó
ocho lecheritas, siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El noveno día de Navidad, mi amor me mandó
nueve bailarinas, ocho lecheritas, siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El décimo día de Navidad, mi amor me mandó
diez señores saltando, nueve bailarinas, ocho lecheritas, siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El undécimo día de Navidad, mi amor me mandó
once gaiteritos, diez señores saltando, nueve bailarinas, ocho lecheritas, siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.

El duodécimo día de Navidad, mi amor me mandó
doce tamborileros, once gaiteritos, diez señores saltando, nueve bailarinas, ocho lecheritas, siete cisnitos, seis mamá gansas, cinco anillos dorados, cuatro pajaritos, tres gallinitas, dos tortolitas y una perdiz picando peras del peral.


Los tesoros del canto

Despleguemos sus significados verso tras verso.

En el primer día el Amado representa a Dios Padre. La perdiz en el peral representa a nuestro Divino Salvador. La perdiz en los bestiarios medievales representa el coraje y el ánimo valeroso de defender hasta la muerte a sus hijos. El peral representa la Santa Cruz.

Las dos tórtolas del segundo día representan el Antiguo y el Nuevo testamento. Antes del Mesías se ofrecían tórtolas y palomas a Dios. Aquí representan el sacrificio de la Santísima Virgen y del Glorioso Patriarca San José ofrecidos por Nuestro Señor Jesucristo.

Las tres gallinas del tercer día representan las tres virtudes teologales: fe, esperanza y caridad. Por ese siglo las gallinas eran muy caras y los ricos podían disponer de ellas libremente. Representan además los dones valiosos ofrecidos por los Santos Reyes. El oro, rey de los metales, el incienso, especie sagrada para usos religiosos y la mirra, especie valiosa y mística.

Los cuatro pájaros del cuarto día representan los Santos Evangelios. En ellos se encierra toda la sabiduría del Divino Salvador y todo el esplendor de la Buena Nueva. Los pájaros proclaman con belleza las glorias de Dios y representan el Nacimiento, Vida, Pasión y Resurrección de Nuestro Señor.

Los cinco anillos dorados del quinto día representan el Pentateuco, los cinco primeros libros de las Sagradas Escrituras: Génesis, Éxodo, levítico, Números y Deuteronomio. Se recuerda a los católicos su raíz más profunda en los tiempos. Para los judíos son más valiosos que el oro. También representan los misterios del Santo Rosario, representando las cinco decenas de la más alta devoción a la Santísima Virgen.

Los seis gansos del sexto día representan los 6 días de la Creación. Los gansos con sus huevos rememoran cómo el Verbo dio vida a la Tierra.

Los siete cisnes del séptimo día representan tanto los siete sacramentos como los siete dones del Espíritu Santo. Son los dones y los sacramentos los que nos hacen crecer en gracia y virtud, pasando de los feos polluelos del cisne a las majestuosas aves de la madurez.

Las ocho lecheras del octavo día representan las ocho bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. Como la leche, alimentan y nutren el alma y vida del católico.

Las nueve danzarinas del noveno día son los nueve frutos del Espíritu Santo: caridad, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. También representan en su danza la alegría de los católicos transformadas por los frutos del Espíritu Santo.

Los diez señores saltando del décimo día representan los 10 mandamientos de la Ley de Dios. Los señores son hombres con autoridad para gobernar y disciplinar al pueblo.

Los once flautistas del decimoprimer día representan a los 11 Apóstoles fieles al Señor tras la horrible traición de Judas. Como los niños que siguen alegres a un flautista, los discípulos acompañaron al Señor siguiéndole hasta las últimas consecuencias. Y ellos llamaron a otros que a su vez llamaron a otros a seguirle. Son los flautistas quienes representan los cantos de gloria del Cielo y el mensaje de salvación y la gloria de la resurrección del Señor.

Los doce tamborileros del decimosegundo día representan los doce artículos del Credo. Del mismo modo, el Credo revela a los hombres las verdades a las que están llamados a seguir, resonando en la tierra por la sublime grandeza de sus verdades.

La piadosa meditación de estos tesoros escondidos en un canto popular es, en estos tiempos de oscuridad y nuevas persecuciones, un consuelo y una comunión mística con quienes en sus tiempos enfrentaron el odio contra la fe y la apostasía.

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